España, intervenida
sábado 15 de septiembre de 2012, 19:42h
Europa, EEUU, aplauden. Más de media España critica, protesta y amenaza. Dicen allí que el Gobierno español cumple lo debido. Recordemos los famosos deberes bien hechos de hace poco más de año y medio. Aquí se crispa el personal por los ajustes y recortes que la escuela impone. Se ha dilapidado a gusto más de lo que producimos y nos compraron durante treinta y cinco años. Basta, siguen diciendo Bruselas, el Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional y otras entidades políticas. Si queremos seguir en el club Europa, no queda más remedio que embridar usos y costumbres de antaño. Y aquí nadie quiere perder el nivel de vida. Salir ahora mismo de la Unión Europa supondría además otro descalabro económico.
El rédito de los miles de millones prestados se evaporó en burbujas que estallaron en el aire y nadie sabe cómo ni por qué. El dinero voló por arte de malabarismo financiero. Con él engordó la clase política, administrativa, deportiva, turística, bancaria, burocrática, cierta agricultura -la más avisada de los préstamos europeos-, alguna empresa, industria, varios asentadores y muchos amigos de circunstancias pegados al consorcio de ayuntamientos, diputaciones, autonomías y préstamo monetario.
Aquel dinero celebrado al comienzo de la democracia, vertido en la cornucopia nacional a raudales, ya no existe. Y tampoco tenemos los políticos adecuados, la administración competente de otros países, su fortaleza de crédito, los bienes de equipo supuestos, empresas, industrias que generen trabajo, universidades que proyecten, ideen e impriman huella firme en Europa. Ya no hay magos con chistera, palomas, cintas, pañuelos, abalorios y conejos.
Exhibimos, sin embargo, buenos deportistas, medallas olímpicas, varias estrellas europeas, mundiales. ¿La próxima burbuja? Y aumentó un poco, gracias al Olimpo, el regalo de turistas en las costas españolas, la principal industria donada por la madre naturaleza.
Aquellos miles de millones ya son historia. Ahí están las autopistas, autovías, tejados y muros de pueblos renovados, polideportivos, aeropuertos, túneles, suburbanos, piedra, cemento y ladrillo en urbanizaciones fantasmas. Hubo un ministro que hasta viajó a EEUU para promocionar, a buen precio, la venta de inmuebles que ahora constituyen un banco “malo”, como si los otros fueran buenos. Y el cuerpo pide más jolgorio. Queremos que nos abreven y alimenten a cambio del bien que proporcionamos a otros con nuestros triunfos deportivos y el buen solaz que les dispensamos durante tres, cuatro, cinco meses, un poco más en el sur e islas. Demostramos al mundo que sabemos esforzarnos y divertirnos. Nuestro nivel de bienestar ha sobrepasado los índices que grandes inversores mundiales del ocio consideran jauja para asentarse en el país: leyes múltiples, paro, corrupción varia, vida alegre, bambalinas, juego, mucho juego.
La protesta y amenaza por las reformas, ajustes, tiene, por tanto, sentido. Para consumir necesitamos más dinero. Si quieren allá arriba, o del otro lado del océano Atlántico, que sigamos bien avenidos, compremos sus coches, cocinas de inducción eléctrica, frigoríficos, tuercas, alimentos autóctonos producidos aquí, en nuestros pastos y tierras, o arrastrados del mar con sus motores digitales y con dinero mediado por bancos, deben enviarnos muchos más euros. La otra gran industria española son nuestros estómagos y tradicional hidalguía.
Y en esto estamos. Pendientes de cien mil millones de euros prometidos y tal vez algunos más, si nos portamos bien, a cuenta de otros organismos internacionales. La oposición, todo partido que no figure en el Gobierno y parte incluso de quienes lo votaron, critica y amenaza si no figura en el reparto. Unos quieren gastar en la calle, chillando, parte del caudal adquirido por donación de la legislatura anterior, previsora de futuro. Quienes más dilapidaron, más berrean. Algunos comprometen la integridad del Estado, como catalanes y pueblo vasco, no todos, afortunadamente, ni tantos como creen sus magnates. Independencia, gritan. Luego ya se verá de quiénes dependemos. Como si fuera tan fácil echar por la borda, al Cantábrico y Mediterráneo -volcán marino en ebullición-, la historia de un país en buena parte creado por ellos mismos.
En verdad, España está intervenida. Lo dicen las condiciones que Europa y EEUU dictan y leemos, escuchamos, en medios internacionales. Lo intuimos al ver cómo se mueven banqueros y diplomáticos españoles más allá de los Pirineos o en otros países con fuerte inversión europea y americana. Las orejas gachas y rabo entre piernas. Lo presentimos al observar cómo limpian el rastro de huellas fraudulentas, por ejemplo las ya famosas participaciones preferentes, sus homólogas obligaciones subordinadas y la reconversión de las Cajas de Ahorros. Preferencia de embargo y sometimiento del cliente y acreedor al capricho de financieros, políticos, sindicatos y otros alias conchabados en el manejo del bien ajeno. Totalmente impunes.
Intervenida y confiscada. España pierde la fiducia que la fundamenta. ¿Puede limitarse un Gobierno a la recepción de cien mil millones europeos para tapar huecos, bocas, y saldar una legislatura como hicieron sus ya ilustres predecesores? ¿Puede un líder de oposición arrostrar impunemente el cinismo cimentado durante lustros? ¿Acepta un pueblo arrastrarse de tal modo por tanto tiempo?
La Constitución española se ha convertido en comodín de un juego peligroso.
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Filósofo, Catedrático de Lingüística y escritor.
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