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Obesos y perezosos son los dioses japoneses

jueves 28 de marzo de 2013, 18:49h
A mi amigo José Antonio A.

La ingenua Madame Butterfly achaca a sus obesos y perezosos dioses la falta de fe, aunque tampoco es que B.F. Pinkerton fuera una persona confiable… Un siglo después de que Puccini compusiera una de las óperas más pasionales de la historia, seguimos sin saber de quién fiarnos, a qué atenernos y si las cosas (y las personas) son lo que parecen.

Por el momento podemos agarrarnos a una sentencia, de las que enmarcar, la de la Audiencia Provincial de Barcelona de hace unos días por la que se ordena a un Juzgado de Instrucción investigar los bombardeos de la aviación fascista italiana sobre la capital catalana durante la guerra civil española. El origen del procedimiento se encuentra en una querella interpuesta por una asociación de italianos residentes en Cataluña instando que se investigara a los militares que ordenaron y realizaron aquellos bombardeos sobre Barcelona, que causaron centenares de muertos e importantes daños materiales.

El Juzgado de Instrucción, en el que recayó la querella, dispuso su archivo, mediante un Auto medido, por considerar que la inmensa mayoría de los responsables estarían muertos, por edad, y que la investigación sería ardua y costosa. Para la Audiencia Provincial de Barcelona, sin embargo, el Estado de Derecho debe prevalecer “por encima de los costes de tiempo y dinero” y ordena al juez que solicite la colaboración de las autoridades italianas para identificar a los militares responsables (sic).

Pensábamos algunos ingenuos que estando ya nuestro personaje estrella por las Américas, de cortejo además de la señora del sombrerito negro, estas cosas ya no ocurrían y que a partir de ahora los Departamentos de Historia se ocuparían de lo que es su materia, pero hete aquí que como Madame Butterfly no confiamos en los dioses japoneses pero sí en los jueces para reconstruir la historia.

Me pregunto si podríamos iniciar una investigación contra (o sobre) el Gobierno de Francia por la invasión de nuestras tierras allá por 1.808. Deben saber que, personalmente, he acumulado amplios indicios de que a mi tatarabuela doña Ignacia Tempranillo, nacida en Zaragoza en 1780, le metieron a la fuerza en la defensa del sitio. Quisiera saber si semejante acción podría ser constitutiva de un delito de coacciones. Nuestra familia ha sufrido mucho con esta ignominia y quisiéramos ver lavada y planchada (quizá con alguna modesta compensación pecuniaria) esta dolorosa afrenta. Luego un dragón (de los uniformados) le pegó un tremendo culatazo cuando ayudaba a su vecina doña Agustina a repeler el ataque francés alineando los cañones. ¿Ustedes creen que eso podría ser violencia de género?. Quizá podríamos arremeter contra el gabacho y que pague los daños que le hizo en el ojo. Dado que la Audiencia de Barcelona investiga los bombardeos italianos durante la guerra civil, se me ocurre pensar si por pura analogía con las confrontaciones armadas que ha tenido nuestro país no podríamos de una vez por todas hacer justicia para todos. Aquí en Zaragoza deberían ustedes ver cómo está la gente de alborotada con esto. Un primo mío, Pepo Lanuza, quiere ir al abogado despacho por ver si podríamos poner una querella a la Casa Real por los vergonzosos acontecimientos que, patrocinados por el Rey de España don Felipe (II), resultaron en el ahorcamiento de Juan de Lanuza, pariente de mi amigo Pepo cuando perseguían a un tal López. Por cierto que mi amiga Asun López, pariente de Antonio, también quiere ir a ver al penalista de guardia por si cabría iniciar una acción por injurias de la Casa Real. Ella dice que aunque hace tiempo de esto, él se acaba de enterar y que sean Austrias o Borbones, galgos o pencos, qué más da. El caso es que fueron y siguen siendo reyes, así es que que paguen por lo que hicieron.

Y si les hacen pagar a los italianos por los bombardeos, ¿por qué no a todos los invasores, sátrapas y capullos diversos que han protagonizado la historia y nos han ido fastidiando?

Enrique Arnaldo

Catedrático y Abogado

ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial

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