Argelia I: Vencedores y vencidos (1954-1962)
viernes 04 de mayo de 2012, 21:15h
El paréntesis de guerra nacional de independencia que vivió Argelia entre 1954 y 1962 hirió de muerte a cientos de miles de guerrilleros musulmanes y de tropa colonial francesa. Abrió, además, una tenebrosa memoria en común en ambas orillas del mar-entre-tierras que tanto une a sus pueblos, aunque a veces los disocie. El transcurso de los años, ha contribuido a diluir esa memoria histórica en común, no del todo borrada del registro etno-psicológico que las comunidades humanas conservan inconscientemente.
Por lo general, al menos en España, la evocación de la guerra de Argelia no escapa a la evocación de una minoría estigmatizada que se venía denominando pieds-noirs desde el principio de la colonización. O sea, colonos de raigambre europea -mayoritariamente latinos- que durante casi siglo y medio constituyeron el núcleo impulsor de la transformación de Argelia en colonia francesa de poblamiento. Su desarraigo final, al no abrirse paso la opción de una Argelia definitiva y ucrónicamente francesa, hizo de los pieds-noirs una koiné dispersa más, entre las decenas de ellas que se han prodigado en el Mediterráneo durante el siglo pasado. Véase, si no, el caso de los españoles republicanos huidos al Magreb; o de los griegos fanariotas expulsos de la Turquía kemalista, y de los turcos inveteradamente establecidos en Grecia y aledaños balcánicos, forzados a reinsertarse en la patria de sus ancestros, pero que había llegado a ser bastante ajena a sus descendientes.
Sin embargo, la comunidad de tropa argelina que se identifica con el término de harkis, suele caer frecuentemente en el olvido en cuanto minoría estigmatizada. El término harkis -a propósito- designaba en la Argelia colonial, a los individuos nativos que prestaban servicio en las harkas o unidades complementarias de carácter civil que fueron movilizadas por el ejército francés durante la guerra de Argelia.
A lo que parece, los harkis se dejaron arrastrar tanto por la necesidad económica como por una reacción ¿visceral? hacia el comportamiento guerrillero de la población autóctona que se sublevó en noviembre de 1954 contra las autoridades francesas establecidas en Argelia. Al haberse visto atrapados en la dinámica belicosa que zarandeó a la Colonia norteafricana de marras hasta marzo de 1962, los harkis encarnaron un grupo de perdedores mal recompensado por sus contratistas europeos y “maldito” para los “buenos patriotas” que vencieron en el conflicto armado.
Desde los albores de la primavera de 1962 -al encaminarse la guerra de Argelia a su término y desembocadura en los Acuerdos de Évian- hasta el final de ese año, los harkis nutrieron el contingente de un millón y medio de habitantes musulmanes y europeos generadores de un éxodo histórico sin precedentes; porque en caso de no haber escapado a tiempo, los miembros de ese contingente habrían sido prácticamente eliminados para siempre en virtud de la traición que les fue imputada por el nuevo orden argelino resultante de la guerra.
Los conflictos entre humanos, tan inhumanamente resueltos la mayor parte de las veces, cargan a los contendientes con unos pasivos de consecuencias estremecedoras. En las cuartillas de hoy, sólo se ha pretendido rendir homenaje al recuerdo de aquellas víctimas de una fatalidad recurrente entre los pueblos ribereños: las guerras que generan a la postre los bandos de vencedores y vencidos. Sin embargo, como la Historia no se detiene, ni da tregua -aunque a veces nos haga creer lo contrario- veamos a continuación, en debida perspectiva, el futuro alentador que aguarda al pueblo argelino con motivo de las próximas elecciones que han sido convocadas en fecha de 10 de mayo próximo.
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Historiador. Profesor emérito (UNED)
VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes
Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías
sobre España y el Magreb
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