¿Habrá recortes en las próximas elecciones? (II)
domingo 16 de septiembre de 2012, 17:54h
Comencé la primera parte del artículo señalando como la historia muestra que las crisis hacen aflorar lo malo y bueno de las sociedades. Desgraciadamente la historia no engaña y los hechos ratifican las afirmaciones antedichas. La popularmente llamada “ley de memoria histórica” fue engañosa y selectiva en relación a los acontecimientos de la II República que pretendía solventar. Los partidos y sindicatos de izquierda que impulsaron y aprobaron dicha ley de nuevo aplican el mismo criterio restrictivo y sectario ya que “olvidan” sus responsabilidades políticas como partido de gobierno en el origen y desarrollo de la actual crisis económica que comenzó en 2007. Lo mismo ocurre con los sindicatos cómplices y responsables por su largo silencio en la grave crisis, que no es solo económica, también lo es social, política y de valores en la que está sumergida España. Unos y otros “olvidan” que desde 1982 el PP ha gobernado solo 8 años y nueve meses. Tampoco “recuerdan” que todas las decisiones que afectan a la participación de España en la Unión Europea desde la entrada en dicho ámbito, se han adoptado por las Cortes, incluidas las dos reformas constitucionales, siendo presidentes González y Zapatero. También es menester recordar ahora a quienes promueven cambios del sistema representativo, que M. Fraga se quedó solo en el debate constitucional defendiendo la “importación” del sistema político británico que le parecía más adecuado para España. Ello incluía el sistema electoral mayoritario, que hoy muchos reclaman, así como la utilización frecuente de los referenda para la toma de decisiones.
No contentos con estos “olvidos”, las tres ocasiones que han perdido las elecciones han apoyado e impulsado un singular sistema político. Consiste en combinar elementos de democracia directa y participativa con la parlamentaria tratando de realzar e incluso equiparar la legitimidad de las manifestaciones con las decisiones parlamentarias impulsando de facto. Así Rubalcaba dijo el dÍa 13 : “Esta Cámara tiene que tomar buena nota de lo que pasó ayer en Barcelona y de lo que probablemente vaya a pasar en Madrid el sábado, porque estamos asistiendo a un crecimiento de la tensión territorial y de la tensión social a la que esta Cámara no puede ser ajena” . Obviamente las manifestaciones celebradas contra las políticas “de paz” y “pro-nacionalismo” impulsadas por el presidente Zapatero merecieron muy distinto tratamiento por Su Señoría. Además, impulsan o alientan actos violentos en lugar de utilizar las vías democráticas para manifestar sus discrepancias, tal como ocurriera al impedir el acto de inauguración del curso académico en la Universidad Autónoma de Madrid.
Pero además cuando las fuerzas políticas y sindicales citadas utilizan uno de los principales instrumentos de la democracia, como es la palabra, caen en la más pura demagogia “Práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular” (DRAE). Así la respuesta del diputado Lara a la propuesta de la presidenta Cospedal de reformar la dedicación de los diputados, además de calificarla como totalitaria , arguyó :” ..un viejo debate.. zanjado ya desde la transición y que consiste en que sólo pueden acceder a cargos institucionales los representantes de las multinacionales, de la banca o de las grandes empresas”. ¿Por qué es demagógica esa afirmación que además no atenta contra la Constitución, las leyes ni la democracia? Por la sencilla razón de que antes de que “fuéramos ricos” la mayoría de los diputados autonómicos tuvieron dedicación a tiempo parcial. En efecto, durante las cuatro primeras legislaturas ocuparon los escaños autonómicos un total de 3.087 ciudadanos y no representaban a esas tres instituciones citadas por el diputado Lara, porque sus perfiles socio-profesionales así lo demuestran.
Por el contrario, creo que no es demagógico reiterar que temporalmente hasta que se supere la crisis, los representantes públicos debieran adoptar medidas ejemplares como cobrar un solo sueldo. Al tiempo, solo los altos cargos de los gobiernos, responsables de los presupuestos debieran estar bien retribuidos y atender en exclusividad tan difícil responsabilidad en estos momentos críticos. De hecho, sabemos que los presidentes López, Feijoo y Rajoy han tenido problemas para conformar sus gobiernos ,porque los incentivos materiales, pero también los sociales y el enorme desafecto público disuaden a buenos profesionales a la hora de prestar este importante y respetable servicio público.
Finalmente los partidos que concurren a las próximas elecciones debieran reducir los gastos de las campañas electorales, habida cuenta la crisis y los consistentes datos demoscópicos. En efecto, las últimas encuestas postelectorales del CIS tras los comicios de 2009 en Galicia y en el País Vasco reiteran que el 75% de los electores tenía decidido su voto antes de los comicios. Dicho de otra forma, la campaña apenas influye en los electores, dato que se viene reiterando en las casi 150 elecciones celebradas en España. Además solo la mitad sigue la campaña en televisión (el medio más seguido), cifra similar a quienes ven folletos y programas electorales. Quienes asisten a los mítines se cifra en 10%. Es seguro que los ciudadanos aceptarán mucho mejor una ejemplar campaña sobria y austera.