Para contar esta historia tenemos que remontarnos unos días atrás. Primero al día 25 de abril, cuando el
Fondo Monetario Internacional publica su informe quinquenal sobre la solidez del sistema financiero español. El diagnóstico es de un gris oscuro, muy oscuro. Señala especialmente a aquéllas entidades que ya han recibido ayudas públicas. Y señala específicamente al “banco de mayor tamaño”. Es decir, a Bankia, como
recogimos en estas crónicas. Decía que debía tomar “medidas rápidas y decisivas para fortalecer sus balances y mejorar su gestión y su gobierno corporativo”.
Avancemos unos pocos días, hasta el 30 de abril. Aquél lunes acababa el plazo para que Bankia entregase sus cuentas a la Comisión Nacional del Mercado de Valores. Y lo hizo. Pero la CNMV no las publicaba.
¿Por qué? Bankia dice que la entidad las ha entregado. Entonces, ¿se las ha comido el perro? No. Es que Bankia (y su matriz, BFA), las han dado sin la auditoría. ¿Qué diría aquélla auditoría que Bankia se la guarda en el bolsillo antes que entregarla?
Ahora iremos a ello, pero antes nos detenemos el 3 de mayo, cuando se ven el presidente del Gobierno y el presidente del Banco Central Europeo,
Mario Draghi. Según Carlos Herrera, que entrevisto recientemente al presidente Rajoy, Draghi le advirtió sobre el problema de Bankia. “Le advirtió”. ¿Qué le dijo? Que Bankia es el principal problema que tiene España, que la situación de nuestro mercado financiero impide que se financien en el mercado mayorista no ya nuestros bancos sino también los principales bancos europeos y que tiene que solucionar la cuestión ya.
Avanzamos todavía una semana, hasta el lunes pasado.
Carlos Herrera, en la entrevista, le pregunta a Mariano Rajoy específicamente por Bankia, entidad sobre la cual se ciernen ya los rumores más perversos, después del bofetón del FMI a la entidad presidida por su antiguo director gerente. Y es entonces cuando Mariano Rajoy suelta el bombazo:
“Si hay que rescatarla, así lo haremos”. Es una respuesta que sólo se da si la decisión está tomada. Pocas horas después, el presidente de Bankia, Rodrigo Rato, dimite. Y anuncia su sustitución por José Ignacio Goirigolzarri, un hombre que no es del entorno de Rato. Es decir, que el gobierno quitó a Rato y puso a Goirigolzarri. ¿Con qué títulos?
A eso vamos, porque este miércoles la prensa desvela toda la jugada. La clave está en la auditoría conducida por Deloitte, cuya principal conclusión desvelaba el diario
El País, al quien han seguido luego otros medios. Su principal conclusión es la siguiente. BFA posee una parte de las acciones de Bankia. No toda porque, como sabemos, Bankia salió a Bolsa e incluso cotiza en el Ibex 35. Deloitte observa, imaginamos que para llevarse las manos a la cabeza, que BFA tenía apuntado en sus cuentas que esa participación de Bankia vale
12.000 millones de euros. Deloitte le dice lo que todos saben allí: esa participación tiene un valor en libros de 8.500 millones de euros, y el valor de mercado es de 2.000 millones. Bien, BFA no va a vender su participación en Bolsa, de modo que Deloitte acepta que no borre el primer “uno” del valor que le asigna. Pero sí le dice que lo reduzca hasta los 8.500 millones del valor en los libros. Eso supone reconocer unas pérdidas de 3.500 millones de euros.
Pero ese reconocimiento tiene mucho alcance. Los beneficios de BFA fueron de 41 millones de euros. De modo que esas pérdidas tienen que ir contra su patrimonio. Pero ese patrimonio es de
3.515 millones. Le quitamos las pérdidas que debe reconocer, y lo que quedan son 15 millones de euros. Es decir, BFA debe reconocer que prácticamente no tiene ningún valor.
Pero eso no queda ahí. No puede quedarse en esa situación. Si la reconoce, quedará obligada a pedirle al Gobierno que convierta el préstamo que concedió a Bankia, de
4.465 millones de euros, en acciones. Lo cual dejaría al banco en una entidad nacionalizada. Por eso coloca el Gobierno a Goirigolzarri, porque tiene el encargo de ser él quien solicite esa nacionalización y la pilote. Llega, de hecho, no ya con el visto bueno del Gobierno, sino que le libera de la servidumbre de mantener a los profesionales de la política que pueblan su Consejo de Administración y aledaños, y colocar en su lugar a profesionales. De modo que se da la paradoja de que la profesionalización se produce con la nacionalización.
Goirigolzarri ya ha pedido al Gobierno que tome el control de la entidad.