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CRÍTICA

Pedro González-Trevijano: Magnicidios de la historia

domingo 24 de febrero de 2013, 13:14h
Pedro González-Trevijano: Magnicidios de la historia. Prólogo de Hugh Thomas. Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores. Barcelona, 2012. 293 páginas. 21,90 €
“Un estadista que muere asesinado obliga a leer su biografía como se lee una novela. Es decir, obliga a conocer el crimen, sus detalles, sus autores. Y después, obliga a hacer el papel de los detectives, a preguntarse. ¿Quién querría matarlo?, ¿quién tiene la mejor coartada?, ¿cuáles son las consecuencias de su desaparición?, ¿a quién beneficia su muerte?, ¿sus asesinos actuaban movidos por intereses propios o estaban manejados por otros, formando parte invisible de un complot cuyas raíces se pierden en la sombra?”. Estas palabras las escribe Isaac Montero en su biografía de Abraham Lincoln y las recuerda, asignándoles toda la razón, Pedro González-Trevijano en el capítulo de su último libro, Magnicidios de la historia, que dedica al presidente norteamericano, que estos días atrae la atención mediática y popular a través de la película Lincoln, de Steven Spielberg, que ha cosechado doce nominaciones a los Oscar.

Así, González-Trevijano realiza con brillantez ese papel de detective en este magnífico y fascinante trabajo sobre diez asesinatos de dirigentes y líderes políticos, que produjeron un impacto histórico de primera magnitud. La lista de crímenes de este tipo no se limita, obviamente, a la decena de casos aquí recogidos, pues el magnicidio no ha dejado de acompañar al devenir de la Historia y la política. Pero, sin duda, el primer acierto del libro es la selección de los personajes, enormemente significativos e influyentes. Se abre el volumen con la figura de Julio César y se cierra con el primer ministro italiano Aldo Moro, secuestrado y, finalmente asesinado el 9 de mayo de 1978, por el grupo terrorista las Brigadas Rojas. Y, junto a estos, en capítulos ordenados cronológicamente, Jean-Paul Marat, nombre clave de la Revolución Francesa; Abraham Lincoln; el archiduque y heredero de la corona austrohúngara Francisco Fernando de Austria, cuya muerte en Sarajevo el 28 de junio de 1914 a manos del serbio Gavrilo Princip, precipitó el estallido de la Primera Guerra Mundial; el zar Nicolás II; Trotsky; Gandhi; John Fitgerald Kennedy y Luis Carrero Blanco. Y asimismo resulta muy pertinente la elección de algunos en cuanto también merecedores de especial recuerdo. Por ejemplo, Lincoln. Del estadista norteamericano, asesinado a tiros por John Wilkes Booth en un palco del Teatro Ford de Washington, apunta González-Trevijano que “encarna dos de las mejores cualidades del hombre público. Primera, la decencia, y, después, la entereza de carácter. Algo que nadie, ni siquiera sus más acérrimos enemigos, pusieron en duda”, a la vez que destaca su legado de mantener la Unión frente a las pretensiones secesionistas, garantizando con firmeza la unidad territorial de Estados Unidos.

El capítulo sobre el atentado que le costó la vida a Carrero Blanco, la “sombra de Franco”, acaecido el 20 de diciembre de 1973, reviste un doble interés al ocuparse de un episodio decisivo de la reciente historia española. Aunque no fue el único contra un presidente del Consejo de Ministros –se traen a colación los cometidos contra Prim, Antonio Cánovas del Castillo, José Canalejas y Eduardo Dato-, sí fue el más resonante, despertando “confusión y miedo”, señala González-Trevijano, en el estado de ánimo de los españoles. Pese a esa resonancia, si no sucede el atentado, a manos de la banda terrorista ETA, el camino hacia la democracia no se habría detenido: “De haber Carrero sobrevivido a Franco –apunta-, la Transición, aún siendo quizás más compleja, se habría producido […] Así lo refrenda en una entrevista reciente asimismo uno de sus hijos, cuando recuerda las palabras de su padre: ‘Cuando el Generalísimo muera, yo tengo ya mi idea: le presentó mi dimisión al príncipe, y la va a aceptar’. El almirante no era tampoco un conspirador, siendo improbable su colaboración en posteriores movimientos de sedición. Su presencia, eso sí es cierto, habría preservado una cierta unidad dentro del postfranquismo. El atentado de ETA no consiguió, en suma, sino complicar las cosas y fortalecer a la banda terrorista. ¡No convirtamos a los verdugos de la libertad en valedores de ella!” Acertada apreciación, sin duda, como también lo es resaltar los logros de nuestra encomiable Transición, sobre todo en unos momentos en los que de manera cuando menos irresponsable algunos se internan por la vía de su cuestionamiento.

Se entremezcla con naturalidad en este ensayo el contexto histórico y político con apuntes biográficos de las víctimas de los magnicidios y de sus asesinos, y el relato detallado del crimen, su preparación, consecuencias..., acompañado todo ello de sugerentes reflexiones que enriquecen la narración. González-Trevijano se apoya en una sólida documentación bibliográfica, que no se queda en mera y fría erudición, pues sabe ponerla al servicio de lo narrado e insuflarle potencia. Paralelamente, remite a obras literarias o pictóricas que tratan de los personajes elegidos. Así, entre otros, en el caso de Marat, donde se nos ofrece un amplio acercamiento al pintor Jacques-Louis David, autor del célebre cuadro La muerte de Marat (1793).

Pedro González-Trevijano es rector de la Universidad Rey Juan Carlos y catedrático de Derecho Constitucional. Se ha hecho acreedor de numerosos premios y distinciones –entre otras, la Encomienda de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio-, es doctor honoris causa por varias universidades fuera de nuestras fronteras, y colabora habitualmente con varios medios de comunicación, entre otros con la columna de opinión “El poder de la mirada” en este mismo periódico. En su especialidad es autor de títulos de referencia como La costumbre en Derecho Constitucional,, El Estado autonómico, principios, organización y competencias, y El Tribunal Constitucional. González-Trevijano es también un apasionado de la Historia. Así ha publicado, entre otros, los ensayos La mirada del poder y Dragones de la política. En el primero, a través de diez vidas de gobernantes, como Churchill, el cardenal Richelieu o Carlos V, y de cómo estos mandatarios y su época se reflejaron en la obra de grandes pintores, se reflexiona sobre la política y el arte. Y el segundo nos sumerge en veintisiete biografías de dragohombres y alguna dragofémina, ansiosos de poder y que han ocasionado tanto terror como seducción. Ahora, con Magnicidios de la historia –que en cierto sentido completa una trilogía sobre el poder-, Pedro González-Trevijano vuelve a dar cumplida muestra de su maestría para la divulgación histórica de excelencia, en la que combina rigor y gran amenidad, a través de un estilo preciso y elegante.

Por Carmen R. Santos
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