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Distanciamiento de los grandes partidos

Javier Zamora Bonilla
martes 23 de octubre de 2012, 20:12h
No se está insistiendo suficientemente en una de las enseñanzas que debería sacarse de las pasadas elecciones gallegas y vascas. El hundimiento del PSOE en ambas autonomías, la amplia victoria del PP en Galicia y el triunfo de los partidos nacionalistas en el País Vasco han centrado los análisis postelectorales y se está obviando un hecho evidente: los grandes partidos, no sólo el PSOE sino también el PP y el PNV, han perdido muchos votos a pesar de que la abstención apenas ha aumentado en Galicia e incluso se ha reducido en el País Vasco.

En el caso del PSOE, la pérdida es tan grave que obliga definitivamente a que se plantee una reflexión profunda dentro de los órganos del partido y en los think tank aledaños para que se produzca una reorientación tanto de las políticas de gobierno como de las de oposición que se están realizando en las distintas comunidades autónomas y a nivel estatal. De esto está hablando todo el mundo, pero me interesa destacar lo que no se está diciendo o a lo que no se está dando la importancia que en mi opinión tiene: el PP en Galicia ha perdido casi 140.000 votos y el PNV unos 16.000 respecto a las elecciones de 2009 y más de 80.000 en relación a las de 2005. Hay que relativizar, por lo tanto, la victoria del PNV, que ha perdido 3 escaños; conviene interpretarla más bien como un hundimiento del PSE y un crecimiento notabilísimo del voto abertzale de izquierdas, pues los sufragios al PP han descendido sólo en unos 16.000 votos. De la misma forma, hay que relativizar la victoria del PP en Galicia, la cual, en ningún caso, puede ser interpretada como un apoyo incondicional a las políticas del Gobierno de Rajoy ni del propio Núñez Feijóo. El hundimiento del PSOE y la disputa entre los partidos nacionalistas tiene mucho que ver con la mayoría absoluta que ha conseguido el PP.

Los dirigentes del PSE y del PP deberían estudiar detenidamente los enormes errores que han cometido en su intento de poner fin a la larga hegemonía nacionalista en el País Vasco. No han sabido explicar ni su acuerdo inicial ni la ruptura del mismo a unos ciudadanos que no acababan de entender lo que muchos veían como un pacto antinatural. Mientras que el PP vasco fue capaz de convivir mal que bien con el Gobierno de Zapatero y consiguió articular un discurso propio distanciado de los órganos centrales del partido, Patxi López no ha sabido construir una cohabitación equilibrada con el Gobierno del PP en Madrid. Su apuesta por ser la avanzadilla de la crítica a Rajoy la ha pagado ahora muy cara en las urnas.

Resulta muy difícil de entender que el Gobierno vasco que ha gestionado el final de la banda terrorista ETA haya sido desplazado del poder tan rápida como contundentemente, al tiempo que crecían los votos de aquellos que han sido durante todos estos trágicos años la cara política de los que empuñaban las pistolas y ponían las bombas.

El resultado electoral en el País Vasco muestra la incapacidad de los líderes del PP y del PSOE para alcanzar consensos básicos, incluso en aspectos tan importantes como las garantías de las libertades de los ciudadanos. PP y PSOE han sido incapaces de tener la grandeza de miras y de ánimo para presentarse conjuntamente como los artífices de la paz sin escatimarse méritos el uno al otro y, si no olvidando los errores, sí dejando éstos en un plano muy secundario. Su imprudencia ha abierto la vía a los que han apoyado a los terroristas y a los que, a pesar de luchar contra ellos, se sentían muchas veces cómodos compartiendo con ellos el fin último de la independencia.

Al PP le toca ahora gestionar desde el Gobierno central una situación política compleja que se agrava con el giro independentista de CiU en Cataluña. El triunfo en Galicia no debe nublar la vista a los responsables del PP, que deben ser conscientes de que su discurso no cuaja ni el País Vasco ni en Cataluña, y seguramente calaría menos si se opta por opciones más derechistas. Quizá la mala experiencia vasca haga recapacitar a los grandes partidos, pero sinceramente no lo creo, pues siguen ensimismados en sus políticas de confrontación.

El distanciamiento que los ciudadanos muestran respecto a los grandes partidos se está traduciendo en un incremento del voto de posiciones izquierdistas y/o nacionalistas. Los comicios gallegos son un buen ejemplo. El PSOE puede cometer el error de pensar que tiene que radicalizar su programa hacia la izquierda y hacia posiciones nacionalistas para recuperar un espacio político que está perdiendo. Su equívoco discurso federalista puede hacer que muchos votos centristas socialdemócratas se alejen del PSOE, como se alejaron por el planteamiento que Zapatero hizo del Estatut catalán. La pérdida de estos votos centristas puede ser aún más grave para el PSOE que la que se produce en el ala izquierda de su electorado, y podría convertir al partido en un actor secundario de la política española. Rubalcaba haría bien en pilotar el cambio de programa y el recambio de sí mismo. Antes de marcharse, haría un buen servicio al partido si lidera la construcción de un programa político coherente que, sin perder lo esencial de la socialdemocracia en lo positivo que la tercera vía de Blair tiene, sea capaz al mismo tiempo de dar respuesta a las justas reivindicaciones de los movimientos sociales para ofrecer una democracia más transversal y participativa, más adaptada a los tiempos tecnológicos y globalizados que vivimos, y con un enfoque de justicia social. Este programa tiene que marcar nítidamente las diferencias que existen entre la socialdemocracia y el neoliberalismo recortador del PP y de CiU y también respecto a las posiciones radicales de algunos grupos de izquierdas y nacionalistas que llevarían al país por derroteros peligrosos.

Javier Zamora Bonilla

Profesor de Historia del Pensamiento Político

JAVIER ZAMORA es licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Derecho por la Universidad de León, ha completado su formación con estancias de investigación en el Massachusetts Institute of Technology, el Max-Planck Institut für Geschichte y el Colegio de México.

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