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Mi perro ya no es mío

miércoles 18 de julio de 2012, 21:12h
Actualizado el: 09/05/2014 21:39h
Pocos escritores han expresado con tanta justeza y profundidad el espíritu del exilio como la escritora rusa Marina Tsvietáieva (1892-1941). ‘Todo poeta es en esencia un emigrante. El poeta (todos los artistas, pero sobretodo el poeta ) lleva siempre la marca especial del descontento, gracias a la cual incluso en su propia casa se le puede reconocer’. Durante los años que pasó entre Praga, París y Berlín, la que fuera hermana espiritual de Pasternak y de Rilke, autora tan prolífica como marginada, no vivió precisamente en la abundancia, pero al menos pudo escapar del hambre y de la miseria que durante los años de la Revolución acabaron con la vida de su hija pequeña. “He sido llevada de todos los lugares del mundo hacia uno solo al que no llego nunca… ¡nací llevada!”. A través de su obra en verso como en prosa, particularmente en sus diarios y en sus cartas, dejó impresa la huella del dolor del emigrante más allá de cualquier prejuicio político, social o económico. Su vida estuvo fuera de todo y de todos; de su propio siglo y de su epacio, de la política especialmente, de la patria y del amor también. Hizo suyas _¡qué sublime ejemplo de universalidad!_ palabras que también cantó nuestro Lorca en el verde claro-oscuro de su célebre ‘Romance sonámbulo’: “yo no soy más yo, y mi perro ya no es mío”, refiriéndose precisamente al sentimiento de pérdida, al ser ‘sin ser’, al estar ‘sin estar’. El exilio más duro es probablemente el que no tiene billete de vuelta. La imposibilidad de retorno a la añorada Ítaca. El último documento que escribió Tsvietáieva de regreso a su Rusia natal y antes de ponerse la soga al cuello _no, esto no es una metáfora_ fue una desesperada solicitud de trabajo: “Pido se me conceda el empleo de lavaplatos en la nueva cantina de Chistopol”. Según los datos del Padrón de Españoles Residentes en el Extranjero (PERE), los que vivimos actualmente fuera sumamos 1,8 millones de personas. Entre 2009 y 2012 se ha registrado un incremento del 23,5% con la incorporación de 345.144 personas, la mayoría jóvenes graduados. Solamente en el primer semestre de 2012 salieron de nuestro país más de 40.000 personas. Algunos llevamos ya bastantes años instalados en el extranjero. Somos hombres, mujeres y niños, algunos jubilados otros en activo. Pertenecemos a generaciones diferentes y nos fuimos por razones diferentes de Tudela a Turku, de Portugalete a Portland, de Manresa a Manchester o de Lugo a Lugano. Todos seguimos sintiéndonos españoles, malgré la crisis, malgré las circunstancias, malgré lo que todavía queda por venir. La mayoría nos fuimos pensando ‘un día volveré’… Pero ese día no ha llegado ni está por llegar. El estatuto de la Ciudadanía Española en el Exterior (Ley 40/2006) reconocía el ‘auténtico capital social’ de la comunidad española emigrante. ‘Su compromiso con su tierra de origen la convierte en un recurso fundamental para la proyección de España en el exterior’, dice el texto. El título II establece una serie de medidas oficiales en lo referente al retorno. Palabras en el aire, como versos en suspensión, ‘El barco sobre la mar / Y el caballo en la montaña’. Volver ¿a dónde?, ¿a qué? Ahora en 2012 el retorno nos parece solamente una ilusión, un espejismo, y lo que nació con tanta buena voluntad se está quedando irremediablemente obsoleto. Unos llevamos, como los poetas, una marca especial de descontento, la marca de la resignación. Otros esperan quizás vientos favorables para volver y se ofrecen como lavaplatos políglotas en no importa qué cantina.

Pepa Echanove

Periodista

PEPA ECHANOVE es periodista y miembro de la Asociación-Red de Mujeres Españolas en Suiza.

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