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RESEÑA

Hugo Abbati: En el campo

domingo 16 de diciembre de 2012, 16:13h
Hugo Abbati: En el campo. E.d.a Libros. Málaga, 2012. 204 páginas. 15 €
En el año 1945 Francis Bacon pintó Three studies for figures at the base of a cruxifixion, una obra desconcertante. Parte del desconcierto se debe al título y al hecho de que el autor nunca concluyó el proyecto. Los evangelios dicen que a pies de la cruz, acompañando a Jesús, estaban su madre, María Magdalena y Juan el apóstol. Las figuras de Bacon no los recuerdan en absoluto. Lo único que se aprecia en ellas es una suerte de impedimento, de dificultad para ser. Se diría que sin crucifixión, sin redención a través del sacrificio, lo único que queda es el dolor: algo que probablemente haya que relacionar con la pérdida de un punto de referencia al que remitir el sufrimiento humano, una de las experiencias derivadas de la guerra mundial.

Los personajes que Hugo Abbati conjura en su última novela, En el campo, comparten con las figuras de Bacon y con nosotros mismos esa condición desvalida, sin anclajes, aunque en ellos no se aprecian señales del horror, quizá porque aceptan dócilmente el orden prosaico de las cosas y no se preguntan por la felicidad. Solo el protagonista –que, al igual que Gauguin, deja mujer e hijo para marcharse a donde nadie estorbe su visión de las cosas-, experimenta el extrañamiento, la distancia entre el campo, entendido como el lugar donde la existencia tiene un significado que no es preciso explicar, y la ciudad, donde la vida apremia tanto que apenas nos permite ser.

Este es el tema del cuadro que hay en la pared de su alojamiento campestre, el tríptico de Bacon. Por él empieza a obsesionarse el protagonista cuando descubre que también allí, en el campo, la vida discurre a su lado como algo que no podrá poseer. El mal de la ciudad, de la civilización, la incapacidad para aceptar el presente sin perseguir un resultado más allá de él, no termina de abandonarlo. La curiosidad que le induce a registrar el diario de su casera, a la que desea, y el descubrimiento de un pozo inservible, un pozo sin fondo que lleva a la nada, precipitan la crisis. ¿Una grieta en el paraíso?, ¿acaso no todo está en esta vida? La atmósfera es kafkiana, becketsiana, y a menudo nos invade la duda de si el narrador, que es también el protagonista, estará capacitado para comprender su historia.

El relato de Abbati, sin embargo, es siempre ameno, a ratos desopilante. Con una prosa sencilla y eficaz, hace algo sumamente difícil: crea un mundo irreductible a la lógica, nos fuerza a mantener el equilibrio en la cuerda floja de la conciencia de sus personajes y, finalmente, extrae de todo ello una austera lucidez. Sin moralejas, como fruto maduro caído del árbol, del mismo modo que se revela un símbolo una vez descifrado su misterio. Se trata de una novela sorprendente, pero no de una novela fácil. Para degustarla en todo lo que vale, que es mucho, el único requisito es no ser un lector de garrafón.

Por José María Herrera

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