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Chaconismo by mail

José Antonio Ruiz
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jantonruytelefonicanet/9/9/20
viernes 02 de noviembre de 2012, 17:48h
De espantos y aparecidos. Va a ser verdad que los espectros de las celebrities se desatan por Halloween y que como dice Simeone «España parece Disney comparada con Argentina».

Paula Prendes, chica de portada en FHM: «Antes iba de tigresa, pero ahora soy gatita». A Chacón, chica de portada del diario El Mundo, le sucede justo lo contrario, o sea, que iba de gatita sobre el tejado de zinc y ahora va para tigresa de la casa encantada del PSOE por obra y gracia de Pedro J. Ramírez, que parece sentir debilidad por los huesos de santo de Carmina.

«Soy rotunda y radicalmente contraria a la independencia de Cataluña», le ha dicho a Casimiro García Abadillo, a cinco columnas y porque la sábana de papel no daba para más, que de haber sido un tabloide se hubieran derramado los entrecomillados por los bordes.

El periódico de la avenida de San Luis vuelve a tomar partido machacón; aunque bien mirado, más pena da El País, que ni sabe ni contesta, o mismamente ABC y La Razón, que a menudo se extravían, se salen de la curva por la tangente del ridículo, y les da por repetir tarjetas postales del skyline de Manhattan.

Está la profesión para echar a correr sin mirar atrás gritando socorro. Ya sé que no es el The Times, ni el New York Times, ni el Wall Street Journal, ni el breaking news del Washington Post; pero hay un libelo cuyo nombre ni miento como señal elíptica de insignificancia que ha ilustrado el 4-5 del Chelsea al Manchester United con una foto del niño Torres, que ni jugó el partido.

Superproducciones Barroso. Cuarenta y un años ha tardado la de Esplugas de Llobregat en declararse española al 50% por parte de padre y al otro 50% catalana por parte de madre. Y lo ha hecho a lo grande, en El Mundo, El País, la tele de Ana Rosa, la tele de Susana Griso y en Vanity Fair. Ha sido la ofensiva mediática tan apabullante, que la nena ha conseguido contraprogramarse a sí misma con su reaparición estelar, lo que ya de por sí tiene su mérito en estos tiempos de fragmentación de las audiencias.

Hija de un bombero de Olula del Río, vuelve a salir la zagala del escondite donde aguardaba agazapada la razón de oportunidad política después del primer round de tanteo con Alfredo, dispuesta a incendiar el debate sobre el liderazgo socialista.

De tanto guardar silencio mientras las ánimas de sus rivales escapaban del purgatorio, su señor marido, en el papel de médium manager, ha debido de caer en la cuenta de que su Agustina de Aragón reencarnada se estaba quedando rezagada en la carrera sucesoria y ya iba siendo hora de recuperar el terreno perdido. Nunca es tarde si la ambición es buena.

Ya se aprestan los aspirantes a componer el Réquiem de Rubalcaba y a escribir en la lápida su epitafio con los renglones torcidos de su adiós. Los conjuradores se reúnen en torno a una queimada en compañía de las meigas a la espera del paso de la Santa Compaña. Los enterradores suelen ser personas de pocas palabras, aunque son los muertos los que tienen siempre la última palabra.

Fuera de concurso, Pepe Bono y Paco Vázquez llevan días ensayando a dúo, por vía telepática, las exequias fúnebres, aun a sabiendas de que pocos en el partido, partido, saben latín, y que el gato al agua, como sucediera con ZP, se lo acabará llevando el caballo blanco más insulso pero con menos detractores, y no va a ser Antonio Jiménez de Intereconomía: «Requiem æternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis» («Concédeles el descanso eterno, Señor, y que brille para ellos la luz perpetua»).

Zapatero se resiste a la jubilación. Y como el Mío Cid Campeador del Cantar Quinto, dispuesto parece estar después de su destierro a ganar su última batalla aún después de muerto a través de persona interpuesta, como si fuera un vientre de alquiler.

Viaje mental en el tiempo. Avistamientos de ectoplasmas. Como el de Ana Bolena, el fantasma de José Luis pasea por Ferraz con su cabeza bajo el brazo, como si fuera un bolso de Loewe, hueco como las maracas de Antonio Machín. Susurran las paredes, se escucha un ruido de cadenas, chirrían los goznes de puertas y ventanas… Tengo pesadillas, y en ocasiones veo muertos…

Hay razones para bailar la yenka como Enrique y Ana, pero lo más lejos posible de este camposanto lleno de muertos vivientes. «Mi novio es un zombi» (Alaska y Dinarama). «No es serio este cementerio» (Mecano). Más miedo me da España que las entrevistas vampíricas de Anne Rice, los cuentos góticos de Poe, o las abracadabrantes novelas de Stephen King. La literatura mortuoria siempre ha tenido mucho tirón antes de Dickens y después de Agatha Christie.

En la Generalitat valenciana hay edificios oficiales donde da pánico entrar, como en el tren de la bruja de cuando niño, porque les han cortado la luz por impago del recibo y está todo oscuro tirando a negro, como esta España negra y embrujada, pueblo maldito, destino espeluznante, que se resiste a descansar en paz mientras siga sonando la marcha fúnebre. ¡Manifiéstate!

En el Palau de la Generalitat catalana, entretanto, se suceden los fenómenos parasicológicos paranormales en la oscuridad, las fantasías escalofriantes, las historias sobrecogedoras y las experiencias fantasmales. Hay días que aquello parece el país de los orcos, los elfos y los hobbits, de la cantidad de criaturas aterradoras que sobrevuelan, levitando, la Plaza de San Jaume. Como en las peores alucinaciones, lo mismo aparece la niña del exorcista que un vampiro errante fumando en pipa.

Los Pujoles siguen con sus sesiones de espiritismo y telequinesis. Se escuchan psicofonías. Y hasta hemos asistido, “estupefacientes”, a desapariciones tan misteriosas como la del Mesías fulero Arturo, a quien se le ha visto haciendo turismo funerario por la Plaza Roja de Moscú.

¡Pobrecito mío! Sólo ha acudido a recibirle la momia de Lenin. Aunque bien mirado, allí se tenía que quedar el comunista de derechas a ver si vuelve con nuevos modales democráticos y para entonces ya han levantado el embargo a la sede de Convergencia. Tarde o temprano Cataluña tendrá su noche de los cristales rotos.

47 millones de durmientes. Acabarán sepultándonos fuera de las ciudades para evitar las epidemias. Como en The Walking Dead, sólo podemos aspirar a sobrevivir al apocalipsis zombi. The Spanish Ghost Society, de cuerpo presente.
Adiós a la semana más triste en mucho tiempo. Mi hijo mayor tiene dieciocho años y me imagino que las mismas ganas de vivir que tenían las tres chicas que han muerto en el Madrid Arena, donde después de que el Samur sacara por la puerta de atrás sus cadáveres envueltos en papel de plata... siguió la fiesta.

José Antonio Ruiz

Periodista

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