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El problema de El Asad

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
sábado 23 de febrero de 2013, 18:20h
Un atentado terrorista en Damasco –un coche bomba estalló en un puesto de control militar- ha causado 53 muertos y más de 200 heridos. Dos días después, un ataque con misiles Scud contra Alepo ha matado, como mínimo, a 29 personas y ha herido a más de 150.Hace menos de dos semanas, el general de la Guardia Revolucionaria Iraní, HosamHoshnevis, moría en una emboscada de los rebeldes sirios mientras inspeccionaba un envío de armamento a El Líbano destinado a Hizbolá.

La oposición siria en el extranjero –representada con mayor o menor éxito por el Consejo Nacional Sirio-, la oposición en el interior y los grupos armados –algunos de ellos considerados terroristas- repiten con insistencia que sólo cabrán negociaciones después de que El Asad haya dejado el poder. LakhdarBrahimi, enviado especial conjunto de la Liga Árabe y las Naciones Unidas, reconocía a RussiaToday, que el mayor problema hoy era la exigencia de los rebeldes del abandono de El Asad como condición previa al inicio de negociaciones para la pacificación del país. Por su parte, la Federación Rusa intenta liderar junto a la Liga Árabe un intento de desbloquear la situación en que hoy por hoy se encuentra la guerra civil siria. Ambos bandos se están deslegitimando con sus acciones, el riesgo de desestabilización regional crece –el Ejército Libre Sirio ha amenazado a Hizbolá con extender contra ellos sus ataques- y nadie quiere que el país caiga en un caos aún mayor pero nadie da pasos decididos para evitarlo; bueno, al menos no lo bastante decididos. Por ejemplo, como señala Justo Lacunza, Rector Emérito del Pontificio Instituto de Estudios Árabes e Islámicos (Roma), la proliferación armamentística en la región y el suministro de material bélico a los dos bandos impide un arreglo pacífico del conflicto. Cuantas más posibilidades tenga uno de los dos bandos de imponerse militarmente, menos posibilidades habrá de un arreglo pacífico.

Tal vez la solución podría ser el exilio de lujo en Dubai que el Emirato ha propuesto a cambio del silencio del Presidente sirio. Allí está desde el verano pasado la madre del dictador y allí vive retirado, por ejemplo, el expresidente paquistaní PervezMucharraf. Desde luego, si las opciones que se le ofrecen al dictador sirio son la resistencia o la muerte, la respuesta está clara. Nadie querría tener el destino de Gadaffi si puede evitarlo. A ello se suma, como recuerda Justo Lacunza, la fidelidad que El Asad debe a la herencia recibida y la memoria de su padre,Hafed El Asad, que por otra parte también recurrió a la violencia y al Ejército para reprimir la oposición interna. Así, cada vez que se plantea como exigencia la muerte de El Asad se da al régimen y a sus apoyos un argumento más para resistir hasta el final. Desgraciadamente, en esta guerra, no hay ningún bando que pueda arrogarse la legitimidad moral que el movimiento opositor tuvo en los primeros meses de las revueltas contra El Asad. Incluso quienes ahora lo apoyan no lo hubiesen hecho tal vez si los sublevados no hubiesen acogido a los elementos más radicales que ahora militan en sus filas. Las divisiones en el seno de la propia oposición demuestran que el núcleo del problema no es sólo militar –nadie tiene los recursos para vencer pero sí para no ser derrotados- sino político. Quien resulte vencedor gobernará sobre un país arrasado como ha ocurrido en Libia y en Irak. Diez años después de la caída de Sadam Hussein, la situación de Irak dista de haber mejorado como se prometía.

Por otra parte, las señales de alarma sobre la deriva del conflicto son cada vez más evidentes. El Ministro de Asuntos Exteriores británico, William Hague, ha advertido que Siria se está convirtiendo en un imán que atrae a los yihadistas y que podrían suponer una amenaza cuando regresasen s sus países ideológicamente enardecidos y con una experiencia adquirida en armas y explosivos. Esto ya sucedió en Argelia, cuando los “afganos” regresaron después de la retirada soviética; en la guerra de Bosnia, cuando islamistas extranjeros lucharon en las filas del Ejército bosnio; y también en Chechenia, donde terroristas de diversos países participaron en atentados. De todos modos, las tendencias revolucionarias y subversivas en el Islam tienen una fuerza formidable.

Ojalá los líderes estuvieran a la altura de los desafíos.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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