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Tecnomagos

Manuel Ramírez Jiménez
jueves 31 de enero de 2013, 20:47h
A mi buen amigo Eduardo le ha correspondido en riguroso sorteo y en las pasadas semanas desempeñar el nada fácil cargo de Gestor Nacional en el tema del reparto de juguetes, en colaboración con sus Majestades los Reyes Magos en su visita distributiva a nuestro país. Y la verdad es que, en coloquio con su persona, tras finalizar su misión, lo encontré harto sombrío. Dada mi insistencia, obtuve respuesta a su pesimismo. Había sostenido larga conversación con Baltasar, Portavoz del trío, y resulta que los tres andaban harto confusos. Hasta el punto de ser el primer año que habían sobrado muchos juguetes y andaban pensando nuevos destinos, primando la opción de los países africanos, en los que, diariamente, mueren miles de niños por falta de casi todo.

Tras cambiar opiniones, se había llegado a la conclusión. Sencillamente, “lo de antes” servía bien poco. Todo eran nuevas demandas. Casi nadie había pedido carretillas, pelotas para jugar a esto o aquello, enciclopedias, máquinas de fotos, parchís, casetas de cartón, muñecas, futbolines, pistolas de agua, “Mary Pepis”, etc., etc. Todo esto había sobrado. ¿Qué había pasado?

Pues que, por obra de la tecnología imperante en los medios de difusión, lo que primaban eran los teléfonos móviles de última generación que servían para cualquier menester incluso sin necesidad de marcar el número; era suficiente con usar la palabra; tablets para usos domésticos llenas de aplicaciones (calculadora, callejero, cámara de fotos y vídeo, todo a la vez), pantallas táctiles, videojuegos (Playstation), dvd portátil que permite ver películas en pleno viaje, en el coche o en la cocina. Y decenas de nuevos artilugios para cuyo uso se necesitaría un curso especial de adiestramiento.

Las sorpresas de los Magos habían sido grandes. Tendrían que “ponerse al día”. Los adelantos tecnológicos parecía que iban en aumento y no perdonarían ni a la realeza.

Pero, al terminar el coloquio de mi amigo Eduardo con el Rey Mago, me hizo algunas preguntas: ¿Quién y cómo iba a enseñar a los niños a pensar? ¿Quién despertaría en ellos ese cierto espíritu crítico ante las cosas? ¿Cómo se inculcaría la necesaria cultura cívica? La verdad: no supe contestar. Busqué algunas respuestas en el adorado ordenador, pero sin éxito alguno. ¿Será que nuestra época ya ha sido superada? ¡Dichoso siglo XXI!

Manuel Ramírez Jiménez

Catedrático de Derecho Político

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