Si Eufemiano Fuentes se va de rositas, ¿cómo no se va a ir Bárcenas?
domingo 03 de febrero de 2013, 18:27h
Estados Unidos es un país excesivo en muchas cosas. Contradictorio, también, pero esa sería materia para un artículo mucho más largo. Allí, a los presidentes corruptos no les obligan a dimitir sino que les echan… tras informaciones periodísticas. Allí, incluso el más popular de entre los “comandantes en jefe” de los últimos años, Bill Clinton, estuvo a punto de caerle un “impeachment” (proceso de destitución) por mantener relaciones inadecuadas con una becaria y mentir después ante un Tribunal Federal. En Estados Unidos, una chica simpática, joven, sonriente y guapa gana cinco medallas en unos Juegos Olímpicos y a los pocos años acaba en la cárcel por haberse dopado y haber mentido también durante la investigación.
Sobre el caso de Lance Armstrong ya hemos hablado suficiente, repasen la información al respecto.
En definitiva, se ve que allí la mentira está mal vista, muy mal vista, y que puede traer consecuencias muy graves. Eso no quiere decir que no haya encubrimientos ni grupos de poder ni que la hipocresía o el cinismo o la falsedad económica y política no hayan arraigado como en cualquier otro país del mundo… pero de vez en cuando se encienden luces y eso es de agradecer. Estados Unidos cuida mucho a César y a su mujer pero no tiene reparos en darles un sustito de vez en cuando.
Hablo de deporte, periodismo y política en Estados Unidos para contrastarlo con lo que pasa en España. Aquí, los campeones que dan positivo son tratados como héroes y cuando la Guardia Civil pilla a alguien con las manos en la masa, se suceden presiones durante siete años para que todo quede como está y que los Eufemiano Fuentes de turno puedan pavonearse por los tribunales como víctimas o buenos samaritanos que ayudaban con sus pócimas a los pobres deportistas de élite.
Y si eso pasa con Eufemiano, que pasará, con una juez bien atenta para intervenir en cuanto la investigación avanza por terrenos no deseables, ¿qué no pasará más allá de lo que no deja de ser un deporte? Da miedo pensarlo. La publicación por parte de El Mundo y El País de los supuestos papeles de contabilidad en negro del PP, filtrados claramente por el propio Bárcenas o su entorno, quién sabe con qué interés, han supuesto un escándalo que sería aún mayor de no coincidir con que el cabreo de los españoles se combina con una depresión que no he visto yo en mi vida. Un pueblo cansado, agotado, resignado, cuya última esperanza quizá fue el 15-M, ese movimiento en el que salías a la calle a protestar pacíficamente y ya había diez directores de medios convenientemente adoctrinados para llamar etarra y batasuno a todo el mundo.
Ahora, sin embargo, por una vez, la labor del periodismo sí está siendo importante. En ocasiones, uno teme que incluso precipitada. El País desde luego ha demostrado una cierta capacidad para la precipitación últimamente y no descartaría –tampoco afirmaría- que Bárcenas les haya filtrado unos papeles mitad verdaderos, mitad falsos, para que picaran y después el PP se pudiera resarcir con una demanda por injurias. Tiempo al tiempo. En cualquier caso, lo están intentando, que ya es algo, aunque se agradecería que en vez de pegarse entre ellos, trabajaran por el bien común de desmantelar la corrupción.
Vivimos en un país en el que Amy Martin cobraba 3.000 euros por artículo de una Fundación que recibe subvenciones públicas millonarias año tras año. Si la mujer de un tipo que dirige una Fundación se lleva esa pasta sin tener ni que poner su nombre, ¿qué se pueden llevar los de arriba? Seamos serios, esto se está empezando a parecer a un expolio y no hay más que puntas de iceberg asomando por todos lados. ¿Llegará la investigación a algún lado? Lo dudo. El PP lo negará todo, se enzarzará en procesos penales y quizá dentro de diez años tenga que pagar una multa, a lo Unió Democrática de Catalunya, para que todo se olvide.
Si los periodistas se decidieran a contar todo lo que saben –los deportivos, los políticos, los culturales que tenían que estar enterados de quién era Irene Zoe Alameda y lo que hacía en Ideas y en Estocolmo- y los jueces se dispusieran a escucharles es posible que el país avanzara. Si no, queda todo en manos del “pueblo”, esa masa amorfa que lo mismo le da por otorgarle la mayoría absoluta al PP que por manifestarse en sus sedes cacerola en mano un año más tarde. Un pueblo que tarde o temprano empezará a buscar un guía, un líder si las cosas van así. Y como ninguno queremos que eso pase, porque sería un desastre absoluto, ya podemos ir tomándonos en serio lo del bipartidismo, la alternancia y el robo sistemático. Todos. Esto no tiene nada que ver con ideologías: robar es robar, engañar a Hacienda es engañar a Hacienda y así sucesivamente.
Creo que es, con diferencia, el momento más grave de la democracia española, el momento en el que se ha hecho patente que los partidos y los políticos que los dirigían renunciaron hace tiempo a su verdadera labor de protegernos, defendernos y representarnos. Como yo quiero políticos y partidos –igual que quiero ciclistas y Tours de Francia- sugiero que se empiece de alguna manera de cero: nuevas caras, nuevas prácticas, nuevos valores… y vigilancia, mucha vigilancia. Sin vigilancia –periodística, judicial…- no hay nada que hacer.
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Escritor, analista y profesor
GUILLERMO ORTIZ es licenciado en filosofía. Ha colaborado con revistas digitales como El Semanal Digital, Factual o JotDown Magazine así como en medios culturales como Neo2 o Cuadernos Hispanoamericanos.
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