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mundo árabe

Egipto tiene su primer presidente civil, pero sin poderes

martes 26 de junio de 2012, 08:18h
Con la proclamación del islamista Muhamad Mursi como ganador en las Elecciones presidenciales de Egipto este domingo, después casi una semana de espera por motivos nada claros, se empezará un nuevo ciclo sociopolítico en el país del Nilo, en todo el Oriente Medio y en el norte de África, basado en el apoderamiento del poder por el islamismo, que sustituye así a los regímenes de la etapa poscolonial comenzada en la década de los cuarenta del siglo pasado.
El otro contrincante del triunfador Mursi, el general retirado y último primer ministro de Hosni Mubarak, Ahmad Shafiq, desaparecerá del escenario y con él la última esperanza de los que apoyan al antiguo régimen, que son muchos y fuertes en el país. Aceptar este resultado que da la victoria a un islamista no será fácil para la vieja guardia que manejó los hilos del poder a los largo de las últimas tres décadas. Están bien organizados e infiltrados en los puntos neurálgicos del Estado, y controlan gran parte de la economía del país.

Mohamed Mursi, este catedrático de ingeniería con barba cuidada, de sesenta años e hijo de campesinos, con la carrera hecha en los Estados Unidos, será a partir del próximo sábado 30 de junio, el primer Presidente civil después desde el derrocamiento del Faruq en 1952 a manos del coronel Nasser quien al morirse le sucedió Sadat asesinado por un grupo yihadista, la Gamaa Islamiya, durante un desfile militar en 1981. El magnicidio tuvo como consecuencia la llegada al poder del general Hosni Mubarak que ha estado tres décadas dirigiendo el país con poder absoluto.

La proclamación del resultado tardó seis días de difíciles y cerradas negociaciones entre los islamistas y la Junta Militar, que sigue teniendo las riendas del poder en Egipto desde la caída de Mubarak por la presión popular durante dieciocho interminables días, el 11 de febrero de 2011. Estados Unidos ha estado en los aledaños de las arduas negociaciones entre los Hermanos Musulmanes y el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (CSFA); discusiones que han abordado las funciones del nuevo presidente, una vez disuelta la cámara baja del Parlamento en virtud de una sentencia del Tribunal Constitucional que denegó la constitucionalidad de la misma. Cuando la cúpula militar emitió esta sentencia los islamistas perdieron automáticamente el poder legislativo y por consiguiente también el ejecutivo, dado que ahora ya no podrán formar el nuevo gobierno siguiendo la proporción de los votos que consiguieron hace seis meses en las primeras elecciones generales libres en la etapa post-Mubarak.

De hecho los militares dieron hace una semana otro golpe al emitir esa nueva declaración constitucional complementaria que deja al nuevo Presidente maniatado y casi amordazado, con escasos poderes. Mursi se ha convertido en un mero funcionario que tiene que consultar todo con el Consejo militar. Y esto hasta la celebración de unas nuevas elecciones legislativas dentro de cuatro meses, de cuyo resultado derivará la redacción de una nueva Carta Magna donde figuren las competencias de las instituciones del Estado.

La situación pues del primer Presidente civil de Egipto será complicada si tenemos en cuento que dentro de cinco días tendrá que jurar su cargo y no se sabe ante cual de las instituciones va a hacerlo. Algo que todavía no se ha resuelto. Los islamistas insisten en que este acto se haga en el Parlamento, pero éste se encuentra oficialmente disuelto con sentencia publicada en el Boletín Oficial; los militares en cambio insisten, ¨aferrándose¨ a sus leyes, en que se hará ante la Autoridad que corresponda, es decir el Tribunal Constitucional. Armados de pragmatismo, casi maquiavélico, los islamistas aceptarán las normas de los que aún tienen las riendas de todo en sus manos.

Controlar el país, empezando por la presidencia del Estado pasando por las dos cámaras el Parlamento para formar un gobierno unicolor, serían los primeros pasaos de la Hermandad para conseguir plasmar la Umma islámica, su sueño dorado. Es su objetivo desde el comienzo mismo de la fundación de la cofradía por Hasán Al-Banna en los años veinte del siglo XX. Por esta razón no se esperan choques entre los islamistas y los militares; todo lo más que harían sería movilizarse en la calle a través de sus gentes, que alcanzan la escalofriante cifra de ocho millones de miembros con carné y cuotas mensuales que pagan de sus salarios.

Pero lo que está en liza es mucho más: un país como Egipto de peso específico en una región como Oriente Próximo. Los contrincantes de hoy en día son los militares y los Hermanos Musulmanes. Éstos últimos con su proyecto universal, el de la Umma, quieren ejercer su control en nombre de la religión, tocando así el nervio sensible de un pueblo creyente por naturaleza, si tenemos en cuenta la relación entre el ciclo natural de la vegetación en medio de una zona desértica.

Los militares, además de que los tres últimos presidentes fueran de su cantera, hoy en día controlan entre el 20 y 40 por ciento de la economía del país. Es uno de los puntos que están entre bastidores en las negociaciones con los islamistas. Es un tema tabú que no se toca pese a que se sabe, y que todas las fuerzas de la oposición lo tienen en mente. La retirada de los militares del escenario político no será fácil ni cercana. En todo caso sería una verdadera cesárea.

Existen muchos y serios conflictos por resolver y mucho camino por recorrer en un país con una economía debilitada. Un día después de las fiestas, festejos y bailes de la proclamación del flamante candidato islamista como Presidente de Egipto, los índices de la Bolsa se han disparado al alza tras seis días de manifestaciones en la emblemática plaza de Tahrir.

En este contexto hay que señalar que las relaciones de los Hermanos Musulmanes con las monarquías del Golfo no son nada halagüeñas por motivos ideológicos acerca del control del mundo islámico. La cofradía pretende hacer realidad su sueño: crear una Umma islámica; mientras la dinastía Bin Saud tiene otra idea: controlar el espacio geopolítico musulmán vía los petrodólares y sus redes de mezquitas y asociaciones caritativas.
Algunos analistas creen que Egipto se acerca cada día más al modelo paquistaní y no al turco. Habrá inestabilidad en un país que está en el punto de mira de muchos; hay demasiadas armas en manos de particulares llegadas de la Libia post-Gaddafi.

Se diría que los militares se han dado cuenta del peligro que conlleva el dominio de los islamistas como casi únicos actores en el escenario. Fuentes cercanas la Junta ha asegurado que el Consejo Superior de las FFAA está negociando con Muhamad El Baradei, el ex Director General de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), para encargarle la formación del nuevo gobierno, algo a lo que la Hermandad se opone. De cualquier manera con la llegada de un Presidente islamista al país más poblado del mundo árabe, se puede asegurar que hay un antes y un después.
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