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La inocencia de los musulmanes

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
sábado 15 de septiembre de 2012, 21:58h
No comenzaré con la condena que merece el video que un joven copto ha hecho sobre el profeta Muhammad. ¨La inocencia de los musulmanes¨ es, sin duda, ofensiva para millones de musulmanes en todo el mundo y su autor un perfecto irresponsable. No hay justificación para este ataque al buen gusto y a la sensibilidad de una comunidad de creyentes. Creo innecesario insistir más en la crítica que merecen esta provocación y este insulto.

Sin embargo, lo ocurrido so pretexto de un tráiler de 14 minutos nos ha revelado problemas y desafíos formidables. Desde Marruecos hasta Indonesia, las turbas han asaltado legaciones diplomáticas de los Estados Unidos como si ellos fuesen responsables de las estupideces de un insensato. En Túnez los enfrentamientos entre manifestantes y policías han terminado con muertos. En Jartum (Sudán) murieron otras tres personas y se atacaron, también, las embajadas de Alemania y del Reino Unido. En Yemen, unas dos mil personas intentaron varios asaltos contra la Cancillería de los Estados Unidos. En Trípoli (El Líbano) los manifestantes se enfrentaron a la policía y la emprendieron con un Kentucky Fried Chicken y un Ardy´s. En Indonesia, Malasia, Afganistán y Bangladesh se han sucedido las manifestaciones de repulsa por el vídeo. Se está investigando el ataque al Consulado estadounidense en Bengasi (Libia) Buena parte del mundo islámico está en llamas por la necedad de un cristiano radical y la intolerancia y el fanatismo de muchos musulmanes radicales.

He aquí un primer problema. El mundo islámico se debate hoy entre la apertura a la modernidad o su rechazo. Por ahora parece que van ganando lo partidarios de lo segundo. El concepto moderno de tolerancia –nacido en la Europa de las guerras de religión- es mayor que el mero respeto por la diferencia o la condescendencia por la minoría. Aquí los islamistas tienen un problema que, cuando se convierten en salafistas, se vuelve violento. Cuando llegan los yihadistas, aparece el terrorismo. Occidente está fundado sobre la idea de la dignidad de todo ser humano que arranca de las Escrituras y llega hasta la Declaración Universal de Derechos Humanos pasando por la Declaración de Independencia de los Estados. Frente a la teocracia, la irracionalidad y la tiranía, Occidente ha tratado de construir un modelo de convivencia en el que todos quepan. Este modelo es incompatible con la violencia y la brutalidad que hemos visto estos días. Nada justifica el asesinato de diplomáticos y civiles. Nada justifica el asalto a legaciones diplomáticas y negocios privados. Nada justifica, es suma, la barbarie desatada por los radicales so pretexto de un trailer de 14 minutos. Los únicos culpables de estas salvajadas son quienes las perpetran. El cristiano copto que hizo el tráiler ya tiene lo suyo con el bodrio que le salió. Encima, se lo atribuyó a la falsa identidad de un judío para felicidad de muchos antisemitas. Menudo, genio, ¿eh?.

Un segundo problema es que esta historia ya la conocemos y se está repitiendo. Cada cierto tiempo, islamistas, salafistas, yihadistas y otros fanáticos tratan de imponer al mundo sus fobias y sus censuras. Antes fueron las viñetas del profeta Muhammad. ¿Recuerdan? Y antes todavía la condena a muerte del novelista Salman Rushdie por ¨Los versos satánicos¨. Los talibán destruyeron los Budas de Bamiyan y prohibieron la música. El fanatismo está, sin duda, reñido con la belleza, el humor y la creación. No en vano los movimientos islamistas siguen el ejemplo del partido nazi. En el Reich, se comenzó quedando libros y se terminó quemando a seres humanos. No puedo evitar ver la similitud entre aquellos que prohibieron el jazz y estos que hoy matan gente y arrasan edificios so pretexto de una ofensa a su religión.

Un tercer problema es la debilidad de ciertos líderes políticos y sociales en Occidente. Ante la violencia, algunos creen que hay que ceder. Si una película puede ofender a los fanáticos, hay que censurarla o, simplemente, no proyectarla. Si un libro puede enfurecerlos, mejor no publicarlo. Si un concierto o una ópera pueden provocar malestar, mejor cambiarlos por algo que no moleste. Así nos estamos suicidando. El arte tiene siempre algo de revolucionario y algo de transgresor sea la literatura o el cine. Esto ha sido una de las fuerzas morales de Occidente durante siglos. Por supuesto, hay usos perversos de la creatividad pero ni siquiera ellos justifican el asesinato, el linchamiento, los estragos ni el terrorismo. En Europa y los Estados Unidos se publican decenas de libros negacionistas del Holocausto cada año. Cada día las televisiones se llenan de chistes sobre el cristianismo, el Papa, los sacerdotes, las monjas… Pero no por eso los cristianos ni los judíos asaltan comercios, queman libros, linchan a gente o amenazan con actos terroristas. Hasta la incitación al odio se persigue con la ley, no con bombas. Es cierto que hay islamófobos entre nosotros, pero los tomamos como amenazas; no como modelos.

Así, se alza ante nosotros un desafío. No podemos ceder ante el fanatismo. Occidente sigue valiendo la pena porque –con todas sus sombras, sus traiciones y sus miserias- sigue teniendo como centro la dignidad del ser humano, la libertad, la democracia y la razón frente al fanatismo de las turbas incontroladas. Desde las viejas Cortes de Castilla –que imponían límites a los reyes- a los colonos que se rebelaron contra el Rey Jorge, creemos que el poder debe tener límites y que tener la razón no equivale a tener el poder ni a ejercer la violencia. Creemos que todo ser humano está dotado de ciertos derechos entre los cuales están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Por defender esto millones de europeos, africanos, americanos y asiáticos lucharon y murieron en la Segunda Guerra Mundial. Musulmanes de Marruecos, Argelia y Senegal pelearon contra los nazis y contribuyeron así a salvar Occidente. Luego, las potencias coloniales les traicionaron. También habría que hablar de eso.

El Islam tiene poco que ver con los crímenes de estas turbas de bárbaros y Occidente merece algo mejor que el temblor asustado ante las amenazas. Los únicos culpables de estas brutalidades son las muchedumbres encendidas por el fanatismo y la barbarie. Ni siquiera la lesa cinematografía merece que se derrame una gota de sangre.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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