No es verdad (y2)
José Manuel Cuenca Toribio
viernes 15 de junio de 2012, 20:15h
Lo comentado en el artículo anterior –el desvío real y operante entre los dos pueblos peninsulares- explica fácilmente que todos los amantes de Portugal por modestos que sean –ejemplo de este cronista- echen las campanas al vuelo a la menor noticia de un lance o suceso favorable a estrechar los diluidos lazos entre las sociedades ibéricas.
De ahí, pues, que un acontecimiento, de registro reciente, suscite en su pluma la alegría más plenificante. Don Antonio Maura, sucesor en línea directa del único gran caudillo del conservadurismo español del siglo XX pero tal vez –para su fortuna- no muy anclado en sus posiciones hodiernas, ha sido honrado con la designación de Socio Correspondiente de la Academia Brasileña de Letras, único español en la actualidad en posesión de tal distinción y heredero y sucesor en tal condición de Dámaso Alonso, último compatriota que la usufructuara.
Lletraferit y artista de raza y ejercicio, alejado de las parafernalias oficiales, dicho nombramiento le estimulará para seguir manteniendo sin demasiada compañía la antorcha y la apuesta por el fortalecimiento de las relaciones entre dos de las cinco culturas más importantes de la Historia actual nacidas de un tronco común. Traductor de una rara perfección de algunos de los clásicos brasileños –su versión de una de las obras de la centuria pasada de más dilatada e intensa estela: Casa Grande & Senzala, de Gilberto Freyre, es, con estricto aquilatamiento lexical, memorable-, y poeta y escritor él mismo – acaba de aparecer en edición digital la Trilogía novelística de Tagol (Voz de Humo, Ayno y Semilla de Eternidad)-, de sensibilidad tremente y extenso paralaje, ha alumbrado, sobre un fondo luso brasileño en continua renovación, páginas de la máxima acuidad y belleza en publicaciones de dicha comunidad y, en muy escasas ocasiones españolas, a la manera de la Revista de Occidente. A la fecha se encuentra en el vértice de su trayectoria artística e intelectual, y es lógico –tratándose de nuestro país, sólo relativamente- pensar que los frutos más serondos de su tarea literaria y crítica se entrojen en las próximas jornadas.
De ser así, el intercambio y conocimiento entre España y Portugal sobrepasará el marco futbolístico y turístico-económico que en el presente esencialmente las encuadran para verterse por un territorio de trascendencia crucial cara a su futuro. Al margen de vaivenes políticos y balompédicos, la identidad más profunda –pasado, presente y, por, ende porvenir- de entrambos pueblos se sitúa en el hemisferio cultural. Y su auténtica potenciación dibujaría un escenario inimaginable a fuer de deslumbrador en todo el hemisferio austral y a una y a otra orilla del Atlántico iberoamericano.
En una tesitura especialmente crítica para la andadura del Viejo Continente y de una de sus piezas esenciales –los pueblos de la Península ibérica-, Brasil emerge cómo sólida esperanza para mantener su capacidad creativa, acompañando y cooperando con su marcha imparable hacia un liderazgo internacional que tiene ya a la vuelta de la esquina. La obra y figura de Antonio Maura harán, diligentemente, de embajador y guía de las generaciones artísticas, literarias y periodísticas deseosas de conocer y participar en el próximo capítulo de la historia, que tendrá a aquél país como uno de sus grandes protagonistas.