¿Por qué no hemos llegado a saber nada de la Operación Puerto?
sábado 16 de marzo de 2013, 19:30h
Prácticamente terminado el juicio por la Operación Puerto y a falta de las conclusiones finales de algunas acusaciones y las defensas, más la decisión final de la jueza, lo cierto es que apenas sabemos nada que no supiéramos antes del comienzo del proceso. Parte de culpa la ha tenido una pésima instrucción del sumario, contradictoria, que anuncia en algunas partes cosas que no aparecen después, como carpetas sospechosas de corredores del Liberty Seguros o la presencia de deportistas de varias especialidades cuyas imágenes, grabaciones o bolsas de sangre duermen el sueño de los justos.
Sumario aparte, hay dos razones poderosas para que esto se haya convertido en algo cercano al bochorno en ocasiones –“cutre” ha sido una de las palabras más usadas en los últimos días durante la propia audiencia- y todo acabe en una decepción esperada: la jueza se ha negado en redondo a buscar más pacientes de la trama de Fuentes y Merino… y la prensa la ha acompañado en esa voluntad de que no se sepa más que lo inevitable para que acaben pagando los que ya se han retirado o vieron en su momento su carrera finiquitada cuando saltó el escándalo.
La primera razón para mí sigue siendo inexplicable, porque no entiendo cómo puede ser irrelevante el testimonio de alguien que ha sido tratado por un médico cuando se está juzgando a ese médico por su trato a los pacientes. Recuerden que, a diferencia del tráfico de drogas, que también se puede considerar un delito contra la salud pública, en la Operación Puerto ese delito no depende de las sustancias administradas –una transfusión de sangre no es ilegal como no lo es la inyección de EPO sintética, hormona del crecimiento o corticoides- sino de la manera, el lugar, las condiciones sanitarias y los fines con los que se hizo esa administración. Negar que se sabría más sobre las actividades de la trama cuantos más clientes testifiquen me parece mucho negar, pero bueno. Del mismo modo, no consigo entender cómo la jueza no ha abierto un proceso paralelo por delito fiscal. Quizá lo insinúe en la sentencia, aún no lo sabemos, pero las pruebas son tan contundentes al respecto que sorprende y escandaliza que las autoridades no se hayan pronunciado al respecto.
En cuanto al papel de la prensa, lo entiendo pero también me parece escandaloso. Digo que lo entiendo por dos razones: hay periodistas valientes, dispuestos a investigar y a sacar nombres del sumario, por mal instruido que esté… pero no reciben en la mayoría de los casos el apoyo de sus superiores y jugársela por su cuenta es un riesgo que puede acabar directamente en despido o querella millonaria. Por otro lado, si esos jefes no ayudan es porque viven de un mundo en el que el dopaje es una pieza clave. ¿Quién querría investigar periodísticamente a un corredor que igual luego gana el Tour y decide no darte ni una entrevista como venganza? El periodismo deportivo es parte del engranaje y no tira piedras sobre su tejado. Es triste, pero es así.
De vez en cuando, algunos juegan a la táctica del “amago pero no doy”. Se escandalizan con titulares de cosas que ya se sabían hace siete años o sorprenden con nombres sacados de los tres primeros tomos del sumario, tomos a los que solo tienen acceso un grupo de elegidos. Luego todo vuelve al silencio. Por ejemplo, ahora sabemos que el nombre clave “Huerto” corresponde a Luis León-Sánchez. Corriendo en el Liberty no es ninguna sorpresa, pero las transcripciones de las conversaciones telefónicas que aparecen en el Tomo I lo dejan claro. La noticia se da, todos se llevan las manos a la cabeza como si ese Tomo I no llevara siete años pululando por redacciones, las mismas redacciones donde se han ido festejando las victorias de un presunto implicado en una trama de dopaje todos estos años, el equipo de turno lo retira de la competición… y cuando escampa, el corredor vuelve a la normalidad sin escándalo alguno.
No solo va a pasar con Luis León-Sánchez, lo mismo ha pasado ya con Ángel Vicioso y el Katusha.
El interés a la hora de tapar información o darla a cuentagotas según intereses propios o empresariales es lamentable. Se ha llegado al punto ridículo de que las declaraciones ante el juez de Urdangarín y todos los emails de Diego Torres estén al completo en toda la prensa mientras los tres primeros tomos del sumario de la Operación Puerto, cuyo juicio ya está casi acabado, insisto, sigan siendo un secreto en manos de periodistas que calculan muy bien los riesgos y las ventajas. En medio, el aficionado, que a veces quiere saber y a veces, no, y que, cuando sale a defender como loco a un español por el mero hecho de serlo, empiezo a dudar de que en realidad sea una víctima en absoluto de todo esto.
Y es una pena, claro. España, en estado puro.
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Escritor, analista y profesor
GUILLERMO ORTIZ es licenciado en filosofía. Ha colaborado con revistas digitales como El Semanal Digital, Factual o JotDown Magazine así como en medios culturales como Neo2 o Cuadernos Hispanoamericanos.
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