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El duelo americano

Alejandro Muñoz-Alonso
lunes 24 de septiembre de 2012, 20:07h
Como suele suceder siempre, tras las convenciones que eligen, oficialmente, a los candidatos a la Presidencia de los Estados Unidos se produce un cierto “subidón” en las encuestas que beneficia brevemente al candidato que sale de ese baño multitudinario, con claros elementos circenses, que son las convenciones americanas. Unas convenciones que antes eran el momento decisivo en el que, a veces tras decenas y decenas de votaciones, tanto los demócratas como los republicanos designaban su candidato a ocupar la Casa Blanca. Ahora, después del largo proceso que son las primarias, se llega a las convenciones con todo decidido. Este año por parte demócrata no había ninguna duda pues era obvio que repetiría el tándem Obama-Biden. Y por parte republicana, Romney se había impuesto ya sobre sus rivales en las primarias y la única incógnita era a quién elegiría como candidato a la vicepresidencia. Como se sabe Romney se inclinó por el joven representante Paul D. Ryan.

Pero todo eso queda ya muy atrás y las encuestas parecen estabilizadas en una ventaja de Obama del orden de los cinco puntos que en un sistema electoral tan complejo como el americano –todo depende de quién se lleve los delegados de los estados más poblados, como California, Texas o Nueva York- es tan escaso que casi se podría hablar de “empate técnico”. Pero lo curioso, más allá de los porcentajes de las encuestas, es que se extiende la opinión de que ganará Obama y hasta en el propio campo republicano se percibe un neto escepticismo acerca de las posibilidades de Romney. Y eso a pesar de que los cinco puntos básicos del programa de éste -independencia energética para el 2020; cambios profundos en la educación; reducción del déficit; ayuda a las pequeñas empresas y comercio más libre y con menos trabas- son muy razonables y apuntan a algunos de los problemas más serios que afectan a los Estados Unidos. ¿Por qué, a pesar de todo, Romney empieza a ser considerado, quizás prematuramente, como perdedor?

Los comentaristas americanos se están cebando con las “meteduras de pata” de Romney –que tienen, por otra parte, una cierta tradición entre los candidatos presidenciales- y especialmente por el video grabado en el mes de mayo, en una de esas típicas reuniones para obtener fondos para la campaña, en la que Romney, entre otras lindezas, llegó a decir que el 47 por ciento de los americanos vivían de fondos públicos por lo que nunca le iban a votar y, en consecuencia, los excluía como objetivo de su campaña. Para acabarlo de arreglar aprovechó la ocasión para dudar de que alguna vez llegara la paz a Oriente Medio y expresó su escasa fe en la solución de los dos estados –que es la posición oficial de los Estados Unidos- para poner fin al conflicto palestino-israelí. Como consecuencia de aquello a Romney, según diría un español castizo “le han llamado de todo menos bonito”. Lo más leve –y, a la vez, lo más grave- un columnista prestigioso como David Brooks ha escrito que estos puntos de vista de Romney “sugieren que no sabe mucho acerca del país en el que vive”, algo que dicho del candidato a presidir ese país, es sencillamente demoledor.

Lo peor es no se trata de un hecho aislado pues empieza a ser ya muy larga la lista de las “salidas” de Romney. Cuando viajó al Reino Unido puso en duda la capacidad del país para organizar los Juegos Olímpicos, cuando los británicos andaban empeñados en que todo saliera de la mejor manera posible. Y en Oriente Medio expresó su escasa o nula simpatía por los palestinos, algo que no se puede permitir un presidente americano. Las críticas que ha hecho a la Administración Obama después del asesinato del embajador en Libia, cayeron también muy mal pues era el momento más adecuado para hacer frente común después de un hecho tan grave. Todo ello está afectando seriamente a la imagen de Romney al que muchos acusan de que solo puede presumir de saber hacer dinero con una enorme facilidad. Es un hombre rico pero no uno de esos ricos, tipo Gates, que puede enorgullecerse de haber creado muchos puestos de trabajo y haber generado la prosperidad para muchos, sino alguien que, sobre todo, es hábil para crear riqueza para sí y los suyos. Proyecta la imagen de un individualista que se preocupa escasamente de quienes no son tan hábiles como él. Una imagen muy alejada de aquel individualismo de los pioneros americanos que se concretaba en la máxima “bástate a ti mismo y sirve a los demás”.

Algún comentarista señala que todos esto demuestra que el Partido Republicano se ha alejado mucho de las tesis de la época Reagan –que, no lo olvidemos, fue el iniciador de los que se llamó la “revolución conservadora”- que había hecho suya la tesis de Hayek, el gran pensador liberal, según la cual el Estado tiene la obligación de establecer una “red de seguridad” (la safety net) para beneficiar a todos aquellos ciudadanos que se encuentran en dificultades por causas que no se pueden atribuir a su culpa. Ni el vituperado Bush llegó a esos extremos e hizo suya la idea del “conservadurismo compasivo”. Da toda la impresión de que el influjo del populismo del Tea Party ha sido muy negativo para el Partido Republicano y no parece que recoja las corrientes principales que hoy día existen en los Estados Unidos.

Se explica también así que un Presidente como Obama, que se ha quedado a años luz de las expectativas que suscitó, que solo puede presentar un balance muy modesto y que, durante mucho tiempo, parecía que iba a ser “un presidente de un solo mandato”, como Carter o Bush padre, tenga en estos momentos bastantes posibilidades de obtener un segundo mandato. Pero quedan todavía varias semanas antes del día electoral y, sobre todo, se tienen que celebrar los debates televisivos que van a suponer, seguramente, una baza definitiva.

Alejandro Muñoz-Alonso

Catedrático de la UCM

ALEJANDRO MUÑOZ-ALONSO es senador del Partido Popular

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