www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Europa y el retorno de Berlusconi

Andrea Donofrio
x
adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 16 de diciembre de 2012, 17:44h
La decisión de Silvio Berlusconi de presentarse nuevamente a las elecciones de Italia no ha obtenido en Europa la acogida que el cavaliere esperaba: desde Ángela Merkel a Martin Schulz, presidente del Parlamento europeo, pasando por Juncker y Daul, el retorno de la “momia” (como lo ha definido el diario francés Libération) ha generado más críticas que apoyos. Puede “chocar”, pero no sorprender: queda claro que estamos ante las “comiche finali”, un “show folklórico” de un hombre en un estado de confusión total, que un día quiere ser el candidato y al día siguiente prepara su retirada; una día ataca a Monti y el otro avala su candidatura. El problema es que Berlusconi está trasladando el escuálido teatrino italiano al proscenio europeo. Quizás olvida que en Europa aún recuerdan su obra, su herencia, su mal gobierno y pésima gestión económica. Fuera de Italia, se acuerdan de su actuación y de sus proclamas, la mezcla de cesarismo autocrático y nacionalismo autárquico, su populismo anacrónico y la defensa de sus intereses personales por encima de las res publica nacional. Sabiamente una viñeta de Ellekappa de estos días subraya como “para la prensa extranjera Berlusconi es un viejo vicioso, charlatán y desestabilizador” y añade: “desde fuera, las cosas siempre parecen mejores de lo que son”.

En la reunión del Partido Popular Europeo, Berlusconi se ha topado con la presencia imprevista de Monti, señal evidente de que los populares no se fían del cavaliere, no le consideran el “moderado europeo” que presume ser. En Europa ya no confían en el demiurgo de Arcore, en un hombre no sólo incoherente sino, tal vez, indecente: retira la confianza a Monti acusándole de la ruina económica de Italia para luego ofrecerle ser el candidato de su partido. Delirio político de un hombre consciente de que su partido se desmorona y que, al mismo tiempo, no puede salir del escenario político por intereses económicos (su imperio mediático) y personales (sus procesos judiciales).

En el caso de la postura europea, estamos al límite de la injerencia: la opinión pública mundial, los medios internacionales e incluso el establishment europeo no han escondido su perplejidad e, incluso, el malestar por su vuelta. Fuera de Italia, no debe ser fácil comprender un personaje como Berlusconi, dispuesto a decir todo y lo contrario de todo. Un hombre que, debo reconocerlo, sigue siendo una fábrica de titulares y una musa excelente. Aún así, resulta difícil imaginar la vuelta a la política-espectáculo, a los escándalos del bunga-bunga, a las proclamas grotescas; ni es deseable que Italia retroceda a la perversa dinámica del berlusconismo vs. antiberlusconismo, a lo peor de la Segunda República, a un parlamento “a la venta”. Los políticos italianos y, sobre todo, el Partido Democrático, autor de unas interesantes primarias, no pueden volver a la retorica anti-berlusconiana, al miedo a un hombre desesperado y desesperante, cuestionado por los suyos y abandonado por aquellos que reían gustosamente sus bromas machistas o cantaban “meno male che Silvio c’è”, esperando obtener a cambio un escaño parlamentario. Tras la experiencia de los técnicos, no es así que se vuelve a la política. Y además, no se puede permitir que el caimán siga marcando la agenda política nacional, condicionando la esperpéntica política italiana y perjudicando la gobernabilidad del país.

Aunque no podemos descartar una cínica retirada -Berlusconi entiende perfectamente de sondeos y sabe que ahora mismo la suya podría ser una debacle histórica-, probablemente, nos espera una dura campaña electoral, marcadamente populista y antieuropea: Berlusconi sabe que sus únicas armas son el populismo, los ataques a un Monti aclamado “Santo súbito”, la negación de la realidad, el recurso a la demagogia barata. Es probable que Berlusconi promueva una campaña “antisistema” y antipolítica, contra el Euro y la Alemania de Merkel, prometiendo menos impuestos y más empleo (los mismos eslóganes de 1994...). Esta vez parece imposible concederle el beneficio de la duda u olvidar la nefasta experiencia de Gobierno y el báratro en el que dejó a Italia. Sería un acto de masoquismo extremo, de insensatez injustificable, de suicidio nacional. Y mientras el cavaliere se presenta y se retira al mismo tiempo, Monti aún no ha anunciado su probable candidatura, columpiándose entre los piropos europeos y el respaldo católico-moderado-empresarial. En este contexto, preocupa la actitud de Berlusconi, una mezcla de demencia senil y populismo antigermánico, que podría llevarle incluso a codearse con Beppe Grillo y otros demagogos modernos que evocan la lira e invitan a la insumisión frente la prima de riesgo. En las elecciones, los italianos tienen la oportunidad de suministrarse la vacuna que tanto auguraba Montanelli: hacerse inmunes al virus del berlusconismo. Una derrota electoral de Berlusconi podría convertirse en una humillación pública, dolorosa e ignominiosa, y, al mismo tiempo, la oportunidad perfecta para acabar con uno de los grandes males de la política italiana. Y ojalá después fuera sentado en el banquillo de los acusados.

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios