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Asesor del presidente de EEUU

Juan Verde: "Obama ha cambiado para siempre el modo de hacer campaña"

miércoles 13 de febrero de 2013, 16:00h
Tras la marea social que arrastró el 'Yes we can' de Barack Obama en 2008, el presidente de Estados Unidos tuvo que reinventar su campaña para seguir contando con la lealtad del voto demócrata. ¿Sobre qué pilares se asentó esa nueva estrategia electoral?
Sin duda, es un aspecto muy complicado de abordar y más aún desde un punto de vista simplista. Sin embargo, yo creo que se consagraron dos factores diferentes.

Por un lado, se dio una falta de coherencia y de congruencia en el discurso del Partido Republicano que les llevó a ser sus propios enemigos. No tenía sentido que un personaje como Mitt Romney se acercara a la derecha religiosa más extrema alejándose de los hispanos, a los que llegaba a insultar y les decía que los iba a deportar en caso de llegar a la Casa Blanca. También amenazó, incluso, con que les iba a quitar derechos a las mujeres.

Se puso en su contra a segmentos demográficos muy importantes al tiempo que no supo entender que Estados Unidos está cambiando. No captó la realidad del país. Hay que tener en cuenta que la comunidad latina ha duplicado su poder adquisitivo en los últimos años y han pasado de ser un 12 por ciento de la población a un 18 por ciento, mientras que el sector de menor crecimiento es justo el de las bases republicanas: los anglosajones entre 35 y 45 años. Sencillamente se olvidó de intentar captar el voto del centro.

En cuanto a Obama, si bien es cierto que la ilusión original de 2008 se había disipado en cierto sentido, la gente que le volvió a votar se decantó por la continuidad, por un modelo social y económico bien diferenciado y distinto al que habíamos visto durante las anteriores dos legislaturas con George W. Bush.

Además, hay que tener en cuenta que en la victoria tuvo mucho que ver la inmensa movilización de la candidatura en las redes sociales, como Facebook o Twitter, y en Internet, con los blogs. Un dato: nosotros logramos que el 73 por ciento de la comunidad hispana acudiera a las urnas, que la participación femenina alcanzara cotas de récord o que en algunos estados votara el 94 por ciento del electorado. Eso es algo que no se había visto antes.

¿Considera que esta campaña, al igual que con la irrupción de la televisión a mediados del siglo XX, ha supuesto un punto de inflexión de la perspectiva electoral con el uso masivo de las redes sociales como arma política?
Total y absolutamente. Si bien es cierto que en esa primera transición que usted menciona no se dejó de hacer campaña a pie de calle, por así llamarla, ya que se incorporó una nueva vertiente que mejoró o amplió la capacidad de los políticos, ahora hemos vuelto a vivir un cambio muy rápido de una era publicitaria a una era digital.

Para nosotros, 2008 fue un gran punto de inflexión. En esa campaña, la victoria o la derrota estaba en el voto indeciso, en ese 5 o 10 por ciento de la población que es el que marca la diferencia al final, que no son tus bases incondicionales y que se decantan por uno u otro candidato en el último momento.

Ahora bien, es importante resaltar que más indecisos se decidieron basados en lo que vieron o leyeron en las redes sociales que en los periódicos tradicionales. Esto nos llevó a multiplicar el año pasado por diez nuestra inversión en nuevas tecnologías de cara a la campaña electoral y a cambiar nuestra manera de comunicarnos con los votantes y la información que recopilamos de ellos. En este sentido, el presidente Obama ha cambiado para siempre el modelo de hacer campaña electoral.



Un asunto muy de actualidad en España es la corrupción. De la política estadounidense muchas veces se destaca su honestidad de cara a la ciudadanía. ¿Ve más diferencias entre ambos países en este sentido?
Primero creo que el hecho de que en Estados Unidos se establezcan listas electorales abiertas otorga más legitimidad y frescura al candidato, que es quien hace la campaña y no el partido, como ocurre aquí.

Pero, además, creo que se da una diferencia cultural enorme. En España me temo que se ha ido al otro extremo, y el hecho de que la mayoría de los españoles vean a los políticos como una de las cosas que más les preocupa del país, el segundo frente por detrás del paro, es muy significativo para mal. Dice mucho sobre el periodo de apatía política y que se les ve como parte del problema más que de la solución.

En Estados Unidos, de manera independiente a si votas o no a un político, si estás o no de acuerdo con sus ideas, hay menos tolerancia a la corrupción, a la falta de compromiso con la palabra dada. La gente allí está dispuesta a castigar o a penalizar con su voto el comportamiento de un político, y ese es un punto sobre el que hay que reflexionar mucho en España, porque no todo el mundo es malo en este negocio.

En clave estadounidense, después de un primer presidente de raza negra, ¿es la hora de un primer presidente latino, como el republicano Marco Rubio, o una presidenta, como Hillary Clinton?
Yo creo que sí. Tiene mucho que ver con lo que decía antes sobre el cambio demográfico que vive Estados Unidos. No olvidemos que para 2020 el sector anglosajón será minoría y la mayor comunidad será la de los hispanos. No entender eso es una visión miope de la realidad. Si los republicanos no cambian, no intentan moderar su discurso y no buscan empatizar con los latinos o con las mujeres, no volverán a la Casa Blanca en los próximos cuarenta años.

¿Y cree usted que Clinton se postulará como candidata en las elecciones de 2016?
Sería una candidata formidable en un momento en el que Estados Unidos estará en un periodo de plena recuperación y apogeo económico después de la peor crisis de los últimos 70 años. Ya lo decía Clinton: "La gente vota con la mano en el bolsillo".

Ella es muy popular, más que Obama incluso, gracias a una gran gestión como secretaria de Estado, es una persona con una gran trayectoria profesional, goza de un gran reconocimiento, tiene visión y, sobre todo, es su momento histórico. Lo que los americanos llaman el 'Timing ambition'. No sé lo que hará, pero sí puedo decirle lo que me gustaría que hiciera: que se presente.
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