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crónica económica

España será un país de segunda en 2060

sábado 10 de noviembre de 2012, 10:12h
Vivimos una realidad tan dura, y la vuelta a los años buenos son tan lejanas, que mirar a cómo será el mundo en 2060 produce cierto alivio. Aunque las perspectivas para España no son para nada brillantes.
La OCDE, el club de los países desarrollados, ha elaborado un informe para intentar captar cómo será el mundo de aquí a medio siglo. El esfuerzo para lograrlo es enorme, y las posibilidades de éxito escasas. No tenemos más que pensar qué se hubiera dicho en 1962 de cómo sería el mundo en 2012. ¿Habrían previsto el derrumbe del bloque soviético? ¿Habrían previsto una Europa federalizada y enferma económicamente, un Japón estancado y unos Estados Unidos abandonando su liderazgo? ¿Habrían adivinado que la zona más pobre del planeta, el sudeste asiático, se convertiría en estos años una de las más pujantes del mundo? ¿Habrían adivinado que el África post colonial, sobre la que se volcaron enormes esperanzas tras zafarse el yugo de los países desarrollados, iba a ser la imagen de la pobreza? Probablemente no.

Pero eso no quiere decir que hacer predicciones tan a largo plazo sea imposible. Aunque el mundo está sujeto a cambios históricos decisivos e imprevisibles, también hay procesos que se mantienen en el tiempo y que simplemente maduran. A eso se aferran los autores del estudio de la OCDE. En esa mirada de largo alcance, que probablemente no podrán comprobar alguno de sus autores, hay pasos intermedios, más cercanos, que sí verán sus ojos.

Por ejemplo, que tras casi un siglo pensando en los Estados Unidos con la frase “la primera economía del mundo”, ahora tendremos que pensar en China. Son 1.200 millones de personas, mientras que en el país de George Washington son algo más de 300. El sorpasso es, hasta cierto punto, previsible. Pero el informe le pone fecha: 2016. También pone fecha para aquél día en el que China superara el tamaño de la eurozona: 2013. Sí, el año que viene. Pero hay más: “Las tasas de crecimiento más rápidas de China e India implican que su PIB combinado excederá el de los G7 al rededor de 2025, y que en 2060 serán una vez y media su tamaño”. Es más, dentro de cincuenta años, el tamaño conjunto de China e India será mayor que el del conjunto de los países que ahora forman parte de la OCDE. Estados Unidos más Japón más Alemania más Italia más... y así haciendo la suma de los más de 30 países que conforman la OCDE.

El mundo crecerá, de media, un 2,9 por ciento. Los países desarrollados lo harán a un ritmo más lento, del 2 por ciento. Y España crecerá a un ritmo todavía más lento, del 1,7 por ciento anual. En el caso de nuestro país, crecerá entre 2011 y 2030 un 2 por ciento al año de media, y entre ese año y 2060 un 1,4. El principal motivo es el rápido envejecimiento de nuestra sociedad. Con ser nuestra perspectiva bastante magra, es mejor que la de otros países que, de cumplirse lo que espra la OCDE, crecerán menos: Un 1,6 por ciento (Francia, Polonia y Corea), un 1,4 por ciento (Italia, Grecia, Portugal y Austria), un 1,3 por ciento (Japón) o un 1,1 por ciento (Luxemburgo y Alemania). De modo que España será un país de segunda en el mundo, aunque lo mismo le ocurrirá al conjunto del continente, más viejo que nunca.

¿Porqué crecerán menos los países desarrollados? ¿Por qué los países emergentes moderarán también su crecimiento en el futuro, según lo que espera la OCDE que ocurra? En parte por ese envejecimiento. Pero desde aquí se adivina una tendencia que, por el momento, y a la espera de que un zurriagazo de la historia arruine el camino que ha elegido el mundo, explica ese menor crecimiento de los países a medida que se hacen más ricos.

No es por lo que creía David Ricardo, cuyo modelo describía un futuro agotamiento del crecimiento hasta llegar a agotarse. Sino porque a medida que nos hacemos más ricos, el Estado puede quitarnos una proporción mayor de nuestra renta y riqueza y puede dilapidarlo en todo tipo de programas de gasto, y aún así nos podemos permitir mejores niveles de vida. Pero el crecimiento del Estado ahoga el de la economía. Este tipo de mecanicismos se dan, pero también es cierto que un desarrollo imprevisto de la historia puede romperlo en algún sentido.

Todo lo cual nos permite tener dos pensamientos positivos. El primero de ellos es que aunque sean razonables las tendencias apreciadas por la OCDE, no están escritas en mármol en la historia de la humanidad, y podemos mejorarlas. Y, segundo, que seguiremos creciendo. Y que, aunque nunca faltarán agoreros que nos digan que acabaremos con los recursos ni periodistas dispuestos a creerles sin hacer concesiones a un amago de reflexión, la mayoría de nosotros, y quienes nos sigan, seguiremos intendando hacer en nuestra parcela más fácil la vida y, en conjunto, será eso lo que prevalecerá.
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