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CRÍTICA

Grégoire Polet: Les ballons d’helium

domingo 17 de junio de 2012, 14:44h
Grégoire Polet: Les ballons d’helium. Gallimard. París, 2012. 176 páginas. 16,90 €

El escritor belga de lengua francesa Grégoire Polet (Uccle, 1978) acaba de publicar su séptima novela, Les ballons d’hélium. El autor publicó su primer libro cuando tenía veintiséis años bajo el título Madrid ne dort pas, una novela urbana ambientada en nuestra capital, donde el escritor y filólogo vivió durante algunos meses cuando era estudiante. Siguieron otras dos novelas, meritoriamente premiadas en los círculos literarios belgas y franceses Excusez les fautes du copist yLeurs vies éclatantes (ambas en el año 2006), y, más tarde, la también recompensada Chucho (2009), cuya historia transcurre en Barcelona, ciudad donde Polet reside en la actualidad. Antes de sacar a la luz el volumen que nos ocupa hoy, Polet publicó recientemente el libro Petit éloge de la gourmandise (2010). La editorial Gallimard ha apostado desde sus inicios por este joven escritor, que pertenece a la generación de nuevos talentos francófonos, al mismo grupo que los ya consagrados Amélie Nothomb, su compatriota belga, o los franceses Alexandre Jardin, Marc Lévy o Marie Darrieussecq, por citar algunos de sus contemporáneos más conocidos y traducidos en el extranjero. Grégoire Polet es doctor en Letras por la Universidad Católica de Louvain, especialista en literatura y lengua española y traductor. Entre sus trabajos como traductor destaca su versión en francés de la célebre novela Pepita Jiménez, de Juan Valera.

La historia de Les ballons d’hélium discurre flotando como un globo entre España, Suiza, Bélgica y Noruega. Ariana, la protagonista con tendencias suicidas, es una estudiante granadina -“… une pauvre folle espagnole de vingt-deux ans qui dit des choses étranges pour se faire remarquer…”-, que se enamora breve pero intensamente de un hombre mucho mayor que ella, dejándole una amarga herida en el alma. Años más tarde, en la edad adulta, Ariana descubrirá los sinsabores de una vida corriente de mujer casada y madre de dos hijos, que no le ofrece la felicidad que hubiera soñado. Válor (comarca de la Alpujarra granadina), Zurich, Barcelona, Bergen, Waterloo y Bruselas son los escenarios por los que transcurre la sombra deprimida y deprimente de la protagonista. Tema universal, el mal du siècle, la infelicidad de una vida que tiene todo para sentirse realizada (trabajo, familia, salud, dinero…) y que, sin embargo, se encamina hacia la muerte es el leit-motiv de esta novela, aún no traducida al castellano. En el universo literario de Polet (retranscrito a través de las reflexiones de Ariana) se expresan de manera desgarradora la insatisfacción y el desamor, el imperativo de las apariencias y el contraste con la realidad interior. “Comment l’amour peut-il avoir une forme à ce point incomprise, ou comment peut-on vivre dans un monde où tout est tellement le contraire de ce qui est?”… se interroga en un momento la protagonista. La metáfora del globo de helio que asciende sin límites explorando lo desconocido le sirve a Polet para explicar el espíritu ascético e hipersensible de Ariana y, en contraste, su necesidad vital de encontrar un puerto de atraque, algo que le ate, para poder asumir sin sufrimientos la realidad “material” de la vida cotidiana; su matrimonio, sus obligaciones familiares respecto a su hija y su hijo, su trabajo, la vida social. “Toi, attachée a toi-même comme un ballon d’hélium est attaché au poignet d’un enfant… Mais comme dans un rêve tu sens tes doits incapables de le serrer… Il s’échappe, il danse dans l’air, et la ficelle est libre sous lui comme un fouet, plein d’un vorace appétit de se fair dévorer par l’azur…”. La “legerté” del globo de helio al que se refiere el título de la novela simboliza la desvinculación, la fragilidad y, especialmente, la volatilidad de las relaciones humanas. En este caso, la novela se adentra en las relaciones de Ariana con su marido noruego, Axel, quien resulta, en contraste con ella, un personaje claramente unidimensional (pero sin duda más simpático que ella). En otros momentos se evocan las relaciones con sus progenitores granadinos o con sus suegros nórdicos, también con sus antiguos novios aquí y allá, con sus propios hijos o con su círculo de amistades. “Elle allait, crucifiée, par les rues. Elle vivait seule en dessous de sa vie. Mourir devenait une question de sincérité. Descendre plus loin, jusqu’à toucher enfin un sol, une résistence, quelque chose de solide…”.

La construcción no sigue una arquitectura lineal tradicional. Además de los saltos en el tiempo y en el espacio, el narrador emplea voces diferentes. El texto pasa del “tú” acusatorio en segunda persona, al “ella” en un tono más descriptivo o al “yo” puramente autobiográfico, todo para dibujar la personalidad compleja y poco complaciente de la protagonista, desde tres puntos de vista. Al estar el presente y el pasado mezclados, el lector encontrará cierta dificultad a la hora de situar el momento de la narración en la trayectoria vital de la protagonista. En cuanto a la escritura, constatamos en Grégoire Polet un verdadero amor por la lengua y la cultura españolas, que nos ofrece pequeños guiños directamente en castellano (como el personaje apodado “le primo Gonzalo”) y otras frases un tanto sorprendentes: “…regardant le bébé, leur petite-fille, caramba, la pequeña Marion, Dios mio, qué tesoro…”. De todas formas, el autor emplea con destreza una escritura y un lenguaje fluidos, en los cuales alternan los momentos de profunda reflexión sobre el alma humana con desapasionadas descripciones de lo cotidiano y mordaces diálogos que paradójicamente revelan un sentimiento de incomunicación. Una novela que desde aquí recomendamos, muy representativa de los tiempos y del “malaise” que corren.


Por Pepa Echanove

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