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¿Cómo resolvería usted la crisis?

José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
miércoles 09 de mayo de 2012, 21:05h
Callejeando por España y Europa he encontrado muy ingeniosas formas de abordar la crisis económica que nos tiene contra las cuerdas. Todas ellas están llenas de sentido común, como se imaginarán los lectores. Por ejemplo, acabar con los políticos, con los banqueros, con el sistema capitalista, con los mercados, con los empresarios o con la Iglesia. Esto último, lo de la Iglesia, es algo más estrafalario, no mucho, que el resto de interesantes propuestas, aunque no sé si viene a cuento, pero no importa, porque puestos a descubrir a los culpables de nuestros males, nunca está de más un punto de anticlericalismo para sumar al antipoliticismo o al anticapitalismo.

En Europa y en España están encontrando, como digo, originales salidas. Por ejemplo, los nazis en Grecia. O los comunistas en Grecia. O los filonazis en Francia. O los socialistas en Francia. En España, por nuestra parte, no mejoramos las recetas. Los comunistas mezclados con el ancien régime en Andalucía, o los indignados en Madrid, o los nacionalistas en Cataluña.

Todos ellos han encontrado la salida a la crisis. Lástima que sean salidas diferentes y contradictorias entre sí. Pues los hay que quieren resolver los problemas de Europa saliendo de Europa, los que quieren resolver los problemas de España saliendo de España, los que quieren resolver el problema del déficit con más déficit, los que quieren un buen euro sin el euro y los que quieren Estado de Bienestar siempre que lo pague otro.

El más divertido ha sido Hollande, en Francia, que quiere crecimiento en Europa, frente a la obsesión de la estabilidad. Hombre, claro. Y yo también. Quiero que España crezca, que Europa crezca y que haya paz en el mundo. Mi pequeña angustia, ante mi pequeñísima estatura en relación con el Presidente de la excepción francesa, es que no sé quién me va a financiar el crecimiento, aunque sí tengo claro quién me va a exigir que le devuelva el dinero que me ha prestado, ése que ha llevado a muchos países, entre ellos España, a una deuda muy considerable, y a un déficit astronómico, porque yo, español, no he dejado de gastar más de lo que ingresaba en el último lustro.

Las recetas populares o electorales para salir de la crisis se agolpan en este mundo de información histérica y globalizada, lleno de ruido y de confusión. Lo que me lleva a plantear algunas preguntas que seguro que tienen respuesta de ustedes, amables lectores.

¿Cómo resolvería la crisis financiera española?
En concreto ¿qué salida le daría a Bankia?
¿Qué reclamaría en la política económica europea, estabilidad, crecimiento, ambas?
En caso de optar por el crecimiento ¿quién debería financiarlo?

En España ¿qué haría usted: mantener todo como está, la Sanidad como está, la Educación igual, las Autonomías como siempre, las autovías hasta su casa, el AVE que no faltara, lo aeropuertos en cada provincia? ¿O sería tan desalmado como para recortar el Estado de Bienestar?
Para continuar, ¿qué salida le daría al problema del paro?. Y ¿cómo bajaría la prima de riesgo? ¿Y cómo liberaría crédito a empresas y familias?
Son preguntas básicas y muy sencillas (algo menos las respuestas). Porque si, por ejemplo, decidimos ajusticiar a todos los políticos, vamos a tener que encontrar algún fichaje que decida lo que hay que hacer, salvo que le entreguemos la decisión a una asamblea de indignados, lo que es creativo pero no sé si eficaz.

Si acabamos con los banqueros puede pasar algo parecido. Un minuto de gloria y después ¿qué? Y, sin los empresarios, ningún empleo. Y hasta sin la Iglesia no quedaría sitio para la última rogativa.

En realidad, la crisis (que no se trata de diagnosticar aquí sobre su origen o culpabilidades) lo que ha desnudado es la falta de alternativas al sistema, el adocenamiento de las sociedades afectadas, la pasividad del cuerpo ciudadano y la perplejidad ante los fenómenos socioeconómicos.

Todo el mundo dedica su tiempo a sacudirse las pulgas, pero nadie sabe dónde está el insecticida. Los ciudadanos o los empresarios que pidieron créditos baratos acusan a los bancos de habérselo dado. Los banqueros que se forraron con los intereses buscan la garantía del Estado. Éste dice que la cosa es europea, y a ver si se porta el Banco Central. Pero éste dice que los mercados mandan, y hay que satisfacerlos. Y los mercados esperan austeridad y estabilidad de los Estados, de los bancos y de los ciudadanos.

¿Existe la posibilidad remota de que a alguien se le ocurra una idea? El problema es colectivo, y la solución debe serlo. Los mercados, Europa, los bancos, los políticos o los ciudadanos no son el problema, sino parte de la solución. La infantil o demagógica acusación a los bancos o a los políticos españoles o, en otros países, a Europa o a los mercados o hasta a los inmigrantes, no hace sino ocultar la cuestión.

Es tiempo de imaginación y sacrificio, elementos extraordinarios en una sociedad que pretende mantener los privilegios sociales que nunca ha pagado, aunque ha creído que lo hacía cuando, en realidad, sólo lo comprometía a crédito.

En lugar de sacudirse las pulgas para que le caigan a otro, el Gobierno del Estado debe ahorrar en la Administración; los bancos provisionar sus desajustes; los empresarios, desplegar su imaginación; los ciudadanos, incrementar su trabajo; la Unión Europea, creerse que lo es.
Porque de nada nos vale ya buscar culpables para nuestros males, como los alemanes buscaron a los judíos. Nadie nos está recortando nada más de lo nos hayamos merecido. Sólo tendremos la sanidad o la educación que nos podamos pagar. Nadie nos debe nada, y nosotros debemos bastante.

Dejemos, pues, de perseguir fantasmas de banqueros o políticos y demos, cada uno, la solución a la crisis. Y, si no la sabemos, confiemos en que uno u otro Gobierno acierte con ella, con una cierta paciencia, porque de esta saldremos. Exactamente, desde el primer minuto en que pensemos que el problema es nuestro, y no de otro. Y, entretanto, podemos pasar un rato divertido viendo como el genial Hollande explica a Ángela Merkel esto del crecimiento, que es como el milagro del crecepelo en los buhoneros del far west.

José Antonio Sentís

Director general de EL IMPARCIAL.

JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL

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