Europa, de ensueño a pesadilla
martes 09 de octubre de 2012, 20:04h
Las previsiones económicas a nivel mundial que dio a conocer ayer el FMI son muy alarmantes para España y para otros países europeos como Grecia, Portugal e Italia, porque muestran una caída de sus respectivas rentas nacionales. En el caso de Grecia, el descenso del PIB alcanzaría el 4%, y en el de España, el 1,3%, cifra notablemente alejada de lo previsto por el Gobierno, que fija la contracción económica para 2013 en sólo el 0,5%.
En los últimos años, no ha sido infrecuente que el FMI anuncie cifras menos optimistas para España que las del Gobierno y que, al final, los analistas gubernamentales se hayan aproximado más a la realidad, pero, en cualquier caso, el panorama sigue siendo desolador porque estas variables macroeconómicas se traducen en dificultades graves de personas muy concretas. Si los expertos del FMI aciertan o, aunque no acierten, sus previsiones acaban estando más cerca de la involución real de la economía española, será prácticamente imposible cumplir el objetivo de déficit público, salvo que el Gobierno acentúe aún más una política de recortes que ya está haciendo estragos en ciertos estratos sociales. El déficit ocasionará más endeudamiento y acentuará todavía más el principal y más inmediato problema de la economía nacional, que es la financiación en los mercados internacionales, y no porque éstos hayan cerrado el grifo, que todavía no lo han hecho, sino porque estamos pagando unos intereses insoportables a medio y largo plazo, lo cual lastra el presupuesto público de una forma deletérea.
La más inmediata consecuencia de esta contracción económica será un repunte del paro –anunciado por el propio FMI– que ahondará más en la crisis y llevará a una contracción general del consumo y de las inversiones empresariales. Parece que estamos en una espiral sin retorno, la cual no permite vislumbrar ninguna salida de la crisis. Dentro de unos meses se cumplirá un año de la llegada al Gobierno de Rajoy y nada indica que su política haya reorientado la economía en un sentido más positivo que la del Gobierno anterior. Ni los grandes esfuerzos para la contracción del déficit ni las reformas aprobadas acaban de dar los frutos esperados. Se hace cada vez más necesario un plan bien articulado de incentivos que impulsen los sectores más productivos de nuestra economía para que sean ellos el motor del cambio tantas veces anunciado de modelo económico hacia sociedad del conocimiento. El fomento del empleo juvenil tiene que ser una de las claves.
El gran inconveniente que encuentra este plan es que las políticas keynesianas son inviables si no hay una financiación adecuada y a un coste reducido. La mayoría de los países europeos que se encuentran en una situación como la española no pueden ahora mismo financiarse a precios adecuados en los mercados internacionales, por lo que este plan tiene que ser activado a nivel europeo y el Gobierno debería acogerse cuanto antes a las líneas de financiación de la deuda que ha previsto el BCE. Es verdad que ni Grecia ni Portugal han conseguido mejorar sustancialmente después de haberse acogido al rescate, pero la economía irlandesa sí empieza ya a dar muestra de mejoría: en las previsiones del FMI se anuncia un crecimiento del 1,4% de su PIB para el 2013.
Por otro lado, es necesario que de una vez por todas las autoridades europeas abandonen el ritmo tardígrado en la toma y en la ejecución de sus decisiones, como en el caso del anunciado plan de inversión de 120.000 millones de euros, cuya materialización no acaba de producirse pasados varios meses desde que apareció el acuerdo en los medios de comunicación.
Las previsiones del FMI muestran la decadencia económica de Europa frente a la pujanza de otras zonas como Asia (China crecerá un 8,2%) e Iberoamérica (varios países crecerán por encima del 4%). Incluso Estados Unidos empezará a remontar con un crecimiento del 2,1%. Sólo algunos países del norte y del este de Europa crecerán por encima del 2%, mientras Francia y Alemania no acaban de despuntar y ofrecerán crecimientos respectivos de sólo el 0,4 y el 0,9%, que harán imposible que estos países sean la locomotora económica que Europa necesita. El nacionalismo, enmascarado tras los intereses económicos territoriales, está impidiendo la construcción de una verdadera Unión Europea que tome la forma de una federación. Mientras ésta no se alcance, los desequilibrios territoriales seguirán lastrando el futuro de la sociedad europea, y lo que empezó siendo un maravilloso ensueño puede acabar convirtiéndose en la peor de las pesadillas.
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Profesor de Historia del Pensamiento Político
JAVIER ZAMORA es licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Derecho por la Universidad de León, ha completado su formación con estancias de investigación en el Massachusetts Institute of Technology, el Max-Planck Institut für Geschichte y el Colegio de México.
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