Mali en descomposición (II): La contraofensiva francesa
viernes 25 de enero de 2013, 21:31h
El gobierno de François Hollande hace saber el día 11 de enero que “puesto que está en juego la existencia misma del Estado amigo de Mali, la seguridad de su población y de los nuestros” -6.000 ciudadanos residentes alli-, se ve conminado en nombre de la república francesa a satisfacer la petición de ayuda cursada por el presidente maliense, y apoyada por los países de África Occidental frente a la oleada yihadí. Una nueva guerra, en consecuencia, acababa de estallar esos días en el retropaís del sur de Argelia, al este de Mauritania y al norte de varias naciones pertenecientes a África Occidental; países, como es sabido, de predominio francófono.
De una parte, procede recordar que el AFRICOM (Mando África de Estados Unidos), Mando Combatiente Unificado, adscrito al Departamento de Defensa, no parece haber movido ficha a favor de la operación bélica francesa (Serval), puesta en funcionamiento de inmediato. Tampoco la OTAN parece dar signos de apresuramiento para agilizar una movilización selectiva en apoyo de las tropas francesas aerotransportadas urgentemente al escenario del nuevo conflicto armado. Mientras tanto -salvo apoyo moral y de cesiones (¿concesiones?) específicas-, las capitales de la Unión Europea no demuestran, por su parte, excesivo celo en respaldar la contraofensiva francesa en Mali versus el multicéfalo frente de insurgencia hostil a Bamako. Por ejemplo, Mariano Rajoy y García-Margallo se han limitado a autorizar el sobrevuelo de espacios aéreos españoles a los aparatos aerotransportadores del contingente militar francés destinado a combatir en Mali, y poco más. París y Bamako suponen que antes de fin de mes entrarán en acción las tropas de la CEDEAO (Comunidad Económica de Estados del África Occidental), a título de refuerzo y apoyo a la causa gubernamental de Bamako; se calcula que un contingente de unos 5.000 soldados entrarán pronto en acción. En suma, la inhibición de los socios de la Unión Europea, que no han secundado la operación SERVAL francesa con envío de tropas al territorio maliense, se basa, a todas luces, en la experiencia bélica estadounidense tanto en Iraq como en Afganistán, que desaconseja a los estados mayores europeos implicarse ahora en este conflicto para no aterrizar graciosamente en suelo maliense. Se trata, pues, de un conflicto que no tiene buena pinta, ya que traduce la capacidad de desplazamiento territorial que demuestra la estrategia de estas rebeliones piráticas, ahora sumamente activas en el noroeste de África. Procede subrayar, además, que los insurgentes de Mali se mueven hacia el sur del país -puro Sahel- pero se desplazan también hacia el sur de Argelia, donde se ha producido el asalto a las instalaciones de una planta de gas. En In Amenas, los días 16 y 17, se han causado víctimas mortales por comandos islamistas, y procedido al secuestro de 150 argelinos y 41 occidentales, técnicos trabajadores en esa localidad vecina a la frontera de Argelia con Libia. O sea, se obtiene la impresión de que existe una dispersa -aunque interconectada- red de islamistas del Magreb que, a partir del final de la guerra contra Gadafi, han iniciado una escalada bélica -de corte yihadista-, pero difícilmente predecible en sus evoluciones e incursiones a la altura de la fecha en que redactamos esta síntesis para el periódico. Veremos más adelante cómo la espiral de la violencia ha ido creciendo en l´affaire Mali, en la medida en que no sólo Francia, sino Argelia también, han plantado cara a los nuevos gángsters del Sahel.
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Historiador. Profesor emérito (UNED)
VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes
Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías
sobre España y el Magreb
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