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Un balance incierto

Ricardo Ruiz de la Serna
sábado 29 de diciembre de 2012, 21:55h
La situación en Oriente Medio llegado el fin de 2012 es realmente incierta. En Egipto, el Presidente Morsi ha ganado las elecciones gracias a la movilización del voto rural de modo que se ha ahondado la división del país. La oposición a Mubarak se ha ido fragmentado. Una profunda división separa a los Hermanos Musulmanes y a las fuerzas moderadas. La reforma constitucional que auspició Morsi se ha salvado pero el Presidente ha tenido una victoria pírrica. Es imposible gobernar en Egipto sin el apoyo de los moderados. A los Hermanos todavía les faltan cuadros directivos, mandos intermedios… Tienen activistas y agitadores pero necesitan élites que puedan sostener el funcionamiento diario del Estado.

La Autoridad Palestina e Israel están condenados a entenderse pero la actividad terrorista de Hamás sigue siendo el mayor escollo a la resolución del conflicto. Netanyahu aparece como el ganador de las próximas elecciones en Israel y el reconocimiento como Estado observador de Palestina en la Naciones Unidas ha sido un balón de oxígeno para Mahmud Abbas. Gaza y Cisjordania se van separando en términos de desarrollo económico y de actividad política. Hamás busca nuevos padrinos a la vista de la debilidad sirio-iraní.

Tal vez la clave de lo que vaya a ocurrir en la región sea cómo termine el conflicto de Siria. Está claro que el Gobierno de Assad es despiadado pero es imposible soslayar las sospechas de brutalidad que se ciernen sobre los rebeldes, que se han ido convirtiendo en el reflejo de aquello que pretendían combatir. A menudo, según el medio de comunicación que uno siga, leerá más sobre las atrocidades de los sublevados o la de los soldados del régimen. El pueblo sirio es la mayor víctima de un conflicto que cada vez más controlan y dirigen desde el extranjero. El apoyo ruso a los esfuerzos diplomáticos para detener el conflicto puede ser determinante. El Kremlin ha terminado por reconocer que los insurgentes podrían derrotar al Gobierno, algo que hasta ahora no habían admitido. Parece imposible que Assad pueda quedarse en el poder si se quiere parar el derramamiento de sangre. El destino de los arsenales químicos inquieta a Occidente tanto como una victoria de los yihadistas rebeldes. El desafío es ver si la oposición siria, que opera desde Turquía, puede garantizar que el país no caiga en el caso ni en las venganzas étnicas.

Si Siria cae, tanto El Líbano como Irán notarán las consecuencias. Hizbolá y el régimen de Teherán perderán un aliado estratégico y la situación se redefinirá. Habrá un nuevo equilibrio de fuerzas al que se sumará el impacto de unas sanciones que van haciendo mella en la República Islámica. Ahmadineyad y su desafío constante a la comunidad internacional han conseguido aislar a Irán y convertirlo en un paria internacional. El creciente poder de la Guardia Revolucionaria y su intervención en la vida económica y política del país le han granjeado el descontento de los comerciantes, los pequeños y medianos empresarios, los estudiantes… Es posible que la propia situación política interna de Irán precipite los cambios.

Esos cambios son necesarios para todo el Golfo, que vive una guerra fría -que se va calentando- entre sunníes y chiíes, entre Arabia Saudí e Irán. La dispuesta por el liderazgo político y moral en el mundo islámico tiene un tercer actor: la República de Turquía, que gana ascendiente como la alternativa republicana moderna e islámica.

Creo que nadie sabe lo que deparará el 2013.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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