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RESEÑA

Diego Navarro Bonilla: Morir matando

domingo 17 de marzo de 2013, 13:31h
Diego Navarro Bonilla: Morir matando. Espuela de Plata. Sevilla, 2012. 480 páginas. 22 €
No creo aventurado afirmar que el negocio editorial de grandes ventas y el de las publicaciones académicas, tan distintos entre sí, comparten sin embargo un rasgo nada trivial: su previsibilidad. Tanto en uno como en otro las obras curiosas y verdaderamente originales brillan y destacan sobre las demás …. sobre todo por su escasez, cuando no por su ausencia. Cabría replicar que hay otros méritos que se le pueden pedir a una obra escrita. Y también que, por definición, lo curioso y original ha de ser infrecuente. Sea como fuere, el libro que hoy reseñamos, Morir matando, primorosamente editado por la editorial sevillana Espuela de Plata, cumple a la perfección esas dos notas de distinción: curiosidad y originalidad.

Fruto de su ocupación como profesor de Archivística de la Universidad Carlos III de Madrid y de una rica trayectoria investigadora en materias relacionadas con los servicios de inteligencia, la seguridad y la defensa, el autor viene avalado por varias obras eruditas previas, aunque ninguna tan personal como esta. A modo de advertencia debe apuntarse que el impactante título del libro no permite anticipar su contenido y temática antes de asimilar las justificaciones que el profesor Navarro tiene a bien aportar al principio. Incluso una vez asimiladas esas explicaciones todavía sigue siendo difícil adivinar por qué vericuetos será conducido el lector. Con todo, para ahorrar algún despiste a quien haya recorrido el relato con que arrancan las páginas iniciales, el autor ofrece una definición personal sobre el género ensayado: “esto no tiene nada de novela -nos advierte- y sí de investigación. De investigación relatada, si se quiere”. Luego se podrá comprobar que, efectivamente, la definición resulta perfecta.


En síntesis, la trama del libro se va tejiendo sobre la base de dos hilos que se cruzan de forman incesante, desde la primera a la última página. El primero de esos hilos asimila el argumento al de las historias personales de tantos españoles (unas escritas, otras muchas no) que en algún momento de su vida han intentado recuperar las huellas hundidas por alguno de sus parientes en el barrizal de la Guerra Civil y la posguerra. La noticia de un episodio ocurrido el 18 de mayo de 1939 en una pequeña localidad de Huesca, protagonizado por un primo hermano de su abuelo, incita al autor a comenzar una indagación sobre las implicaciones familiares de aquella terrible etapa de la historia española. Una vez clausurada toda opción de victoria, y después de haber escapado de un campo de concentración improvisado en las inmediaciones del puerto de Alicante, un grupo de milicianos anarquistas llega al pueblo con el propósito de matar al cacique local para saldar viejas cuentas pendientes.

Uno de ellos cae abatido en la calle por tiros de la Guardia Civil. Se trata de Jesús Navarro Arnalda. Durante la guerra, Jesús y el resto de los milicianos estuvieron destinados en el SIEP (Servicio de Información Especial Periférico), organismo dependiente de la Segunda Sección del Estado Mayor del Ejército de la República dedicado a labores de espionaje, sabotaje y golpes de mano. En una ficha elaborada en el mismo año de 1939 un analista del SIMP (Servicio de Información y Policía Militar franquista) detallaba las características y condición de los hombres que formaron parte del organismo al que prestó servicio Jesús Navarro: al ser capturados todos ellos “llevaban pistola del nueve largo y tenían firmada la promesa de MORIR MATANDO (palabras textuales)”.

La cartulina que contiene esa descripción es solo una de entre muchas exhumadas por el autor en el proceso de una investigación sobre los fondos de la Delegación Nacional de Servicios Documentales, inaugurada en 1938 en la ciudad de Salamanca y alojados hoy en la sección de documentos de la Guerra Civil del Archivo Histórico Nacional, polémicamente rebautizado en 2007 como “Centro Documental de la Memoria Histórica”. Y aquí surge el segundo hilo argumental del libro y su tema principal: la maquinaria burocrática creada por el bando ganador de la Guerra Civil para recolectar cualquier información que ayudase a emprender y completar la masiva represión que habría de seguir a la victoria. Casi dos millones de fichas concienzudamente acumuladas desde 1938 con el único propósito de depurar el Nuevo Estado. O lo que es lo mismo: vigilar, controlar, encarcelar y matar.

Narrada en primera persona, la reconstrucción de los pasos que posibilitaron la materialización de aquella terrible “gesta organizativa” retrotrae una y otra vez al investigador-protagonista a las experiencias y prácticas de inteligencia y documentación represiva desarrolladas a lo largo de la Guerra Civil por ambos bandos, así como a la ingente bibliografía dedicada a su estudio. El resultado es un relato fascinante y coral por el que desfilan una infinidad de personajes, algunos oscuros y mezquinos, otros valerosos y eficacísimos, cuyos avatares y acciones alimentan una reflexión más abstracta sobre un tema clásico y profundo: el control burocrático y sus riesgos cuando el rigor organizativo se pone al servicio de fines totalitarios.

Por Luis de la Corte Ibáñez
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