Una gala para la ostentación de la fauna cinematográfica
jueves 21 de febrero de 2013, 20:52h
La gala de los premios Goya es una paletada que se sacaron de la manga cuatro envidiosos que nunca habían deambulado por una alfombra roja y cuyas vitrinas estaban vacías de premios y reconocimientos más allá del que les concedían, con cualquier excusa, los del rellano de su escalera. Ante un cine perfectamente prescindible se inventaron una gala tan glamurosa como un botellón al borde de la acera de una calle oscura. Pensaban así que la gente picaría y acudiría presurosa a devorar películas españolas.
No hay mal que no dure muchas décadas, y cada año, desde hace unos cuantos, nos toca soportar unas cuantas páginas de publireportaje ad maiorem gloriam de una fauna que se autocalifica de intelectual, porque firma manifiestos, y que ejerce como progre oficial entre las veinte y las veintidós treinta horas de lunes a viernes. La gala, palabra que proviene de la germana wale que significa riqueza y ostentación, es tan larga y soporífera como un discurso de Fidel Castro y Hugo Chávez en plan Pimpinela Escarlata cediéndose los ripios; es lenta, aburrida, una mala copia de los Oscar, de los que por supuesto abominan hasta que les nominan cual grandes hermanos, momento en el que se declaran conversos holliwoodienses en plan Pe.
En lo que sí se diferencia el hispánico show (pronunciar chóu) es en los trajes (los chicos llevan pegatinas) y en las gracietas. Aquí se invita a una persona, un señor Ministro o una señora Ministra, para meterse con él o ella, incluso para calificarle de indeseable y acordarse de sus más cercanos familiares. Ese señor Ministro o señora Ministra sonríen con calzador ante las presuntas bromas de un señor presentador o señora presentadora con menos sentido del humor que el Sr. Rompuy y la señora Merkel bailando la conga. Para ocasiones futuras se recomienda que el señor Ministro o la señora Ministra de turno sustituyan el smoking por la coraza bizantina para que los insultos puedan rebotar y dar en la nariz de los patéticos guionistas. A todos nos molesta el 21 por 100 del IVA, más aún cuando nos prometieron que los impuestos no iban a subir, pero no solamente el aplicado a la cultura sino a todos los demás bienes y servicios. Pero claro, a ellos sólo les preocupa su pesebre.
Tanto les preocupa que una tal Candela Peña, que la deben conocer en su barrio, confesó que como había tenido un niño, necesitaba trabajo y en el cine español la cosa está mal, por lo que debía poner a parir el sistema y así hacerse notar debidamente. Nada mejor que provocar un titular: a mi padre, ingresado en una residencia, no le daban agua y ni siquiera disponía de una manta. Los ciudadanos de a pie pensamos que su patético discurso supone el reconocimiento de que a la hija le importaba un pimiento la situación porque nadie mínimamente preocupado por su padre hubiera esperado un minuto sin arreglar esa situación, de ser cierta. En todo caso, si no tiene trabajo puede, como otros cinco millones, apuntarse a la lista del paro.
A otros como Javier Bardem, de pronto, les inquieta muchísimo la situación de los saharauis perseguidos por los marroquíes. Y a Maribel Verdú, los desahucios. Pero en realidad, más allá de la farandulería propia de los cómicos sin gracia, su auténtica preocupación es la reducción de las subvenciones para hacer unas películas que sólo ven cuatro entusiastas del aburrimiento. Todo su interés es que el Estado sostenga una presunta industria que no es capaz, salvo casos excepcionalísimos, de sostenerse por sí misma. La propia RTVE compra los derechos de retransmisión de la gala para que la fauna cinematográfica se salude y se tome una copa a la salud de los españoles (y a su costa).
No es cierto que el cine español sea de los de la ceja, de los del bigote, de los de la barba y de los imberbes. Es suyo. Enteramente suyo. Los espectadores les importan un bledo, pues hacen las películas que les gustan a ellos. Incluso da la impresión de que disfrutan con las salas vacías, por lo que quizás deberían pensar en un nuevo elenco de premios para la próxima gala triunfal:
- Premio a la película con menos espectadores.
- Premio a la película con más subvención y menos espectadores.
- Premio a la película sin estrenar en ninguna pantalla.
- Premio a la película más tostón.
- Premio a la película con peor sonido.
- Y Premio especial a la película que no mencione, ni siquiera de pasada, la guerra civil y el franquismo.
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Catedrático y Abogado
ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial
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