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RESEÑA

Fernando Royuela: Cuando Lázaro anduvo

domingo 13 de mayo de 2012, 14:18h
Fernando Royuela: Cuando Lázaro anduvo. Alfaguara. Madrid, 2012. 389 páginas. 18,50 €
Fernando Royuela (Madrid, 1963) es uno de los nombres más recomendables para seguir la pista a la última narrativa española. En su producción se entrelazan sin estridencias tradición y modernidad y ha logrado insertar con naturalidad su propia voz -presente ya en su primera novela El prado de los monstruos (1996), donde un singular vigilante jurado del Museo del Prado concibe un enloquecido y terrible plan para escapar de su miserable existencia- en una de las líneas más ricas de la literatura y el arte de nuestro país, que hunde sus raíces en Quevedo y Goya, y tiene en Ramón del Valle-Inclán a su figura más potente.

La esperpentización permite un acercamiento y disección de la realidad con los cuchillos de la sátira bien afilados. En este caso, mediante la hilarante y, a la vez, trágica historia de Lázaro, un modesto y discreto empleado de Banca en la España de hoy, que, tras veinte años de modélico trabajo en su entidad, y ya en la cincuentena y atrapado en un matrimonio donde la rutina se ha hecho fuerte, es despedido en la vorágine de las reestructuraciones al amparo de la crisis. Un día, ingresa de urgencia en el hospital: allí le diagnostican un derrame cerebral que le provoca la muerte, certificando los médicos su defunción. Pero, camino de la morgue, resucita y, ante la mirada atónita de los camilleros, pide un cigarrillo. Este inaudito hecho provocará una serie de reacciones y de actitudes en quienes le rodean, que, no obstante, tienen en común querer aprovecharse, de una u otra forma, de Lázaro y sacar tajada del extraño suceso por él protagonizado: así, sus dos hermanas, llamadas, obviamente, Marta y María, la primera, despótica y perteneciente a una ultraconservadora congregación religiosa, y la otra, María, alcohólica y depresiva; el blogger Ramírez; los medios de comunicación, a través del productor Perry y de Julito de las Sombras, presentador de un programa basura; y hasta su ambiciosa hija Victoria que, carente de escrúpulos, y con una personalidad muy distinta a la de su padre, quiere controlar la situación.

En esta rocambolesca y bien urdida trama, Royuela no deja títere con cabeza para ponernos frente a un universo globalizado, pero en imparable descomposición, donde valores y ética están arrumbados en el baúl de los recuerdos. Cada capítulo empieza con el título de la novela y se recuerda un hecho real, que saltó a las primeras páginas de los periódicos, para, después, sumergirnos en los sucesivos y no pocas veces sorprendentes avatares que vive Lázaro después de su resurrección. Ya la primera frase del capítulo inicial es toda una declaración de principios: “Cuando Lázaro anduvo, todas las mentiras del mundo tenían lugar”.

Fernando Royuela nos sirve así una corrosiva sátira social, empapada de sarcasmo e ironía, en la que se aprecia la cosmovisión que el autor ha ido desarrollando en novelas anteriores como Callejero de Judas, La pasión según las fieras, o La mala muerte: “El mundo real no es ese que os venden, con valores y principios morales que todos tienen que observar. El mundo de verdad es de otra forma. El mundo es un lugar salvaje en el que el fuerte se aprovecha del débil y el triunfador desprecia al perdedor.” Y en Cuando Lázaro anduvo lo hace de una forma directa y categórica, aunque manteniendo esa capacidad metafórica y dominio estilístico que le caracterizan.


Por Adrián Sanmartín
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