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estrena [i]Elefante Blanco[/i], del cineasta Pablo Trapero

Ricardo Darín: “Los países están gobernados por empresas que sólo responden a intereses económicos”

jueves 05 de julio de 2012, 01:58h
El actor argentino Ricardo Darín estrena este viernes su último trabajo, una historia humana sobre la realidad de los barrios marginales de Argentina, bajo el título Elefante Blanco y con el sello del ya consagrado realizador Pablo Trapero. En una entrevista con un reducido grupo de medios, Darín ha reflexionado sobre la determinación circunstancial y, sobre todo, geográfica del ser humano y la asunción de “un sistema que no funciona” y que aceptamos por considerarlo democrático “cuando en realidad los países están gobernados por empresas que sólo responden a intereses económicos”.
Como una especie de Rey Midas con vaqueros y deportivas, Ricardo Darín ha vuelto a convertir en oro el personaje ‘tocado’. Esta vez se trata Julián, un cura ‘villero’ -como se llama en Argentina a los sacerdotes que trabajan a pie de campo, cercanos a la teología de la liberación- que protagoniza la última producción del cineasta Pablo Trapero, Elefante Blanco. Tras cosechar una buena ración de aplausos y alabanzas en la última edición del festival de Cannes y arrastrar a las salas a más de 500.000 argentinos en sus dos primeras semanas, la cinta llega a España para acercarnos la realidad de Ciudad Oculta, una barriada chabolista de Argentina en la que el mastodóntico edificio ‘Elefante Blanco’, un proyecto de hospital eternamente fallido, sigue siendo un esqueleto muerto, marco perfecto para el negocio de la droga y la marginalidad que rezuman de la zona.

El personaje de Darín, junto a otro sacerdote recién llegado del Amazonas tras una experiencia traumática (Jérémie Renier) y una trabajadora social (Martina Gusman), intenta poner en pié al ‘Elefante’ y arrancar a los vecinos de la villa del destino cruel e injusto al que están abocados por meras cuestiones de azar geográfico. “El hombre es producto de las circunstancias que le toca vivir, y la geografía impera, es fundamental, nos condiciona dramáticamente”, ha opinado Darín en una entrevista con un reducido grupo de medios en la que ha contado su experiencia durante el rodaje del film, en escenarios reales de la barriada y, muchas veces, con los propios vecinos como figurantes improvisados.

En su visión sobre la existencia de este tipo de guetos, de todas las Ciudades Ocultas que crecen en mitad de la opulencia de países desarrollados, el actor argentino cree intuir un problema de raíz en “un sistema en el que estamos instalados y que, si lo analizamos con detenimiento, es bastante perverso”. “Salvo casos claramente excepcionales, no se le puede augurar el mismo porvenir a un niño que nace en Manhattan que a uno que nace en Angola” y sólo esto ya “delata que hay algo que no está funcionando bien”, expone Darín, quien confiesa que llega a creer que este orden “se nutre, físicamente, de dejar a mucha gente fuera para que algunos estemos dentro”.

“¿Y por qué? ¿Quiénes son los responsables?”, se autopregunta el actor durante una de sus casi hipnotizantes intervenciones. Y aunque dice empezar “a sospechar que somos todos”, termina poniendo el acento en los intereses que mueven el mundo y que no se corresponden con los del ciudadano de a pie. “Nosotros creemos que la Democracia está existiendo y nos olvidamos de que en realidad los países están manejados por empresas, por holdings enormes que ni siquiera responden a una bandera, sino a intereses económicos y a un afán perverso por acumular riqueza” en pocas manos. “Hay unos señores que se benefician con este sistema, y a ellos es a quien deberíamos ir a preguntarles que cómo se hace para erradicar las cosas que vemos en algunas películas que hacemos los ciudadanos comunes para recordar que están ocurriendo”, sentencia convencido, pero cauto. “Igual me estoy poniendo muy radical”, suaviza.

Radical o no, las palabras de Darín son las de un hombre que ha trabajado durante casi tres meses sumergido en uno de los lugares más pobres de “La Argentina” y, lo que es más grave, más invisibles y más mudos de cara al resto del país. La fama del actor causó, según cuenta, unas tres jornadas de revuelo entre los vecinos de Ciudad Oculta. Ni una más, en parte porque Darín se negó a aceptar un guardia de seguridad que actuaría, en sus palabras, “como un sonajero” para llamar la atención sobre la importancia de uno mismo. A partir de ahí, el contacto y la involucración con “los pives” llevó a la villa una suerte de bálsamo para los vecinos, una ocupación para los chavales enganchados ‘al Paco’ –una droga altamente adictiva, fabricada con lo sobrante de otros estupefacientes- que, cuenta Darín, les apartó durante un tiempo de su dosis diaria. “Esto nos lleva a pensar que el problema de las drogas, aparte de otras cosas como la desinformación a la que nos tienen acostumbrados, es la inactividad”, reflexiona el actor, quien entendió entonces la importancia de la labor de sacerdotes o trabajadores sociales que desarrollan talleres ocupacionales en estas zonas.

Iglesia e individuo
En la trama de Elefante Blanco todos los personajes atraviesan una crisis de fe, ya sea religiosa, como en el caso del rol de Darín o su compañero de proyecto en la parroquia, o de fe en uno mismo, en sus ideas y pretensiones, como le ocurre a la trabajadora social interpretada por Gusman. Durante el rodaje de la película, el actor argentino reconoce haber aprendido a respetar a las personas que se mueven por la fe, a admirar “a quienes se levantan cada día olvidándose de uno mismo para pensar en todos los demás”.



En este sentido, la película refleja en una de sus subtramas los choques entre los ‘villeros’ y la alta jerarquía eclesiástica, cuya imagen quedó seriamente dañada en Argentina por su complicidad con la cruel dictadura militar. “Cada vez me siento más reacio a hablar de ‘instituciones’ porque implica necesariamente una generalización, y eso siempre acarrea de forma implícita, en mayor o menor medida, una injusticia”, alega Darín. Lo que el actor no alcanza a entender es cómo los “tipos que trabajan 24 horas al día al servicio de los demás, aún a pesar de las diferencias que existen, terminan defendiendo a todos los miembros” de la Iglesia.

“Por eso”, continúa, “prefiero hablar de las particularidades, de esos sacerdotes que no sé si son seres ejemplares, porque han dedicado su vida a un camino de fe, o simplemente son seres ejemplares y circunstancialmente están haciendo la vida de fe… elijo quedarme con la persona, que es lo que tengo al alcance de la mano y lo que puedo chequear. Lo otro es tan inabarcable, casi una abstracción… que cuando pienso en un miembro de la jerarquía eclesiástica o política, los imagino sentados en su sillón riéndose de nosotros, pensando que no nos enteramos nada de lo que ellos cocinan”.

“Repsol no es España”
Muy coherente con su discurso de la institución, sea cual sea, frente al individuo, Ricardo Darín se declara en guerra con quienes están tratando de hacer sangre de la expropiación de la petrolera YPF, filial de la española Repsol hasta su nacionalización hace apenas un mes.
“Hace poco, acá en España, leí un editorial sobre un rally que se va a celebrar en Argentina en el que ponía que hay quienes aconsejan a los integrantes del equipo de Repsol que no pisen La Argentina por cuestiones de seguridad…. ¡Se me cayeron los ojos al piso, no lo pude creer!”, cuenta Darín justo antes de remarcar mucho sus siguientes palabras: “Yo no sé si ustedes están al tanto de esto, pero no hay ninguna posibilidad de que un ciudadano español pise la República Argentina y no sea amado”.

El actor dice entrar en clara discusión con las administraciones “que pretenden ‘encolumnarnos’ y enemistarnos, hacernos creer que hay una defensa a ultranza de la nacionalidad” en el conflicto de las petroleras cuando en realidad “Repsol no es España de la misma forma que YPF no es Argentina”. Aunque tampoco se declara en acuerdo con “la forma” en la que el Gobierno argentino llevó a cabo sus acciones, Darín se esfuerza en resaltar que “las administraciones no tienen ningún problema en elevar la temperatura de las discusiones y ponerlas casi al límite”, por encima de la relación y el intercambio histórico de ambos países.

"Los que apuestan por el conflicto, yo sospecho que tienen que obtener algún reto, incluso hasta económico, la deben de pasar bien, les debe de gustar esa especie de tufillo bélico que se empieza a notar… y no logro comprender el porqué”, zanja.

Otra película… o un chiringuito
Lo que sí entiende bien Ricardo Darín es que en España se le quiere. Reconoce, incluso, que podrá haber una cierta sensación de empacho de Darín para el público español por ver su foto en el cartel de cada película argentina que llega a este otro lado del charco. “He tenido mucha suerte en España, primero porque no conocen mi pasado, en el que he hecho verdaderas porquerías, y segundo porque hay una especie de aceptación popular, de cariño, como si se me perdonaran los defectos”, confiesa el intérprete.

Y así, con cariño, llega Elefante Blanco este viernes a la cartelera de nuestro país, para devolvernos al Ricardo Darín dramático e intenso en su justa medida que ya hemos visto en El hijo de la novia o El secreto de sus ojos. “Debe ser que tengo cara de crisis”, bromea el actor para justificar su prolífica carrera interpretando “señores, eso sí, cada vez más mayores, que atraviesan situaciones críticas y confusas”. Sin embargo el actor reconoce que siente predilección cuando se le presenta una comedia, como Un cuento chino, el anterior trabajo que lo trajo por nuestro país, que “ayude a la gente a reírse, si es a carcajada, mejor”.

Precisamente reír a carcajadas y llorar “como una cocinera” de vez en cuando son sus claves para sentirse bien, a parte de haber sido “un muchacho bastante caótico” y no arrepentirse de nada, cosa que, “si no es buena para la salud, seguro que lo es para el alma”. A pesar de que asegura que juega al tenis y monta en bici, Darín se define como “vago”.

“Mi tendencia natural es no hacer nada, así que podría hacer cualquier otra cosa que no fuera actuar, como vivir de una parrilla o de un chiringuito en la playa… no soy de creer que mi vida es el espectáculo y desde luego que no quiero morir en un escenario”, asegura, “sería horrible para el público”. Desde luego.

La próxima cita con Ricado Darín, este viernes en las salas. En un futuro lejano, quién sabe. Quizás en una hamaca frente al mar y delante de un buen mojito.