¿Hay desconcierto en el Gobierno?
martes 19 de junio de 2012, 20:19h
El Gobierno intenta demostrar un cierto control de la situación a través de mensajes positivos, como el de Luis de Guindos al anticipar que las turbulencias que sacuden a España amainarán en pocas semanas, debido a que el nuestro es un país solvente.
El problema es que en otros ambientes se ha decretado la desconfianza en esa solvencia, y ello ha puesto contra las cuerdas el inmediato porvenir de la economía nacional. Porque cuanta más insolvencia se prevé, más insolvencia se genera.
Los mensajes tranquilizadores del Gobierno tropiezan con inmediatas reservas de los vecinos. Si se decide un rescate de 100.000 millones de euros para la Banca española, lo que sería una buena noticia en sí, se transforma en mala por las inmediatas reservas públicas de los prestatarios. Por lo que no se logran efectos positivos, sino todo lo contrario.
Frente e eso, el Gobierno, en boca de su presidente, intenta comunicar el control de la situación, como hizo en su rueda de Prensa tras el rescate. Y, sin embargo, esa demostración de aparente seguridad también irrita a los socios.
Por eso, el Gobierno no sabe ya si demostrar seguridad o sumisión frente a Europa y frente a los mercados. Nada parece funcionar. Ni los recortes, ni el anuncio de más ajustes, ni la fe en nuestras finanzas ni el anuncio de capitalización al sector financiero.
Por eso, el Gobierno de Rajoy sólo puede afrontar la crisis si hay implicación institucional europea, ya que España, por sí sola, nunca podrá contentar a los mercados, tanto si ajusta (porque aplaza el crecimiento) como si no (porque no controla el déficit).
Muchos analistas ven por eso desconcertado al Gobierno. Éste insiste que tiene un plan, pero cada maniobra puntual resulta ineficaz. Tal parece como si en instancias externas, los llamados mercados, la apuesta para España sea la intervención total. Pero el Gobierno (y no sólo), sabe que eso no es la solución, sino otro peldaño de la escalada contra el euro.
Mientras, miles de comentaristas mundiales dan consejos a España. El problema es su difícil aplicación, porque son contradictorios entre sí. Y la Unión Europea, entretanto, debate eternamente sobre el sexo de los ángeles, mientras los turcos cercan Constantinopla.