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El encantamiento del dinero y una escritora encantada

Juan José Laborda
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viernes 01 de febrero de 2013, 20:13h
Cuando estaba ideando mi artículo de esta semana, rebusqué una frase del licenciado Martín González de Cellorigo sobre la locura que causa el dinero fácilmente conseguido. Cellorigo fue abogado en la Real Chancillería de Valladolid, y en el año 1600 publicó un libro denunciando que la plata y el oro que llegaban de América, estaban convirtiendo a los súbditos de la Monarquía hispánica en víctimas de la economía especulativa que se generaba con los metales preciosos. La frase la rescató Pierre Vilar, en su famoso artículo: “El tiempo del Quijote” (enero 1956):

“No parece sino que se han querido reducir estos reynos a una república de hombres encantados que viven fuera del orden natural”.

Recomiendo vivamente que se lea ese trabajo de Pierre Vilar, que está publicado en un volumen titulado “Crecimiento e historia. Reflexiones sobre el caso español” (Ariel historia). Cambien ustedes “plata y oro” por “inmuebles y suelo edificable”; “decadencia” por “crisis”; “despoblación” por “envejecimiento”; “desaparición de los asalariados” por “subcontratados como autónomos”; “arbitristas” por “tertulianos”; “moriscos que deben ser expulsados por vivir de la nada” por “emigrantes que sólo hacen gasto en la sanidad pública”, y así toda una lista de semejanzas paralelas, y, seguramente, sonreirán como yo cuando releí ese escrito de Vilar: ¡se me pasó el enfado que tenía cuando quise escribir sobre los escándalos de la semana!

Pero la frase de ese letrado castellano –aunque Cellorigo nació en Asturias- me inspira para lo que hoy quiero contar: el caso de Irene Zoe Alameda y su visión de la historia de nuestra democracia. Dejaré sin comentarios el hecho de que estuviese cobrando de la “Fundación Ideas” unas cantidades inverosímiles, sí, lo nunca visto, ante los ojos y bajo la firma del diputado socialista Jesús Caldera, su responsable máximo. Esa fundación se dedicaba a producir ideas. La verdad, no lo conozco directamente, pues nunca se me invitó a esas reuniones; yo frecuentaba la otra Fundación, la antigua y mucho más modesta “Pablo Iglesias”. Tal vez por eso, ignoro lo que la “Fundación Ideas” ha elaborado sobre asuntos relevantes, como el Estado de las Autonomías, la modernización de los partidos políticos, las causas del desafecto con la Constitución actual…

Lo que Irene Zoe Alameda pensaba el año 2006 sobre nuestra transición, en mi opinión, es la prueba de que ella “estaba encantada viviendo (y escribiendo) fuera del orden natural”.

El 11 de marzo de 2006, Irene Zoe Alameda publicaba en “El País” un artículo titulado “Memoria histórica: justicia y fracaso”. Es un escrito enérgico, brillante y que se lee con facilidad. El núcleo de su argumentación consiste en que se debe corregir lo que se hizo durante la elaboración de la Constitución y cuando se aprobó la ley de amnistía.

Pero leamos a la misma Irene Zoe Alameda: “El resultado de aquella ejemplar transición es que muchos jóvenes hoy no comprenden la actitud pasiva de sus predecesores, quienes terminaron por conformarse únicamente con el cese del miedo (…) En España se empieza a vislumbrar cómo fue el verdadero mecanismo de la Ley de Punto Final (…) muchos denuncian que la transición consistió en eso: en el desenlace injusto de un abuso atroz”.

Unos comentarios a ese escrito. La fecha: marzo de 2006, cuando el dinero parecía que lo podía todo; se creaban derechos y se prometió una “ley de memoria histórica” con la que se pensaba ir mucho más allá que lo que regulaba la “ley de amnistía de 1977”, y con la Constitución Española de 1978. El torero Rafael Gómez Ortega, “El Gallo”, entendió la lógica de las cosas, la lógica del Derecho, mejor que la señora Zoe Alameda cuando sentenció: “lo que no puede ser, no puede ser, además es imposible”.

La ley de amnistía no es una ley “de punto final”. Quien ignora ese hecho trascendente puede seguir escribiendo esa opinión, pero no debería haber sido contratada por una fundación del Partido Socialista (con más o menos precio por cada escrito suyo durante mucho tiempo).

La señora Zoe Alameda califica de “pasivos”, “miedosos”, “responsables de un desenlace injusto”, “que se conformaron con un abuso atroz a los constituyentes de 1978”. En su artículo se suma a los “muchos” que denunciaron la transición; además, reprocha a sus “predecesores” que no hagan lo necesario para que los jóvenes “comprendan” su actitud en el pasado.

Es un poco desconcertante que nadie preguntara por qué se contrataban artículos de una escritora que asimilaba la creación de un Estado constitucional y democrático a la “ley de punto final”, una norma que el presidente Raúl Alfonsín aprobó bajo el chantaje de los golpistas militares (y de una parte de la oposición peronista), que amenazaban con la guerra civil. Se comprende que los hechos son más difíciles de comprender que de opinar, para escritores como Zoe Alameda. Pero un responsable socialista, como el diputado Caldera, tenía que haber recordado dos hechos: que socialistas, comunistas y demócratas votaron la ley de amnistía porque ese era el “programa común” (“libertad, amnistía y estatuto de autonomía”), que cumplieron cuando fueron elegidos. Y que el entonces presidente del PSOE, Ramón Rubial, con más de veinte años en las cárceles franquistas por defender la democracia para España, votó como senador constituyente la ley de amnistía; y no sólo eso, la defendió con plena convicción -en los términos criticados por Zoe Alameda- hasta su muerte, unos pocos años antes que esa escritora fuera contratada por una fundación de su partido.

Juan José Laborda

Consejero de Estado-Historiador.

JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

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