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Los oídos de Darko

Luis de la Corte Ibáñez
domingo 20 de abril de 2008, 21:53h
No somos pocos los que creemos, con convicción de roca, que el perro es la criatura viva más fiel y noble de las que habitan la tierra... al menos bastante más noble y fiel de lo que nunca puedan llegar a serlo no pocos miembros de nuestra especie. Por ello mismo siempre me ha resultado chocante que en ciertos entornos y culturas la palabra "perro" suela ser transformada en insulto. Una triste anécdota del último jueves me hace recordar cierto ejemplo próximo.

Es bien sabido que los etarras llaman chakurra (o sea, perros) a sus perseguidores de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado (nuestros protectores). El uso de eufemismos bestializantes es un elemento característico en la retórica de los colectivos extremistas. La internalización de ese lenguaje y su difusión entre propios y afines allana el camino al homicidio y su defensa. A ojos de ETA, la sugerencia de cualidades perrunas degrada a los funcionarios que día a día ponen su vida en juego para conquistar unos gramos de seguridad en el País Vasco. Sin embargo, he aquí que en medio de la confusión desatada por la bomba explosionada en Bilbao, en una sede socialista, un perro nos da el testimonio del contraste entre su sensibilidad de can, supuestamente elemental, y la frialdad de hiena con que bien podría caracterizarse a los autores intelectuales y materiales de la explosión. Entre los escombros y el humo provocados, en medio de la desolación de vecinos y el dolor de los siete erztainas heridos, de repente, a través de un agujero, apareció Darko, un pastor alemán que solía dormir en el bar de la sede destruida. Costó un rato capturarlo, explicaría después un erztaina. Parece que durante ese rato Darko recelaba de cualquier compañía humana. Y no es de extrañar, pues fueron hombres y no perros quienes habían conjurado aquella madrugada caótica. Como buscando otra forma más sutil que los meros ladridos para expresar tristeza y rabia, los oídos de Darko sangraban. Tremenda metáfora, ¿no creen?
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