Monti y Rajoy, sólo palabras
viernes 03 de agosto de 2012, 01:32h
El primer ministro italiano, Mario Monti, ha cerrado una inteligente gira europea reuniéndose en Madrid con su homólogo español Mariano Rajoy al mismo tiempo que el presidente del Banco Central Europeo (BCE) efectuaba en Fráncfort una comparecencia en la que ambos mandatarios tenían la esperanza de ver confirmadas medidas concretas para aliviar los imposibles intereses que debe asumir la financiación exterior de ambos países. El recorrido de Monti estaba calculado con precisión y demostró una vez más su veteranía y experimentada oportunidad en los entresijos europeos.
De esa misma veteranía y experiencia hubo de hacer gala en su comparecencia conjunta en el Palacio de la Moncloa junto a Rajoy cuando tuvo que valorar las decisiones del BCE en Fráncfort, donde Draghi no confirmó ni rechazó medidas concretas, sino todo lo contrario. Frente a la nebulosa destreza de Draghi para dar largas a decisiones que ya se esperan con ansiedad, Monti y Rajoy rivalizaron en una versallesca enunciación de mensajes positivos, tan diplomáticos como inconcretos. De Fráncfort a Madrid se ha podido constatar cómo los líderes europeos perfeccionan semana tras semana su maestría en la inconcreción.
Una triste maestría cuando las actuales circunstancias han demostrado reiteradamente que el factor tiempo es decisivo para el salvamento o el hundimiento de toda una economía nacional. Si se elude hábilmente dar respuestas concretas, aunque se lleve a cabo mediante elegantes eufemismos con apariencias positivas, el mensaje real que se traslada es el de indeterminación y desconcierto, cuando no de inoperancia o fuerte desacuerdo interno. Ninguno de ellos precisamente provechoso.
Un resquicio entre los brindis al sol públicos y el desconcierto interno que ocultan, lo ofreció el jefe del Gobierno español, Mariano Rajoy, cuando, ante la insistencia de los periodistas, no quiso o no supo descartar que España vaya a solicitar nuevas ayudas o un rescate europeo. La ciudadanía no merece cortinas de humo verbales de esta índole, que sólo pueden provocar más desconfianza e irritación. La opinión pública debe recibir explicaciones realmente concretas y específicas, y no ser menospreciada con palabras evanescentes que no descienden a hechos reales, si se quiere que los ciudadanos asuman realmente las duras responsabilidades que se ven obligados a afrontar.