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Tomándose en serio la reivindicación de Cataluña

José Eugenio Soriano García
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josesorianoelimparciales/11/11/23
miércoles 05 de diciembre de 2012, 20:19h
Pasadas las elecciones, llega el momento de la reflexión, también académica y periodística, además de la propiamente política.

Y creo que es el momento de reunir con pausa y calma una Comisión que sin presión inmediata y al modo del momento en que hubo consenso constitucional, como fue el de la Transición política, se logre pensar, deliberar, cavilar, sobre las reivindicaciones que han llevado a la exasperación política en y desde Cataluña.

Porque bien mirado, es cierto en términos cuantitativos y creo también cualitativos, que la autonomía política que goza es realmente única en su historia (que por cierto, estoy estudiando como tantos y tantos otros españoles). Y sin embargo no ha parecido suficiente. Y no lo ha parecido, y ya entro en harina, por las mismas y potísimas razones que llevaron a Baviera a realizar una reivindicación (mucho más civilizada y con lealtad constitucional, pero enérgica desde luego) de carácter económico y con un claro componente fiscal. Y es que, permitan la expresión periodística y común, “la pela es la pela” y eso es cierto aquí y en cualquier otro lado. La idea de que existe un “expoli” sea o no sea cierta y sea cierta o no en algún grado, ha calado profundamente, hasta extremos irreconocibles en su extensión entre la población catalana. Podrá acusarse a los medios gubernamentales de la Generalidad haberla extendido, pero lo cierto y verdad es que ha perforado el sentir de los electores catalanes que rezan unánimemente ese lema como una verdad revelada e inconmovible. Ciertamente, aquí en Madrid podríamos utilizar un argumento semejante, pero da igual, porque el caso es que no lo utilizamos y lo que en política no se utiliza , simplemente no existe.

Por tanto, lo primero que hay que hacer es atender con toda seriedad, con rigor técnico también y no solo político, cual ha de ser el método y componentes del cálculo de las balanzas fiscales. Es imprescindible que haya debate sobre el método y que, además, se clarifique en términos tales que todos podamos llegar a comprenderlo. No basta en absoluto quedarse en el ámbito meramente técnico y con la oscuridad tradicional de los economistas y de los académicos, cerrarse endogámicamente en un asfixiante círculo del que los demás no podamos opinar ni decir nada. No. Estoy, como ocurre en Derecho con las Sentencias judiciales, hay que acabar traduciéndolo para que hasta un juez lo entienda, sea el tema que sea. Porque, sigo con el ejemplo, cuando hay que decirle a un Juez cualquier cosa sobre un asunto técnicamente complejo, al final, tiene que entenderlo para asumirlo y ponerlo en una Sentencia. Esa es la gran ventaja del Derecho, que se constituye en lenguaje común de todos, sea cual sea la tecnicidad o tecniquería del término y del asunto y sea cual sea su complejidad. Pues bien, las balanzas fiscales hay que acabar poniéndolas en el nivel de la calle, o más precisamente, en el nivel del Juez, persona culta que no sabe de todo pero sí sabe que tiene que juzgar de todo y que al final lo hace. Ese nivel es muy importante, ya que podemos llegar a tener un buen debate sobre lo que efectivamente sucede en Cataluña en relación con las balanzas fiscales, evitando la paradójica situación actual en que la propia Generalidad tiene nada menos que hasta cuatro balanzas distintas con resultados en la antípodas unos de otros.

Y asimismo, resulta clave que una Comisión formada por políticos de altura (no hay muchos y habrá que rescatar a M. Roca, F. González…) ponga en blanco sobre negro un borrador clarificatorio de la Constitución. Aquí aparece también el elemento académico, porque si queremos que los políticos actúen con conocimiento de causa, sí que tendría que haber académicos que les apoyaran, en la sombra si se quiere o a plena luz, iluminen los aspectos y ámbitos en los que el Derecho comparado o la evolución jurisprudencial constitucional, exige u ofrece rectificación de contenidos, actitudes y de la propia oscura en muchas ocasiones jurisprudencia constitucional. Porque hay aspectos en los que se pueden ofrecer a los políticos buenas técnicas, para que las tengan en cuenta o por lo menos para que sepan el costo político de no tenerlas en cuenta.

Estas reflexiones, a la luz del libro reciente de Santiago Muñoz Machado “Informe sobre España” me las ha sugerido no solo su lectura sino la presentación que se ha hecho con varios políticos, retirados y en activo, y donde parece hubo cierto consenso en que efectivamente hay que tomarse en serio lo que Cataluña exige o pide. A partir de ahí, entrar en el debate, racional, también racional por una vez, puede ser un buen elemento para centrar, calmar y explicar con argumentos y razones lo que tantas veces la mera pasión o la rauxa esconde e impide hablar. Hay que conversar ya que si se hizo la Constitución a partir de una situación que emergía de una Dictadura ¿cómo no se va a poder hablar ahora entre personas que creen y practican la democracia?

José Eugenio Soriano García

Catedrático de Derecho Administrativo

JOSÉ EUGENIO SORIANO GARCÍA. Catedrático de Derecho Administrativo. Ex Vocal del Tribunal de Defensa de la Competencia. Autor de libros jurídicos.

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