Antiguas tumbas cristianas descubiertas en Osaka
lunes 01 de abril de 2013, 20:31h
En un montículo que se encuentra en un poblado en las afueras del distrito municipal de Ibaraki (Osaka, Japón), acaban de ser descubiertos dos fosos que habían sido tumbas de los primeros cristianos japoneses de la segunda mitad del siglo XVI. Los especialistas que se dedican en este momento a la labor de excavación arqueológica de la zona afirman que las tumbas son de unos cristianos de antes de la promulgación del Edicto de prohibición del cristianismo y las datan en alrededor de 1580.
Puesto que, ya entrando en el siglo XVII con el endurecimiento de las persecuciones del shogunato contra el cristianismo, se habían aniquilado prácticamente todos los restos de la vida de los primeros cristianos japoneses, el descubrimiento de esta índole a estas alturas constituye una novedad histórica poco común y puede ofrecernos una clave interesantísima para esclarecer algunos puntos oscuros de la vida de los primeros cristianos de aquella época.
Movido por esa curiosidad, me acerqué hace unos días al lugar del descubrimiento para hablar con unos arqueólogos del Centro de Conservación de Bienes Culturales de Osaka que ya llevan unos años trabajando en la labor de excavación de la zona. Los fosos tienen la forma rectangular para poder colocar el cadáver horizontalmente, lo que constituye una de las características fundamentales de las tumbas cristianas de aquella época en Japón, según lo que me explicaron los especialistas. Cada foso tiene unos dos metros de largo y un metro de profundidad aproximadamente y en uno de ellos han aparecido además unos huesos humanos.
Pero, ¿cómo pudieron “sobrevivir” estos restos de la tumba cristiana sin ser descubiertos ni destruidos por las autoridades de la época? La razón parece ser que estos fosos estaban colocados en medio del cementerio común del pueblo, mezclados con otros de los shintoistas y de los budistas y sin ser reconocidos como cristianos a pesar de las severas pesquisas del shogunato. Y habrá que decir a guisa de nota que en aquella época era una costumbre generalizada en Japón enterrar al muerto metido verticalmente, o mejor dicho puesto en cuclillas, en una tinaja grande o un cántaro. De hecho ya se había descubierto anteriormente, en el mismo recinto en que se encuentran estas tumbas cristianas descubiertas ahora, un montón de fosos profundos y de envergadura relativamente pequeña de forma redonda. Este hecho, por otro lado, nos hace suponer una pacífica convivencia de la gente del pueblo de aquella época sin distinción de sus creencias religiosas.
Este poblado llamado Sendaiji, que pertenecía en su época al dominio del conocido Daimyo (Señor feudal) cristiano Justo Takayama –contemporáneo de Francisco Javier, Luis Frois, Gnecchi-Soldo Organtino y de otros ilustres misioneros venidos de Occidente- y que se encuentra en la parte montañosa de la provincia de Osaka, se conoce desde hace años como antiguo reducto de “Kakure Kirishitan” o sea de “Cristianos escondidos”, donde la gente había mantenido su fe cristiana durante cerca de trescientos años en clandestinidad a pesar de las arduas circunstancias persecutorias. Ya hacia 1920 se encontraron en una casa de este poblado de Sendaiji algunos objetos de devoción católica del siglo XVI -figuras de santos (por ejemplo, el conocidc retrato de Francisco Javier, conservado actualmente en el Museo Municipal de Kobe), un compendio de meditación escrito en japonés, una recopilación de algunos libros religiosos españoles traducidos al japonés (Introducción del Símbolo de la Fe y Libro de la Oración y Meditación de Fray Luis de Granada, por ejemplo.), unos crucifijos, un rosario etc., mantenidos hasta entonces en absoluta clandestinidad por más de tres siglos largos.
La señora María Higashi, actual dueña de una de las antiguas casas tradicionales del clan de “cristianos escondidos”, me comentó, cuando fui a verle el otro día con ocasión de mi vista a los fosos, que tenía mucho interés en localizar con precisión los trozos de los textos originales españoles, italianos o latinos que habían servido de base para el libro japonés del siglo XVI encontrado en el antiguo almacén de su casa. Una tarea interesantísima, pero ardua al mismo tiempo.
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Catedrático de la Dokkyo University
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