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Si España respira, el nacionalismo se ahoga

José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
miércoles 17 de octubre de 2012, 20:16h
Los nacionalismos en España emergen cuando la Nación se debilita en lo político, lo institucional, lo social o lo económico. Así ha pasado antes, y así está pasando ahora. Aprovechan guerras exteriores o civiles, desastres, amenazas o frustraciones. Tal como cuervos carroñeros (que me perdonen los cuervos) se aproximan al cuerpo debilitado por si al final declina. Naturalmente, los cuervos, que no tienen nada de tontos, levantan el vuelo si el cuerpo se recupera y se pone en pie. Ahí se diferencian de los nacionalistas, que confunden su deseo de la debilidad del adversario con la realidad. Y seguirán insistiendo como insisten los lemmings hasta despeñarse.

Es cierto que Artur Mas aprovechará el peor momento de España para ganar sus elecciones con la bandera del antiespañolismo, pero eso no será el fin de la historia. Porque empiezan a aparecer malas noticias para los nacionalistas; empiezan a verse síntomas, aún es cierto que incipientes, de recuperación. Si ello mueve, aunque sea muy paulatinamente, al optimismo, los nacionalistas retrocederán, puesto que su gasolina es el pesimismo español. El pesimismo, y esa tendencia tan hispana a esforzarse en no querer a quien no te quiere y a poner alfombra roja al que te abandona, porque habrá sido por nuestra culpa, por haber amamantado a los criollos que después nos traicionaron.

Pero esto no es aquella América. Aquí, para que los criollos, hijos de españoles al fin, venzan, hace falta que los españoles, incluidos los catalanes, renuncien a España. Y eso es mucho más difícil. Si, por lo menos, el vecino francés nos declarara una guerra, pues a lo mejor tenían alguna posibilidad los nacionalistas, aunque eso tampoco les ha salido muy bien hasta ahora. Pero está pasando justo al contrario, pues hay que ver el apoyo que está dando Hollande a España, que cada día nos cae más simpático.

Pero no sólo Hollande. Hasta Obama, que también está interesado en que se arregle (al menos hasta sus elecciones) el rompecabezas europeo, influye para que España no caiga al abismo. Un gesto que sin duda ha conmovido el siempre sensible corazón de Moody's, que no ha apretado esta vez la soga del ahorcado. Y mientras todos presionan para que Rajoy pida el rescate, España va rescatándose sola poquito a poquito, y si llega la ayuda, ya podemos contar al menos con que no será a cambio de exigirnos la total flagelación y el cilicio.

Ha funcionado hasta ahora la prudencia de Rajoy. Ya hay quien piensa en Europa que España tiene salida. Con vueltas atrás, con sustos, pero la tiene. Y ha funcionado una acción exterior con nuestros vecinos, una complicidad con Francia, con Italia y con Portugal, sin que conllevara la gresca con Alemania, cuyo Gobierno también quiere que se salve España pero no sabe cómo explicárselo a sus votantes.

España está dando argumentos de que es posible, a un cierto plazo, la recuperación, si no median condiciones que aten de pies y manos cualquier iniciativa de crecimiento. Y da la impresión de que la oportunidad que está pidiendo recibe simpatía, aunque todavía tímida, porque la fama que nos hemos echado a la espalda es mochila difícil de quitar para la opinión pública de los países noreuropeos. Pero las elites de esos países ya saben que el principio "dad y se os dará" con España puede funcionar.

Si así sucede, si España fortalece su posición interior y exterior, los nacionalismos no tienen nada que rascar. ¿Quién querría irse de una España fuerte, homologada internacionalmente, respetada? Sólo los batasunos, que son muy zafios, pero no la bona gent catalana, la práctica pero muy sentimental burguesía del Principado.

Artur Mas, que ha descubierto tardíamente que su vocación frustrada era imitar a Companys (no hasta el final, imagino), podría acordarse de él cuando imploró la ayuda popular para defenderse de la suspensión del Estado que había proclamado unilateralmente en 1934. Las masas patrióticas le fallaron, y terminó por pedir ayuda a los inmigrantes. Pero no le hizo caso nadie. Porque un iluminado puede tener mucha atracción popular, hasta que la gente cae en la cuenta de que no todos los que se creen Napoleón lo son. Algunos terminan con la camisa de fuerza.

No descartaré que no exista alguna posibilidad para la autodisolución de España, porque cosas más raras se han visto. Pero sólo la tristeza nacional por una percepción de fracaso puede llevar a ello. Y eso lo saben los nacionalistas, y por eso tienen mucha prisa. Por eso se apresuró Mas a convocar elecciones ¡con dos años de antelación! Necesitaba pillar a España con la guardia baja, necesitaba explotar hasta la náusea la crisis y el estado de necesidad de sus conciudadanos. Y por eso ha jugueteado con la deslealtad para construir la traición. A sabiendas de que su reto ahondaba más el problema para España, la desestructuraba políticamente y la arruinaba económicamente. Porque sabe que si España respira, los nacionalismos se ahogan.

Como España salga de ésta, Mas va a tener que refugiarse en la Antártida. Porque hasta ahí le van a perseguir los suyos, ésos a quienes ha engañado con la estafa piramidal de la Cataluña independiente.

José Antonio Sentís

Director general de EL IMPARCIAL.

JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL

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