El País, Bárcenas y los riesgos del “periodismo Wikileaks”
sábado 09 de febrero de 2013, 19:34h
Hay momentos peligrosos en la vida de director de periódico en los que se confunden las fuentes con las noticias. Una prueba tiene valor acusatorio pero no es una sentencia en sí. La sentencia dependerá de la investigación y validación de esa prueba en conjunción con otras muchas. El periodismo se ha olvidado de eso hace tiempo porque las plantillas son más cortas, las investigaciones son muy caras y el público lo que quiere es cantidad e inmediatez más que calidad y sosiego. La masa quiere linchamientos y exige a sus periodistas de cabecera que señalen nombres cuanto antes.
El caso de “los papeles secretos de Bárcenas” es un paradigma de este nuevo periodismo. Un periodismo “Wikileaks”, es decir, consistente en publicar las fuentes directamente como si fueran noticia, titular como si lo que se publicara fuera la verdad absoluta y prescindir de la comprobación factual de aquello que se publica. Está pasando, lo estás viendo. Eso, obviamente, no lo inventó El País y si Julian Assange pasó en su momento como un héroe del periodismo fue porque el periodismo ya estaba pidiendo a gritos la legitimación de esas prácticas.
Todo empieza cuando la Justicia filtra que Bárcenas tiene una cuenta de 22 millones en Suiza y sus abogados afirman que regularizó parte de esa cantidad mediante empresas ligadas al ex tesorero del PP gracias a la amnistía fiscal del año pasado. Montoro lo niega y lo vuelve a negar y aún hace poco la pobre secretaria de estado tuvo que salir a defender lo mismo y lo contrario para acabar diciendo a micrófono abierto “no tengo ni idea de lo que he dicho”. Después de descubrirse la cuenta, regularizada o no, El Mundo publicó la famosa noticia de los sobres en dinero negro a líderes de Génova. Obviamente, esa noticia se la filtró alguien, el periodista confirmó con dos o tres fuentes fiables y la dio por buena. Si ese alguien no es Bárcenas, no tengo ni idea de quién puede ser.
Muchos ven a Esperanza Aguirre detrás de todo esto pero dudo mucho que Aguirre quiera que el tema Gürtel se mueva mucho por prensa y juzgados. La presidenta del PP de Madrid no es la persona más indicada para agitar ese escándalo, créanme.
Así que en pleno esplendor de la exclusiva de El Mundo, que desde el partido se recibe con una parálisis absoluta y el famoso “que cada palo aguante su vela” de Cospedal, y tras el ridículo espantoso de El País con la falsa foto de Hugo Chávez en portada, el diario de Javier Moreno recibe una filtración soñada. De esas que en periodismo suenan a “demasiado buena para ser cierta”. Resumidos en unos pocos folios aparecen 20 años de contabilidad en B del Partido Popular con todos los demonios habituales del medio: desde Aznar a Cascos, desde Rajoy a Acebes… había incluso posibilidad de meterle mano a Jiménez Losantos, a Intereconomía y a ¡Basta Ya!, para luego asociar a la asociación con Rosa Díez, con UPyD y que incluso pareciera que Bárcenas le estaba escribiendo los tweets a Gorriarán.
Yo estoy convencido de que verificaron, que pidieron pruebas de que eso era verdad. Convencido de que se les dijo a quién llamar y qué datos confirmar. Convencido, también, de que, junto a esos datos verdaderos, casi accesorios, se les entregó unas fotocopias de una contabilidad falsa con el único objetivo de luego poder meterles una demanda y jurar ante peritos y medios de comunicación que esa no era la letra de Bárcenas y que los papeles por tanto eran falsos y no indicaban nada. Convencido de que era la manera de Bárcenas de jugar con dos barajas: por un lado, os pego el susto contándoselo a El Mundo; por otro, os doy la opción de resarciros metiéndole un buen puro a El País.
Que yo esté convencido, ojo, no quiere decir en ningún momento que esto sea verdad, simplemente es una hipótesis que me parece plausible viendo que El País tiene serios problemas para justificar la veracidad de la información y teniendo en cuenta la reacción inmediata de Bárcenas: nadie pide un análisis caligráfico de su propia escritura si no está convencido de que no corresponde con la publicada.
¿Por qué mordió El País el anzuelo? Las prisas, supongo. La verosimilitud, también. La manía de dar por buenas informaciones que aún no son noticias. En periodismo, la ley es que primero compruebas que algo es verdad y luego lo publicas. Aquí ha sido al revés, primero se ha publicado como hecho probado y ahora estarán rezando todos porque sea verdad, o al menos parte de ello, cosa que, por otro lado, tampoco me extrañaría, porque lo que viene pasando en Génova durante años –y no sólo en Génova, que en Ferraz Amy Martin se llevaba 30.000 euros por artículos en la revista digital de una Fundación solo por ser la “mujer de” un cargo relativamente anodino- tiene muy mala pinta.
El tiempo dirá. La lástima sería que la investigación real, la que tiene que resolver de dónde salió ese dinero, a quién se entregó de verdad y en qué cantidades y para qué se utilizó quede en un segundo plano entre acusaciones de falsedad, rasgaduras del honor y peritos caligráficos.
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Escritor, analista y profesor
GUILLERMO ORTIZ es licenciado en filosofía. Ha colaborado con revistas digitales como El Semanal Digital, Factual o JotDown Magazine así como en medios culturales como Neo2 o Cuadernos Hispanoamericanos.
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