Maldito sea Dostoievski
martes 13 de noviembre de 2012, 20:29h
Atiq Rahimi, escritor afghano afincado en París, ha sido capaz de trasladar al Kabul de hoy el arquetipo de personaje de Dostoievski (o Dostoiewsky, según grafías): el ruso permanentemente crispado, ayuno de sosiego mental y confuso por las ondulaciones de su personalidad, resbaladiza siempre entre el sueño, la vigilia y la obsesión. Y ello, con el añadido mérito de que el protagonista de su novela no es un “mujaheddin”, ni un agente de la CIA, ni un narcotraficante y ni siquiera un ruso. Es, más bien, lo que por estos pagos llamaríamos un parado, aunque los parados, por aquí, aún no se fumen los escorpiones a falta de “Marlboro” (que todo se andará: una celebridad de la música como Enrique Heredia “Negri”, pese a no faltarle galas, aún reciente su triunfo en Sevilla e inminente el de Madrid, está ya –y existe constancia gráfica- haciendo tentaderos con Israel Lancho, no sea que la crisis vaya a más y haya que salvar el mes presentando la muleta bien planchada a un toro).
La lectura de la novela de Rahimi me ha hecho retroceder al día en que empecé a leer “El Doble”, de Dostoievski, en el autobús que llevaba desde la Plaza de Castilla hasta la Universidad Autónoma de Madrid, donde por entonces hacía como que estudiaba. De ahí pasé a “El jugador” y, durante un tiempo, no paré. Para mí, sólo existía Dostoievski. Temo que, con este experimento literario de Rahimi, me sobrevenga un rebrote de aquella fiebre. Además, pocas veces he visto mejor reflejado ese juego de espejos mágicos que, en el fondo, es la mujer como en el “burkha” azul de la que, en esta narración, recorre con pasos esquivos y misteriosos las calles kabulíes.
Un acierto de Siruela, el lanzamiento de este “Maldito sea Dostoievski”, de Atiq Rahimi, brillante relato revelador, entre cosas, de que es perfectamente posible ambientar en Afghanistán una novela que capture el interés del lector del llamado Primer Mundo… sin necesidad de insultar a la inteligencia ni a los habitantes del lugar en que la historia transcurre. En lo que a Afghanistán se refiere, es el primer caso que conozco.