www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

repaso a su histórica relación

Fútbol y religión: “Dios vale más que diez millones de dólares”

viernes 15 de febrero de 2013, 21:55h
Aficionados del Beitar Jerusalem de la Primera División israelí quemaron en febrero de 2013 la sede de su club con motivo del fichaje de dos jugadores musulmanes. Este suceso se une a una larga lista de encontronazos que salpican la histórica dialéctica que mantienen el fútbol y la religión. EL IMPARCIAL reflexiona sobre la idoneidad de esta relación repasando las conexiones más destacadas entre le balompié y la fe religiosa.
"El fútbol es una religión laica. Antes, solo las religiones convocaban esa especie de manifestación irracional, colectiva. Hoy en día, eso que antes era prototípico de la religión, es la religión laica de nuestro tiempo". De este modo expresaba el Nobel de Literatura peruano Mario Vargas Llosa la conexión que el balompié ha adquirido con el dogma de fe. El escritor prosiguió su relato de las evocaciones que le sobrevienen al reflexionar sobre este deporte señalando que posee "una irracionalidad a flor de piel que a la corta o a la larga genera violencia" para concluir deseando: "¡Espero que jamás lleguen mis exabruptos al graderío!"

El deporte dominante en el viejo continente y la religión han confluido de forma pararlela a lo largo del siglo XX con coyunturales conexiones que han sufrido por la presencia de la violencia como nexo. El Old Firm -derbi de la ciudad escocesa de Glasgow- representa el axioma de las consecuencias que los lazos entre deporte y fe religiosa pueden conllevar. La rivalidad entre el Celtic -apoyado por la tradición católica irlandesa- y Rangers -de extracción protestante unionista- recorre el desarrollo del fútbol al tiempo que las fricciones entre ambas aficiones y jugadores convertían el derbi capitalino de Escocia en un duelo sectario que excedía con creces el carácter deportivo. No en vano, hasta el descenso del Rangers en 2012 -acuciado por irreversibles obstáculos financieros- resultaba complejo localizar banderas escocesas en las gradas del Ibrox Stadium y del Celtic Park. Los aficionados acudían a ver a su equipo cumpliendo un ritual religioso/nacional que les "obligaba" a enarbolar enseñas irlandesas (icono católico en Gran Bretaña) o unionistas.

El escritor uruguayo Eduardo Galeano aludió a esta interacción cuestionándose lo siguiente:“¿En qué se parece el fútbol a Dios? En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que el tienen muchos intelectuales”. Reposando sobre esta reflexión proseguimos el repaso a los acontecimientos acercando el foco a la actualidad y para ello, hemos de viajar a Israel, porque el deporte, cada vez más, rompe la burbuja tradicional que lo aislaba de la realidad social de cada país.

La ciudad de Jerusalem alberga tan solo a un equipo en la Ligat ha'Al (Primera División del balompie israelí). Conocido como Club de Fútbol Beitar Jerusalem, la institución fue fundada por el líder local del Beitar -movimiento juvenil sionista- y permanece en la actualidad como una de las organizaciones deportivas vinculadas al conservador Likud. El equipo transita en la élite del fútbol hebreo sin demasiado brillo tras ganar su última liga en 2007. Pero el protagonismo del club en estas últimas semanas llega a través de una situación extradeportiva. La palabra "alerta" volvió a los titulares de los diarios deportivos del país.



El 7 de febrero de este año, hinchas radicales del Beitar -pertenecientes a su raíz ultra conocida como "La Familia"- accedieron a la sede administrativa de su club para incendiar y destruir el despacho del gerente, la sala de trofeos y objetos que daban fe de la historia del equipo. Sin embargo, esta no es la primera vez que los periódicos israelíes publican altercados de esta índole. El suceso anterior, y origen de la situación relatada en las líneas precedentes, data de comienzos de 2013, cuando se desarrollaron ataques similares debido a una supuesta ofensa al carácter judío del club: los dirigentes del Beitar consideraron necesario reforzar su plantilla con dos jugadores musulmanes. La urgencia por atajar una nueva mecha en la hipersensibilidad de la región israelí-palestina llevó a Simon Peres a exigir que la Asociación de Fútbol nacional tomara medidas. "El racismo ha golpeado al pueblo judío más fuerte que a ninguna otra nación en el mundo. Las autoridades deben impedirlo antes de que tenga lugar. Estoy convencido de que todo el país está conmocionado por este fenómeno y nunca lo aceptará", declaró.

Este encontronazo representa la última fricción que provoca la ancestral relación entre balompié y religión. Accidentada relación de la que, entre otros, Jose Mourinho puede dar fe. El actual preparador del Real Madrid sufrió una tormenta de amenazas cuando se encargaba de construir el Inter de Milán que ganaría la Copa de Europa de 2010. Un año antes, el técnico luso decidió incluir en sus planes a la potente joven promesa del fútbol ghanés, Sulley Muntari. Pero el dogma religioso se cruzó en su planificación.


Muntari, que profesa la fe musulmana y actualmente juega para el otro club de Milán, vio como Mourinho le mandaba al banquillo en el enfrentamiento que su equipo estaba disputando ante el Bari con tan solo 29 minutos de partido. La razón: el Ramadán. "Mou" explicó en sala de prensa que el jugador "tenía problemas relacionados con el Ramadán" y añadió que "el ayuno no es lo mejor para un futbolista, y menos con tanto calor -el partido se jugó en agosto-, por lo que espero que los médicos encuentren una solución a este problema". El ayuno absoluto desde el alba hasta que se pone el sol de uno de sus mediocampistas destinados a ahpgar el juego rival y, por ende, a ejecutar un despliegue físico de 90 minutos por partido, fue interpretado por el entrenador portugués como un problema.

Pero el prisma rigurosamente deportivo no fue percibido por los dirigentes de la Unión de Comunidades y Organizaciones Islámicas de Italia. Su presidente, Mohamed Nour Dachan , se anticipó a la cascada de amenazas de extremistas islámicos para subrayar que "Mourinho debería hablar un poco menos porque sabemos por el Instituto de Medicina del Deporte que la estabilidad mental y psicológica que da la religión puede ser un plus en el campo para un jugador". El relato de aquel áspero encontronazo entre deporte y fe se cerró con las declaraciones del presidente de la Lazio, club que no termina de censurar a su grupo de ultras, afamado por exigir al equipo romano en más de una ocasión que no fiche a jugadores de raza negra. "Respeto la libertad religiosa, pero no ficharé jugadores que se autoimpongan limitaciones físicas", declaró Claudio Lotito.

Y con la Lazio concluye la exposición de casos que plantean una reflexión sobre la ideoneidad de estrechar lazos entre religión y fútbol. Su hinchada radical agredió a aficionados del Tottenham inglés a finales de noviembre de 2012. Los británicos desembarcaron en la capital transalpina con el fin de apoyar a su equipo en el enfrentamiento correspondiente a la Europa League y se encontraron con agresiones aliñadas con cánticos antisemitas. Este agrio choque frontal encuentra su explicación en la contextualización antropológica. El Tottenham Hotspur nació en el tradicional barrio judío de Londres. Con motivo de la Segunda Guerra Mundial y la hinchada spur fortaleció su arraigo con la fe judía y comenzó a adoptar el nombre de Yids, en referencia al idioma Yidish que hablaban las comunidades judías centro europeas.

Esa "irracionalidad a flor de piel que a la corta o a la larga genera violencia" se presentó tras una recomendación de la influyente Asociación de Abogados Negros británica. "Hay un núcleo fuerte de aficionados racistas y antisemitas en el futbol inglés que realmente no parecen tener ninguna consideración de sentido común o decencia”, declaró su presidente, Peter Herbert, que amenazó con tomar acciones legales contra los aficionados del Tottenham que sigan enarbolando el término "Yid" y alimentando la "Yiddo Army".


Este consejo de la institución que también reclamó a la policía inglesa que investigara al árbitro -Mark Clattenburg- que azotó al futbolista español Juan Mata con el término "gilipollas español" durante el último enfrentamiento entre Chelsea y Manchester United, recuerda a la directriz tomada por los gestores del histórico Ajax de Armsterdam en abril de 2011. "Hablamos y debatimos sobre el tema y volveremos a hacerlo, pero de puertas para dentro, porque es una pena que se haya hecho público", lamentaba Simon Keizer, el portavoz del club holandés tras reconocer que se había iniciado un proceso interno de concienciación. "Renunciar a las banderas con la estrella de David y a cierto tipo de canciones evitará que la reacción de los aficionados rivales ataque al la fe judía y alimente una polémica religiosa", explicó. El club que cobijó y adiestró el talento natural de Johan Cruijff, Marco Van Basten o Dennis Bergkamp mantiene desde entonces una pugna identitaria con los reflejos judíos que presidentes y aficionados han alimentado tradicionalmente.

Dios vale más que diez millones de dólares”, dijo Carlos Roa, el brillante y prometedor portero argentino que deslumbró en el mejor Mallorca de la historia, cuando decidió rechazar una oferta del Manchester United y abandonar la práctica profesional del fútbol porque la Iglesia Adventista -fe en la que profundizó en su estancia balear- le prohibía trabajar los sábados. La globalización ha abierto la panorámica y en la actualidad se confunden en los terrenos de juego futbolistas que se santiguan antes de saltar al campo y rezos con las rodillas y la cabeza en tierra en señal de respeto a Alá con motivo de la consecución de un gol.

Los lazos entre la religión y el fútbol como aglutinadores de masas se explican por el carácter inherente de ambos elementos. El factor anestesiante ante el dolor que los obstáculos de la vida impone ha provocado que compartan escena las peregrinaciones de creyentes que visitan un lugar santo para su religión y los aficionados de un equipo que le acompañan a miles de kilómetros de casa. Sin embargo, Joseph Blatter, presidente de la FIFA, prohibió los rezos y manifestaciones religiosas en el Mundial de Sudáfrica 2010 porque, como argumento el jefe de prensa de la organización gestora del balompie mundial, "las sectas podrían utilizar el fútbol como publicidad". ¿Resulta razonable precisar la legislación en torno a las muestras de fe religiosa en los estadios?
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios