www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

[i]EL IMPARCIAL[/i] entrevista al periodista José Antonio Ruiz

Así es [i]La España negra: Del Septenato Zapatético al Marianato[/i]

jueves 07 de marzo de 2013, 13:14h
"La España a saldo del relicario, hemipléjica, cazurra y totalitaria, no da más de sí. La crisis económica, aunque cien años dure, pasará. La institucional, está por ver si arrambla con la escombrera. La Hispania de las necedades tiene una cita con el destino, y o mucho varía su rumbo, o mucho me temo que el guión no va a terminar con un beso". Es sólo un extracto de las 404 páginas de Crónicas de la España negra. Del Septenato Zapatético al Marianato, del doctor en Periodismo José Antonio Ruiz. El libro contiene una rica radiografía del país a través de sus artículos. EL IMPARCIAL ha conversado con él.
Todo un trabajo de despiece y análisis de España.

Es el compendio de un centenar de columnas que he publicado durante los dos últimos años en EL IMPARCIAL. Luis María Anson me animó a que lo condensara en un único texto con una idea transversal, que era analizar el tránsito del último año de los siete de Zapatero al primero de Rajoy. Cuando pones una tras otra, la palabra clave, como dice, es España. Si le ha echado un vistazo a la contraportada, trato de hacer ver que lo lógico es que la crisis económica pase, pero que está por ver todavía que seamos capaces de superar la crisis institucional. Hablo en concreto del desafío soberanista catalán.

¿Es la mayor amenaza en estos momentos a su juicio?

El problema no es la intención independentista, cada cual es libre de hacer lo que le venga en gana, sino el desafío contra la legalidad. La actitud del fiscal jefe de Cataluña es un ejemplo.

En los últimos meses hemos sido más conscientes gracias a revelaciones periodísticas de que algunos de los que han estado estos años en los principales aparatos de la democracia han estado aprovechándose de ella y de nosotros. ¿Hay que cambiar las caras, el sistema? ¿Las dos? ¿Ninguna de ellas?

Estoy con el planteamiento de Luis María (Anson) en el sentido de que hay que acometer cuanto antes la reforma de la Constitución, pero porque si no se hace desde dentro se hará desde fuera. La culpa no la tiene la clase política, no hace falta que nos vayamos a la Alemania de Hitler, a la Italia de Mussolini o a la Venezuela de Hugo Chávez. Pienso que cada sociedad tiene una clase política, periodística, judicial, empresarial y sindical a la medida de su sociedad civil.

¿Qué culpa tiene el periodismo en todo esto?

No creo en el periodismo en sentido genérico. No voy a mencionar nombres y apellidos, pero me merece en sentido genérico muy poco crédito. Tampoco creo en las revoluciones colectivas, creo en la individual y en el periodista con nombres y apellidos que es coherente con la función y objeto social de nuestra profesión como tal. Cuando me pongo delante de la televisión y veo alguna de las tertulias de cualquiera de los medios de comunicación me doy cuenta de que los periodistas se han convertido en una correa de transmisión ideológica del partido de turno, y no soy capaz de distinguir a un compañero de un álter ego de un portavoz político.

Habla en el libro muy especialmente de la falta de referentes intelectuales. ¿Qué es para usted un intelectual y por qué, asegura, carecemos de ellos en nuestro país en este momento?

Un intelectual es, en primer lugar, una persona comprometida, con independencia del rango de formación académica y cultural que pueda tener. Son personas que, sea cual fuere su oficio, tiene la obligación moral o ética de pronunciarse sobre los aspectos clave que marcan la vida española. El principal problema en el caso de España no es tanto la escasez, sino los pocos intelectuales que se mojan. Son muchos los que se ocultan detrás de su cátedra y por una u otra razón no se complican la existencia. Es un error.

Tiene que implicarse sea cual sea la consecuencia, sostiene.

Es que, si no, ¿quién se implica? El antisistema, el político profesional que vive de la política y el periodista porque vive de esto, pero no las personas que en teoría tienen la mayor cualificación para emitir un juicio de valor sobre lo que nos está pasando. Sobran valoraciones de los acontecimientos y faltan análisis responsables con conocimiento de causa y fundamento.

¿Cuál debe ser la forma de implicarse del periodista?

Con la verdad de los hechos. Punto. Ahí empieza y acaba la servidumbre del periodista. Emitir información y, si procede, un juicio de valor, pero jamás implicarse ideológicamente y que tus convicciones marquen tu trabajo como periodista. Hay propagandistas que deberían haberse dedicado a la política.

Según el CIS, somos, junto a los jueces, la profesión peor valorada por los españoles.

No me extraña. Acertó quien nos colgó el sambenito de que somos un océano de conocimiento de un dedo de profundidad.

Aportaba algunos apuntes antes sobre la sociedad bajo el poder, de los españoles. ¿Usted también cree, como alertan cada vez más voces, de la susceptibilidad a un mensaje esperanzador, a un líder populista que saque partido de la desesperación y la indignación?

Sí. Supuestamente, la calidad de nuestra democracia está por encima de las de Ecuador, Bolivia o Venezuela, pero el coeficiente mental medio es muy parecido. Quiero decir, tenemos un ejemplo muy reciente en Italia, donde hay un panorama ingobernable, con un líder de una izquierda con mayoría minoritaria, con una persona que viene del mundo del espectáculo y con un exprimer ministro como Berlusconi. Es decir, no podemos presumir de ser más civilizados que países que criticamos, y también es cierto que ahora más que nunca estamos propensos a que surja un personaje populista que venda su discurso y lo compre la mayoría de la sociedad. Creo que el arco parlamentario español se alejará del bipartidismo y que IU y UPyD tienen unas expectativas de crecimiento considerables. Repito el silogismo: hagamos los cambios desde dentro o nos los harán desde fuera.

Hay cierto aire de tristeza por la situación del país en las páginas del libro y en sus reflexiones ahora, y sería bueno terminar en positivo.

Creo en las personas, en las revoluciones individuales. España es un país de talentos en todos los ámbitos de la vida, en el literario, en el artístico, también en nuestra profesión, pero no hay generaciones del 27 o del 98 y están pasando cosas tanto o más graves que cuando perdimos Cuba o antes, durante y después de la guerra incivil. Habrá salida por el camino de la revolución individual y nunca por el desencuentro. Creo en las personas individuales y no en la masa. La gente que hace una cesión voluntaria del ejercicio de la razón, sin pretender ser petulante, no me interesa.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios