¡Pobre señor Halloween!
jueves 01 de noviembre de 2012, 19:40h
Este pasado miércoles, niños de toda España han ido al colegio más contentos que unas castañuelas. Brujas, magos y esqueletos han poblado aulas y guarderías, haciendo las delicias de pequeños y grandes. Entre éstos últimos, sin embargo, hay opiniones encontradas, pues no falta quien mira de reojo a Halloween, catalogándola de fiesta pagana o importada. Personalmente, creo que trivializar el miedo a monstruos y fantasmas no le hace ningún mal a los niños; antes al contrario. Y encima se lo pasan bien sin mayores pretensiones.
Como católico que soy, valoro en gran medida las festividades de Todos los Santos y Fieles Difuntos. Y no sólo no me ofende Halloween, sino que me resulta hasta simpático. ¡Pobre señor Halloween, quién quiera que sea, la mala prensa que tiene! Basta echarle un ojo a internet para ver que se trata de una celebración que hunde sus raíces nada más y nada menos que en el mundo celta. En la primera noche de luna llena de noviembre celebraban la fiesta de Samhain o “Final de Verano”. Esa noche se encendían hogueras para ahuyentar a los malos espíritus que, junto con los buenos, campaban a sus anchas por el mundo de los vivos hasta el amanecer. Y claro, como las familias pensaban que sus deudos se pasarían por casa, lo suyo era tenerles de cenar por si tenían hambre. Así las cosas, hay quien piensa que cuando hoy los niños disfrazados van de casa en casa diciendo aquello de trick or treat están perpetuando de forma inconsciente antiguos y oscuros rituales celtas. México, por su parte, se remonta a los aztecas para su “Fiesta de los Muertos”, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, con tanto colorido como devoción.
Algunos consideran que Halloween es un americanismo importado, que no casa para nada con nuestras tradiciones. Según la Real Academia Española, “tradición” es, entre otras acepciones, toda aquella “doctrina, costumbre, etc., conservada en un pueblo por transmisión de padres a hijos”. ¿Qué hay de malo en que venga de fuera? También son foráneos la horterada esa del Día de San Valentín -quizá debiera llamarse mejor Día de El Corte Inglés-, o los respectivos días de la Madre y del Padre, y no por ello dejan de estar perfectamente asumidos.
Corría el mes de julio de 1981 en Madrid, con un calor sofocante. Jóvenes vallecanos que entones estaban participando en las Fiestas del Carmen empezaron a refrescarse con las bocas de riego municipales, mientras otros vecinos empezaban a arrojar agua desde sus balcones. Hoy, la “Batalla Naval de Vallecas” es una de las fiestas más divertidas del verano; toda una tradición. Al igual que las uvas estivales que se toman en el municipio granadino de Bérchules, desde que la Nochevieja de 1994 no pudieran hacerlo por un fallo en el suministro eléctrico. Son tradiciones recientes, curiosas y que no se meten con nadie. Como disfrazarse en Halloween, haciendo risa del supuesto miedo. Puestos a aterrorizar, primaron las indumentarias de ERE, liberado sindical, nacionalista o Belén Esteban a cara lavada -habrá quien la acompañe con un libro, pero eso más que aterrador es imposible-; todos igual de pavorosos.
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Abogado
ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset
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