RESEÑA
Francisco Tario: La noche
domingo 22 de abril de 2012, 14:04h
Francisco Tario: La noche. Prólogo de Alejandro Toledo. Atalanta. Vilaür (Gerona), 2012. 285 páginas. 19 €
Las ficciones fantásticas, escribe Adolfo Bioy Casares, son tan viejas como el miedo e inclusive anteriores a las letras. Los primeros argumentos eran simples, consignaban el mero hecho de la aparición de un fantasma. Pero luego algunos autores descubrieron la conveniencia de hacer que en un mundo creíble sucediera un solo hecho increíble, que en vidas domésticas y rutinarias, como las del lector, sucediera el fantasma. Así, por contraste, el efecto producido era más contundente. A esta tendencia, Bioy Casares la denomina: la tendencia realista en la literatura fantástica.
Por su parte, Francisco Tario define lo “verdaderamente fantástico” como algo que no debe perder nunca contacto con lo que entendemos de común acuerdo como real, porque es dentro de la realidad cotidiana donde suele tener lugar lo inverosímil, lo maravilloso. Ya lo sabían, Oliverio Girondo, Ramón Gómez de la Serna, Adolfo Bioy Casares, Silvina Ocampo, Jorge Luis Borges y por supuesto, Francisco Tario, entre otros. Tario no disimula su admiración por el autor de El Aleph a quien considera un “un gran simulador” o algo así como “el jefe de ceremonial de la literatura fantástica en los países de habla española”. Los cuentos recopilados en La noche tienen la atmósfera fantástica que puebla la literatura borgeana, no obstante -a diferencia de Borges-, la figura del narrador en los textos del mexicano adopta una mirada piadosa, que el trío responsable de la recopilación de cuentos para la Antología de la literatura fantástica elude.
En efecto, para el escritor mexicano las criaturas inspiran ternura porque no son sino personas comunes y corrientes presas de un giro fantástico en el absurdo tedio de sus vidas cotidianas. O más bien, todo en la vida humana es absurdo. Los rituales de despedida, las fiestas, los fastos, no son para Tario más que gestos sinsentido exorcizables través del humor. Por eso el giro semántico por el absurdo mediante el cual una gallina pergeña un crimen horrendo en venganza póstuma a su inexorable destino de pollo al spiedo o el del ataúd heterosexual que reniega de tener que degradarse bajo tierra junto al cuerpo de un hombre obeso, no es más ridículo que los rituales humanos de degollar gallinas para comérselas o la de sepultar a los muertos en lujosos ataúdes expuestos en un escaparate.
Los dieciocho cuentos que componen La noche son un viaje alucinado por los arcanos misterios de la medianía humana, demasiado humana. Sin embargo, la lucidez que sobrevuela la narrativa tariana no equivale a soberbia. La mirada del narrador podría tener un sesgo de desdén, del que sin embargo carece. Por el contrario, lo que caracteriza a todos los relatos es una infinita piedad -inclusive de cuño religioso- y una curiosidad infantil que contagia al lector de entusiasmo y ternura por los desdichados. ¿De qué otra manera sino de infortunado puede concebirse el hecho de que unos fantasmas se diluyan sin remedio en la nada a causa del olvido?
Damos la bienvenida a las misteriosas noches de Francisco Tario, plagadas de sortilegios y de melancolía. Donde la risa se burla del terror y donde un velo de melancolía aguarda expectante la luz de un amanecer que nunca llega. Y en el claroscuro de los enigmas irresueltos parece sonar tenue la voz del poeta peruano César Vallejo: “Hoy no ha venido nadie a visitarme / y hoy he muerto qué poco en esta tarde”.
Por Verónica Meo Laos