RESEÑA
Mariano Alonso y Luis F. Quintero: Otegi. El hombre nuevo
domingo 09 de diciembre de 2012, 16:15h
Mariano Alonso y Luis F. Quintero: Otegi. El hombre nuevo. Sepha. Madrid, 2012. 337 páginas. 17,95 €
Los periodistas de Es Radio, Mariano Alonso y Luis F. Quintero, nos ofrecen la radiografía completa de la trayectoria de una de las figuras más relevantes del mundo abertzale como es Arnaldo Otegi, actualmente en prisión por pertenencia a organización terrorista. A través de cuatro capítulos y un epílogo, rastrean todos y cada uno de los momentos de su vida a través de datos contrastados, fuentes bibliográficas abundantes y un estilo fresco y directo, haciendo que el lector se sumerja en la lectura. Sin duda, la redacción cronológica que siguen es una elección muy acertada.
La obra, asimismo, es un auténtico manual de historia política del País Vasco y de España, destacando la escrupulosidad con que relatan el fracaso del “proceso de paz” en el que se embarcó Rodríguez Zapatero. Describen sus fases y sedes (Loyola, Suiza y Noruega) y dan nombres de sus protagonistas. Más en particular, nos permite conocer cómo un sector del socialismo vasco (Eguiguren) traicionó a sus propios compañeros de filas (Redondo Terreros) y al Partido Popular.
Es importante el primer capítulo, especialmente para los más jóvenes, ya que nos muestra a un Arnaldo Otegi como militante activo de ETA. Decimos esto porque su protagonismo como portavoz de las diferentes marcas sucesoras de Herri Batasuna, puede provocar en algunos la visión edulcorada de que su vida ha estado vinculada siempre a la política y alejada de la extorsión, la amenaza o el planeamiento de asesinatos. Tuvo una pertenencia activa en ETA, antes incluso de cumplir los 20 años, participando, por ejemplo, en secuestros como el de Javier Rupérez. Igualmente, siempre fue partidario de la lucha armada como instrumento al servicio de fines políticos de “mayor envergadura”, rechazando la vía estatutaria. Este modus operandi le llevó por primera vez a la cárcel (años 80 e inicios de los 90); al salir de prisión, inició su trayectoria política.
Los autores dedican buena parte de la obra a hablar de esta fase. Bucean en la hemeroteca, extraen declaraciones de su entorno político y personal, llegando a la conclusión de que Otegi se había hecho una imagen mesiánica de sí mismo, siendo su gran aspiración convertirse en el “Mandela vasco” y al que le encantaba que lo comparasen con Gerry Adams. Sin embargo, como bien recalcan Quintero y Alonso, nunca fue capaz de oponerse a las órdenes de ETA. Solamente al final, cuando era juzgado por el caso Beteragune, se puede apreciar algún leve síntoma de rechazo a la estrategia terrorista (nunca de arrepentimiento), motivado, quizás, más por el hecho de evitar una condena que por convencimiento propio.
En definitiva, una obra que desenmascara a un personaje al que algunos, cayendo en una soez manipulación del lenguaje, han denominado “hombre de paz”, omitiendo que nunca se atrevió o no quiso (quizás las dos cosas) condenar los atentados de ETA.
Por Alfredo Crespo Alcázar