Italia, sin candidatos: ¿la izquierda?
Andrea Donofrio
x
adonofriohotmailcom/9/9/17
lunes 22 de octubre de 2012, 19:58h
Si la crisis de la derecha italiana parece grave y la sombra de Berlusconi aún demasiado presente, tampoco la situación del centro-izquierda tranquiliza a los italianos. El electorado de izquierda sigue inquieto y, a pesar de que los sondeos revelan la posibilidad de que el centroizquierda gane las elecciones, no sería la primera vez que consiguiera perderlas o, incluso, resucitar a Berlusconi. De hecho, ahora que todo parece estar en sus manos, aumenta el temor y la incertidumbre sobre su capacidad de poder gobernar el país. En los últimos años, la izquierda italiana se ha caracterizado por la sempiterna división de su clase dirigente, las inútiles luchas interinas e intestinas y, sobre todo, por su incapacidad para presentar un proyecto político reformista y alternativo, que no se limitase sólo a la demonización de Berlusconi. Y ahora que Berlusconi parece abandonar la arena política, podría quedarse huérfana de su enemigo y obligada, por tanto, a reflexionar sobre su estrategia. A finales de noviembre se celebrarán unas envenenadas primarias, que están poniendo de manifiesto su fragmentación y la existencia de numerosas batallas internas.
Las primarias del Partido Democrático -un buen ejercicio de democracia- están enfrentando principalmente a tres candidatos muy diferentes y con una idea de izquierdas “muy personal”. Por un lado, Matteo Renzi, alcalde de Florencia y capaz de “gustar” tanto al electorado de izquierda como a una parte de la derecha desilusionada por el berlusconismo. Para algunos representa “el nuevo que avanza”, el “rottamatore”, un joven político informal y “casual”, al estilo de Clinton y Obama. Sin embargo, otros le acusan de vago populismo, de derechismo camuflado o, incluso, de progresismo berlusconiano. Proveniente del ala católica del PD, ha lanzado un “desafío generacional”: mandar a casa la vieja clase política. Últimamente ha sido protagonista de una acre discusión con el presidente ejecutivo de Fiat, Sergio Marchionne, quien calificó a Florencia como una “ciudad pequeña y pobre” y a Renzi como “la mala copia de Obama”. Sin ánimo de entrar en la polémica, merece la pena recordar que Florencia ha sido la cuna del Renacimientio y de genios como Michelangelo Buonarroti o Leonardo Da Vinci, mientras la Fiat ha producido coches como la Multipla o la Duna…Marchionne es el emblema de los nuevos empresarios italianos: arrogantes y ofensivos. De todos modos, la polémica parece beneficiar a Renzi, reforzando su imagen “de izquierdas” y postulándole como gran outsider en estas primarias.
El otro candidato –puede que sea el favorito-, es Pierluigi Bersani, actual secretario del Partido Democrático, favorable al compromiso y al diálogo, promotor de muchas liberalizaciones cuando fue ministro de Desarrollo Económico en el Gobierno de Romano Prodi (2006-2008). Proveniente de las filas del viejo Partido Comunista Italiano (el más importante de Europa hasta su disolución a principio de los años noventa), para muchos se trata de una buena persona a la que le falta carisma y combatividad, mientras para otros forma parte de la “vieja guardia”. Bersani parece desear “adaptar la tradición a las circunstancias que se presentan”. Y, el último candidato es Nichi Vendola, presidente de Apulia y político en alza de la izquierda italiana. Tras una buena gestión de su comunidad, Vendola se postula como el representante del ala más izquierdista y su postura se está radicalizando en la defensa de los derechos de las minorías. Aunque con pocas posibilidades concretas de ganar las primarias, Vendola abandera la solidaridad y la igualdad, mayor justicia social y menos liberalismo.
Se presenta una carrera muy reñida y de gran interés e incertidumbre: la división entre los “nuevos progresistas”, la vieja guardia y los “extremistas” no debe perjudicar la creación de una alternativa creíble. Las primarias deben servir para escoger candidato y consensuar programa, y no deben convertirse en una ocasión para sacar trapos sucios y hacer ataques personales. La izquierda italiana debe evitar una nueva fragmentación y mostrarse como fuerza capacitada para tomar las riendas del país. Los sondeos no deben crear falsas ilusiones: al partido aún le queda mucho trabajo y las disputas internas entre lo viejo y lo nuevo, no deben perjudicar su camino. Las corrientes internas deben representar una fuente de debate y no una lucha por cotas de poder. La izquierda italiana debe encontrar un líder capaz de devolverle protagonismo en la escena política nacional. No sólo se trata de un ejercicio de democracia, sino que está en juego la credibilidad de la sinistra italiana.
|
Politólogo
Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
|
adonofriohotmailcom/9/9/17
|