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PNV: ¿VUELTA A AJURIA ENEA?

jueves 24 de abril de 2008, 21:42h
“El pacto de Estella fue un estrepitoso fracaso”. Así de contundente se mostró el miércoles el diputado general de Vizcaya, el peneuvista José Luis Bilbao, a la hora de calificar el pacto sellado en septiembre del 98 entre las fuerzas “nacionalistas y progresistas” vascas, para la consecución del “derecho a decidir de los vascos”. Siempre es una buena noticia que el PNV se aleje de las posiciones radicales y excluyentes del sector liderado por Joseba Egibar y, en este sentido, las declaraciones de Bilbao, abogando por un posible pacto de gobierno en Euskadi con el PSE, invitan a la esperanza.

Desde que el pacto de Ajuria Enea se vio finiquitado con el de Lizarra, la política vasca ha sido reducida a un diálogo de sordos. No se puede gobernar una comunidad excluyendo a casi el 50% de la misma por motivos políticos. Y es por eso que, tal y como afirmó Bilbao, para superar el problema de convivencia que afecta al País Vasco se hace necesario alcanzar un “gran acuerdo” que englobe a todos los partidos democráticos, tanto nacionalistas como no nacionalistas. Bien es cierto que el dirigente peneuvista se ha limitado a mencionar a los socialistas vascos, pero sus palabras recuerdan al pacto entre “demócratas” frente a “los violentos” que en su día lideró el lehendakari Ardanza.

Todavía es pronto para echar las campanas al vuelo; los antecedentes del PNV y su movimiento pendular exigen cautela. Al partido nacionalista le han hecho falta diez años para darse cuenta de lo inconveniente de su viraje radical y a nadie se le escapa que la progresiva pérdida de votos que ha sufrido, aún más acusada desde la presentación del plan Ibarreche, ha podido pesar más en el aparente cambio de estrategia que la higiene democracia. Sin embargo, es un hecho positivo que, después de diez años de incomunicación, surjan voces dentro del partido jeltzale que se atrevan a reconocer el error de haber planteado los términos del enfrentamiento entre nacionalistas y no nacionalistas, y aboguen, de nuevo, por hacerlo de la manera correcta: demócratas frente a violentos.

GELMAN GANA EL PREMIO CERVANTES


Este año, el premio Cervantes, el Nobel de las letras hispánicas, ha recaído sobre el poeta argentino Juan Gelman. El galardón que el bonaerense afincado en México recibió de las manos de Don Juan Carlos es, sobre todo, justo. Renovador del lenguaje poético, Gelman es uno de los mejores vates vivos en lengua española. Forma parte de esa nueva generación de escritores latinoamericanos que sitúa el lenguaje en el centro de las composiciones, en oposición a la poesía española, que hace más hincapié en los contenidos. Además, la literatura latinoamericana, a diferencia de otras, no tiene un cuerpo de poesía probable, no cuenta con un escuela poética bien delimitada, sino que está integrado, más bien, por un conjunto de expresiones individuales de las que, quizá, Gelman sea su máximo exponente.

La vida de Gelman está trágicamente marcada, como dejó ver a través de su discurso, por la dictadura argentina, que le costó la vida de un hijo y la de su nuera. Probablemente por ello, Gelman se mostró muy favorable a la ley de Memoria Histórica española, aunque haya opiniones muy fundadas que cuestionen su oportunidad política, oponiéndose a legislar sobre los recuerdos de una guerra que la inmensa mayoría no vivimos.

Sea como fuere, lo cierto es que bien poco nos importan las ideas políticas de Gelman, cualesquiera que sean. Lo que es indudable es que, en la fiesta de las letras que tiene que representar el Cervantes, ha de primar la calidad literaria, y de eso el galardonado va muy bien servido. Buena noticia es saberlo, porque los premios son fugaces, y el próximo año el laureado será otro, pero la poesía permanece, y eso, más que un premio, es un tesoro.

CRISIS ALIMENTARIA MUNDIAL


El mundo se encuentra inmerso en una crisis alimentaria de la que no se libran ni los países ricos. Ayer saltaba la noticia de que algunas cadenas de grandes almacenes de Estados Unidos han decidido racionar la venta de algunos tipos de arroz –Basmati, Jazmín o de grano largo- , de tal forma que cada persona sólo podrá hacerse con cuatro bolsas de este producto por compra. Hay que remontarse a la II Guerra Mundial para encontrar políticas de racionamiento en el país más poderoso del mundo. Esta noticia coincide con el anuncio de que Brasil paralizará sus exportaciones de arroz para defenderse, en palabras de Lula, de la “guerra alimentaria” mundial.

Los desastres naturales en Asia, la especulación de los mercados, la sequía africana y el auge de los biocombustibles –que se producen a base de cereales- son algunas de las causas de esta crisis, que se ha visto reflejada en el vertiginoso aumento del precio de los alimentos y que ya está provocando conflictos en múltiples países. Uno de las zonas más afectadas es Latinoamérica, donde en estados como Venezuela o Nicaragua hay un preocupante desabastecimiento de productos básicos como leche o huevos. El miércoles, se reunían en Colombia los líderes de los países que forman el ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas) –Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua- para crear un frente común contra la crisis de alimentos que achacaron a las políticas capitalistas.

Esta crisis inflacionista tiene una dimensión global y parece difícil sustraerse a ella. Las autoridades se han visto superadas por los acontecimientos y carecen de armas para solventar la crisis, a corto plazo al menos, pero esto no debe ser excusa para no intentar paliar las terribles consecuencias de la misma. Lo que en un país del primer mundo como Estados Unidos no deja de ser una inquietante anécdota, se traduce en el tercer mundo en 100 millones de personas, según estimaciones del Banco Mundial, sumidas en la más absoluta pobreza. Por ello, es necesaria una política de cooperación internacional que vaya más allá de meros gestos que no abarcan ni uno por ciento del problema. Una estrategia de colaboración a nivel global para aumentar las ayudas a la agricultura o la abolición de los subsidios por parte de los países ricos, son dos iniciativas que pueden ayudar a solventar el problema. La magnitud del problema no puede abrumarnos de tal forma que nos quedemos de brazos cruzados. Hay que ponerse en marcha, cuanto antes.

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