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Un vídeo, un agente provocador

Víctor Morales Lezcano
miércoles 26 de septiembre de 2012, 19:55h
El desencadenante de los lamentables acontecimientos que han tenido lugar en Libia el 12 de septiembre, y que se han visto reproducidos en El Cairo primero, luego en Yemen y Túnez mismo, Sudán del norte, y, finalmente, en Paquistán y Afganistán, invitan a reconocer que no le faltaban ni percepción premonitoria ni agudeza en su análisis a Lyautey, Mariscal de Francia, cuando comentó que el Islam es “como una inmensa caja de resonancia”. Basta un clamor sagrado, una insurrección local en defensa del Islam, o un atropello a los principios islámicos, por parte de un kafir, o infiel, para que toda esa caja de resonancia comience a reverberar hasta poner en pié de alerta a millones de musulmanes.

Los datos que se poseen hasta la fecha sobre el affaire Bengasi hablan de un factor desencadenante de los Disturbios a que se vienen refiriendo los medios.

A continuación se describe una acción, o una trama, o unas coincidencias malhadadas.

Un promotor de la industria televisiva (Morris Sadek), en conjunción con un asociado suyo (Steve Klein) -no ajeno a círculos judíos estadounidenses- produjo ¿un documental?, ¿un vídeo? de cortometraje, en torno a los 15 minutos de duración, de ambiente y acción orientalista. Un mal afamado distribuidor de nombre Nakoula Basseley Nakoula, de origen egipcio, pero de obediencia religiosa copta, impulsó el producto videográfico hacia algunos canales de difusión americanos que operaban en California y Nueva York, principalmente. El producto resultante lleva por título Inocencia de los Musulmanes; y según lo describen algunas fuentes de prensa y a través del espacio de Internet/ Google mostraría en sus imágenes las escabrosas inclinaciones sexuales del profeta Mahoma: poligamia, fabuladora pederastia, sodomía y otras “holganzas” e incontinencias carnales.

Si a lo anterior se suma el hecho de que encartes o trailers fueron difundidos en versión árabe, vía satélite, desde Estados Unidos, no cabe añadir más detalles al caso.

No resulta inimaginable la reacción en cadena que ha provocado Inocencia de los Musulmanes en la audiencia islámica, lo que Hillary Clinton en persona ha tildado de “vídeo de pésimo gusto y condenable”. Para agravar el Incidente, un pastor protestante (Terry Jones), asentado en Florida, congregó a sus feligreses en la parroquia de Gainesville con objeto de hacer un despliegue público de islamofobia mediante la proyección del vídeo.

En pocas palabras, la accidentada noche de Bengasi el 12 de septiembre de 2012 y el hecho de que el vídeo de marras tuviese una resonancia musulmana previsible se encontrarían estrechamente relacionados en el orto de los acontecimientos.

Naturalmente, la recepción de Inocencia de los Musulmanes ha sido diferente en el ámbito público anglosajón y europeo a la del ámbito islámico. Mientras que en Nueva York, Londres y París se ha considerado desmesurada la reacción musulmana, la marea de protestas callejeras muy coléricas y los atentados a varios edificios de propiedad extranjera (americana en Túnez) y anglosajona y germana (en Sudán), por no hablar del asesinato del embajador (Stevens) y de otras víctimas mortales que se han cobrado los Disturbios, unos cuantos dignatarios del mundo musulmán, por su parte, han reprobado la violencia de los asaltantes, aunque la mayoría de ellos han tendido a destacar la apostasía y la perversidad subyacente en el vídeo en cuestión: a efectos del vulgo musulmán, un vídeo made in America, procedente, pues, de una nación islamófoba.

Ante el panorama compuesto por una furia enconada versus ¿un documento de pacotilla orientalista?, ¿o un perverso subproducto filmográfico que ha perseguido escandalizar a millones de musulmanes, y empañar la imagen de Obama ante la muchedumbre americana en un momento electoral crítico?, se siente uno abocado al repliegue moral. En rigor, no es nada fácil inclinarse por cualquiera de las dos hipótesis de indagación, aunque no se deba caer en la tentación de que lo ocurrido en estos días de septiembre ha sido fruto del caprichoso azar o del fatal destino.

A lo que parece, en no pocas ciudades del Islam que se profesa en Asia -Karachi, Kabul, Bombay, incluso- los miles de manifestantes que inundan sus calles, no sólo proclaman su indignación por el ultraje cometido contra el Islam, sino que no cejan en pedir que se proceda a la captura y al enjuiciamiento de los ciudadanos estadounidenses responsables de la ofensa contra la imagen y el comportamiento del Profeta.

Es pronto, quizá demasiado pronto, para ir mucho más allá del estado en que se encuentra el dossier histórico abierto con la producción y difusión de la Inocencia de los Musulmanes. Ambas operaciones han tenido secuelas -desmesuradas o no- que han mantenido en jaque a las cancillerías occidentales durante las dos semanas transcurridas desde que el calendario marcó el undécimo aniversario del 11-S.

Víctor Morales Lezcano

Historiador. Profesor emérito (UNED)

VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías sobre España y el Magreb

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