¿Primavera griega?
lunes 09 de abril de 2012, 08:08h
El suicidio a principios de semana de un jubilado en pleno centro de Atenas, responsabilizando al gobierno heleno de su precaria situación económica, ha convulsionado notablemente al país. Todavía ayer se producían actos de protesta en distintos puntos de Grecia, alentados por un gesto que bien recuerda al que dio origen a las revueltas de la “Primavera Arabe”: la inmolación de un ciudadano tunecino como repulsa a los constantes abusos de autoridad.
Un patrón común de ambos hechos es su dramático desenlace: el suicidio de dos personas con una situación personal desesperada. Otro, no idéntico aunque sí parecido, es la calamitosa gestión de las autoridades de ambos países en el pasado, y que han desembocado en la actual situación de pobreza tanto de Grecia como de Túnez. El país heleno, sin embargo, tiene al menos unos cimientos democráticos que ha permitido a sus ciudadanos elegir su destino político durante los últimos años. En ese plazo, tenían que haberse realizado políticas de contención del gasto público y reformas estructurales que hubiesen evitado -o, al menos, paliado- la actual debacle económica.
No ha sido así, y ahora todos los griegos deben hacer frente a una factura casi impagable. Dos rescates, una quita de la mitad de la deuda, subidas generalizadas de impuestos y drásticos recortes son una carga demasiado pesada para una ciudadanía desencantada. Pero, por duro que sea, no queda otro remedio. Es ahí donde la clase política helena debe echar el resto: su labor de pedagogía social es fundamental para convencer a sus conciudadanos que, por duro que sea, no hay más alternativa que esta. Eso, o el colapso del país, por lo demás cada vez más cercano.