www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Italia y el poder de los sondeos

Andrea Donofrio
x
adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 27 de enero de 2013, 18:32h
De cara a las próximas elecciones, los partidos italianos han decidido “limpiar” sus listas, excluyendo personas condenadas (en cualquier instancia) por corrupción, asociación mafiosa y otros delitos graves. ¿Decisión seria y responsable? ¿Acto debido a la sociedad? ¿Aplicación de un código ético y deontológico interno? Nada de todo esto: son los sondeos los que han empujado a los principales partidos a actuar en esta línea, a regañadientes y muy a su pesar. El argot periodístico los ha rebautizado “impresentables”: personas no tan “honorables”, descartadas, más que por decencia política, por no secundar los sondeos. Y como cabía esperar, ha resultado una tarea especialmente difícil para el Pueblo de la Libertad, el partido de Berlusconi. La presencia en sus filas de hombres relacionados con la Mafia y la Camorra ha sido una constante de estos años, habiendo sido autenticas máquinas de votos en territorios plagados por la criminalidad organizada. ¿Cómo explicar esta decisión sin provocar resentimiento y traición? “He tenido que pedir a nuestros amigos que renuncien porque la Magistratura politizada les ataca y esto, divulgado por los medios de comunicación, podía disminuir nuestro consenso”, Berlusconi dixit. Ya, los culpables de siempre: las togas comunistas y la prensa adversa. No parece una convicción, un deseo de constituir unas listas limpias, sino una necesidad acorde con el malestar general.

Los partidos miran fijamente a los sondeos y toman sus decisiones en función del grado de aceptación ciudadana. La campaña electoral se convierte en una serie de anuncios, decisiones publicitarias y ataques personales. Berlusconi –que con toda probabilidad obtendrá un buen resultado y podrá “paralizar” la actividad de la mayoría electa- valora si le conviene fichar a Kaka en función de los sondeos y, por la misma razón, descarta a su harén de bellezas. Pero no es el único: Bersani ha preferido votar con el Porcellum confiando en los sondeos, mientras Monti ha creado varias listas siguiendo las encuestas. El uso del sondeo está corrompiendo la dialéctica democrática, condicionando las decisiones de los políticos. Más que los intereses del país, los programas se construyen siguiendo los sondeos; se presentan propuestas que las encuestas puedan avalar; se anuncian retiros forzados de candidatos para responder a las expectativas electorales de los ciudadanos. Y en este contexto, la presencia de 169 partidos políticos y un sistema electoral demencial provoca aún más desconcierto y perplejidad.

De todos modos, ¿se ha tratado de decisiones bien recibidas por los excluidos? Absolutamente. El quid es sencillo: estos personajes, con órdenes de arresto y juicios, no quieren renunciar a su inmunidad parlamentaria. Imputados que han sido inmunes en virtud de su elección y cuyos delitos han quedado impunes. El caso más mediático ha sido la exclusión de Cosentino (Nick o’merican), acusado de ser el “referente político” del clan de los Casalesi, cuya “renuncia” ha alcanzado cuotas de comicidad, de tragicomedia. Y mientras el excluido huía llevándose las firmas necesarias para conseguir los candidatos del PDL en Campania, Berlusconi miraba esperanzado los sondeos. Apartar a esta gentuza de la primera plana, podría darle hasta dos puntos más en los sondeos. Y aunque Cosentino esté imputado en tres juicios, y haya sido acusado por varios arrepentidos (a pesar de lo cual las órdenes de arresto han topado siempre con el no del Parlamento), el cavaliere habla de decisión dolorosa. En este punto, surge una pregunta: ¿es posible que los electores no se den cuenta de que han sido purgados sólo aquellos que más sonaban últimamente? De hecho, es evidente que han sido apartados sólo los protagonistas de los últimos escándalos. Prueba de estos es que, para intentar recuperar las listas de la Campania, Berlusconi ha mandado dos candidatos a las próximas elecciones: Denis Verdini, con sus tres o cuatro investigaciones abiertas –sinceramente, he perdido la cuenta- y Raffaelle Fitto, al que el mismo 21 de enero la Magistratura pedía una condena de seis años de cárcel por corrupción, abuso de poder y financiamiento político ilegal. Y, además cabe preguntarse por qué se presentan otros investigados como Minzolini, Formigoni, Samorì, Minasso y, sobre todo, un personaje, con tres procesos abiertos (y veintitantos a sus espaladas), con graves acusaciones como abuso de poder, corrupción y prostitución de menores. Ya, tu quoque, Berlusconi, accusatus mi. Si no debería haber impresentables en las listas, ¿por qué se presenta él? Y mientras, casi al mismo tiempo, Obama prestaba su juramento afirmando que “si los tiempos cambian nosotros también debemos cambiar”. En Italia nada cambia.

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios