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Escritura entre líneas: la censura puesta a prueba

Enrique Aguilar
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enrique_aguilarucaeduar/15/15/19/23
miércoles 05 de diciembre de 2012, 20:22h
En un ensayo inolvidable titulado "La persecución y el arte de escribir" (1941) Leo Strauss se refirió al modo mediante el cual, a lo largo de la historia, los pensadores independientes pudieron eludir su silenciamiento recurriendo a una peculiar técnica de trabajo: la escritura entre líneas.
¿Por qué esta técnica, dirigida al lector confiable y reflexivo, sirvió tanto para sortear la censura como el “ostracismo social” y mantenerse dentro de los límites permitidos? Porque invierte de alguna manera la carga de la prueba obligando al censor a demostrar que las ambigüedades del escritor, sus deficiencias literarias o aun sus aparentes yerros o incoherencias no son sino construcciones deliberadas tendientes a disfrazar su heterodoxia volviéndola inofensiva.

La distinción entre escritura "esotérica" y "exotérica" resulta en este sentido por demás esclarecedora para la comprensión de un libro escrito en épocas de persecución política, religiosa o intelectual, cuando el filósofo se ve obligado a autoprotegerse. (En su magistral libro Leo Strauss: el arte de leer, Claudia Hilb recuerda que esa distinción también remite “a la necesidad de la filosofía de ocultar el carácter subversivo de su búsqueda de la verdad”). Como afirma Strauss, “si un escritor diestro, que tiene una mente clara y un perfecto conocimiento de la opinión ortodoxa y de todas sus ramificaciones, contradice en forma subrepticia y, por así decirlo, al pasar uno de sus presupuestos o consecuencias necesarios, explícitamente reconocidos y sostenidos por él en todos los demás lugares, podemos plantear la sospecha razonable de que se oponía al sistema ortodoxo como tal, por lo cual deberemos estudiar de nuevo todo el libro, con mucho más cuidado y mucha menos ingenuidad que nunca”.

Es cierto que los escritores no siempre confiaron al lector la tarea de desentrañar la verdad camuflada en sus enunciados. Strauss recuerda, por ejemplo, que a partir de mediados del siglo XVII los filósofos heterodoxos (entre ellos Thomas Hobbes) disimularon cada vez menos, "apenas lo suficiente", sus opiniones guiados por la intención de ilustrar a un número creciente de personas y de contribuir con ello a la abolición de la persecución, propósito que difícilmente hubieran logrado si se hubiesen mostrado “más sutiles”.

En cualquier caso, un libro exotérico resultará siempre valioso. En condiciones de libertad aseguradas, la posibilidad de descubrir “tesoros ocultos” tras una larga y fatigosa labor es en sí mismo placentera y demostrativa, de paso, del grado de educación alcanzado en la sociedad de que se trate. Por otro lado, en tiempos en que la libertad de pensamiento y el derecho a expresarlo no gozan de garantías suficientes o se ven sospechados, ese libro no sólo resultará valioso; se volverá, más aún, imprescindible. Tan imprescindible como la lectura de este ensayo de Strauss, “La persecución y el arte de escribir” que, en algunos contextos, lejos de parecernos extemporáneo, reviste una actualidad inusitada.

Enrique Aguilar

Politólogo

ENRIQUE AGUILAR es director del Instituto de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica Argentina

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